No hay hombre más desdichado que el que nunca probó la adversidad.
Séneca
domingo, 22 de octubre de 2017

Avanzando a tientas

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena
Asusta un poco avanzar a tientas sin saber lo que vamos a encontrar al final del trayecto y sin idea de las sorpresas que nos saldrán al paso mientras lo recorremos. Asusta.
Sin embargo, creo que la mayor parte de las veces que descubrimos y encontramos cosas importantes en la vida, ha sido caminando a tientas, dando un paso tras otro un tanto inseguros, sin apenas agarraderas, basándonos en la intuición y en esa brújula interior que nos dice que vamos en la dirección correcta sin saber muy bien adónde. Pero seguimos… y encontramos. Esta ha sido mi experiencia y la de otros muchos.
Lanzarse a escoger opciones minoritarias, incomprensibles para los más cercanos, dolorosas para algunos y absurdas para otros, nos lleva a un continuo cuestionamiento y a la tentación de renunciar a nuestra propia voz interior. Tratando de escuchar tanto a los que nos rodean, nos desoímos y nos ignoramos, sin ser conscientes del daño que ello nos produce.
Dando vueltas a este tema, llegaron –hace años– hasta mí unas palabras de San Juan de la Cruz que me iluminaron: para ir adonde no sé, tengo que ir por donde no sé.
Cierto es que para avanzar hace falta un objetivo concreto y unos pasos determinados, pero no siempre el objetivo es claro y los pasos seguros. De ahí que la clarividencia que en aquellos momentos me aportó esta frase, hace que me agarre a ella cada vez que me veo de nuevo caminando a tientas.
Tal vez no conozca dónde me lleva la opción escogida en un momento dado, pero sí sé que escuchándome y atendiéndome sabré llegar, aun desconociendo de antemano el camino.
sábado, 21 de octubre de 2017

VIVIR




El jueves recordamos a muchas personas que pasan situaciones de enfermedad y dolor, especialmente con el mal de estos tiempos, el cáncer, y más específicamente, poníamos nuestra atención en quienes vivían un cáncer de mama. Hoy queremos dar un empujón en la autoestima, en la esperanza, en la vida para quienes están pasando momentos difíciles. Y les decimos, con la canción que ayer se dio a conocer, vivir.

viernes, 20 de octubre de 2017
miércoles, 18 de octubre de 2017

Curso de Dinamizadores

Un participante


Aunque mis años no hayan sido fáciles, la vida me ha dado tanto, y ha puesto en mi camino gente tan maravillosa, que me parece justo y placentero compensar minimamente todo lo recibido, a través del voluntariado.
Y un lugar perfecto para plasmar estas inquietudes humanas que siempre he tenido, ha sido el Teléfono de la Esperanza.
Llegue a esta gran familia del T.E. hace ya bastantes años, tras la crisis personal que más ha azotado mi vida. Con su ayuda y mi necesario trabajo personal, puedo decir que actualmente soy una persona diferente, que vive y valora intensamente lo que le rodea y sigue trabajando la aceptación.
Con el tiempo y preparación necesaria estoy ejerciendo como coordinador de grupos en la sede de León, lo que me hace crecer continuamente como persona, en mi labor de acompañamiento de los grupos que tengo bajo mi responsabilidad.

Conoce todas las teorías
domina todas las técnicas,
pero al tocar un alma humana,
Sé simplemente otra alma humana
                                                                      Carl Jung

En el pasado fin de semana del 13 al 15 de Octubre, hemos celebrado en León, concretamente la casa de ejercicios de los Dominicos de La Virgen del Camino un curso de reciclaje como dinamizadores (nuevo nombre a aplicar a los coordinadores) de grupos de Teléfono de la Esperanza de toda España.
Así visto y por las fechas (coincidía con un atractivo puente), podía hacer pensar que mucha gente no se animaría a venir, pero la fuerza y el compromiso  con nuestra O.N.G., y el interés por mejorar ha permitido que resultara una experiencia maravillosa.
Eramos mas de setenta voluntarios procedentes de muchos lugares de España (de Cantabria, Zamora, Madrid, Salamanca, Murcia, Valladolid, Logroño, Extremadura, Andalucia, Galicia) e incluso del extrajero, tuvimos una compañera que vino exclusivamente desde Miami.
Nos han recordado que un buen dinamizador tiene que ser una persona, equilibrada, motivada y formada. Y a través del estudio de nuestra personalidad, (para los que nos han introducido en el conocimiento del Eneagrama como herramienta para ello) podremos dar lo mejor de nosotros mismos en los grupos

“Dinamizamos no como queremos, o como sabemos,
dinamizanos como SOMOS “



De ahí la importancia de conocer nuestros miedos, aceptar nuestras limitaciones y seguir trabajando en nuestro crecimiento personal, siendo dinamizadores coherentes, sabiendo comunicarnos tanto verbal como gestualmente, aportando esa cercanía y calidez a nuestras relaciones, evitando prejuicios, trabajando la empatía, desarrollando la capacidad motivadora, creando confianza, fe en el futuro, aprecio a vida, en resumen generando ESPERANZA...

“Quien quiere hacer algo
encuentra un medio,
quien no quiere hacer nada
encuentra una excusa”
                                                                                                         Proverbio árabe

Agradezco a mis formadores y compañeros el fin de semana tan intenso y atractivo con el que me han premiado, las experiencias de vida que han compartido conmigo y la vitalidad que me han transmitido..

… y yo, solo deciros... que afortunadamente, sigo caminando...

martes, 17 de octubre de 2017

La hora de escribir

Caligrafía de emociones
Jose


La hora de escribir llega al sangrar un poco.
Llega al mirar al campesino trabajando por amor.

La hora de escribir es incoherente vista con los ojos,
es visible con el cuerpo, flor rajada de mí mismo.

La hora de escribir nunca es puntual, escrita.
Arriba sin tener cuchillo o pistola para matarla.

La hora de escribir, es hora de estar solo,
¡estoy preso!, quítenme la cadena que me une a la pluma.

La hora de escribir se revuelca entre las sombras,
juega con mis dientes y los pinta, me salpica.

La hora de escribir es suicida de sí misma,
hora sabia, loca, toma mi sentir y mátate.

La hora de escribir cae al vacío desde mi boca,
choca con el suelo hecho de nostalgia, de dolor.

La hora de escribir siempre termina,
aquí acaba, me desangro con ella, nos morimos.
lunes, 16 de octubre de 2017

Entrevista a Gregorio Luri

La Vanguardia 2017


Gregorio Luri, maestro de escuela, pedagogo, doctor en Filosofía y escritor, 62 años. Nací en Navarra y vivo en El Masnou. Casado, dos hijos y dos nietos. Soy un conservador, no tengo suficiente con ser sólo moderno, necesito recurrir a los antiguos para entender el presente. Y un pagano que cree en Jesús.
”Es mucho más importante amarse que entenderse”

Es profesor universitario y doctor en Filosofía, un hombre leído, pero a él le basta que lo defina como maestro: “Hay que volver a subir al maestro al pedestal para exigirle lo que corresponde a una figura a la que le supones una autoridad y un crédito”. Dejó la docencia por una enfermedad, la enfermedad de Ménière, que le produce mareos, vómitos y le obliga a meterse en la cama hasta que pasa. “Al principio me deprimió muchísimo, luego decidí dejar de quejarme y comencé a escribir”. Lleva una treintena de libros publicados sobre filosofía, historia y educación. Elogio de las familias sensatamente imperfectas (Ariel) es un pequeño libro delicioso que no tiene desperdicio, un manifiesto de sensatez que se agradece.
¿Qué le han enseñado sus alumnos?
Mis límites. “Habla para que te vea”, decía Sócrates. Sólo cuando los demás hablan los ves y cuando hablas te ves a ti mismo.
¿Qué es un maestro?
Tu obligación es hacer visible a tu alumno lo que puede llegar a ser.
Un maestro así es el sueño de todo padre.
Creo que la armonía está sobrevalorada, que padres y maestros no necesariamente tienen que ir al unísono. Está bien que los niños entiendan que hay desavenencias. Crecer también es saber moverse de manera adecuada en ámbitos distintos.
La armonía es difícil también en casa.
Es irreal hacer creer a los hijos que los padres estamos de acuerdo en todo. Lo que deben ­entender es que las desavenencias se gestionan. Considero que es mucho más importante amarse que entenderse.
Eso es muy inteligente, maestro.
Mostrar a los hijos que nos queremos a pesar de que hay momentos que no nos soportamos es una lección imprescindible para llegar a ser adulto. ¿Hay algo más importante en la vida que contar con alguien que te quiere siendo consciente de todo eso de lo que no te sientes digno?
Elogia usted la familia sensatamente imperfecta.
Sí, la que está dispuesta a aprender de su propia experiencia, que no delega su responsabilidades en un especialista. Si los humanos fuésemos relojes complejos, ajustaríamos las piezas que no funcionan, pero como no lo somos, lo que necesitamos es sentido común.
Hoy no hay niño que no haya visitado a un psicólogo.
Eso indica la inseguridad de los padres. Si no tienes un problema claro y concreto, no alquiles tu responsabilidad a un especialista. Pero a menudo acudimos a ellos porque creemos que es posible una vida sin problemas.
Cierto.
Eso no existe. De lo que se trata es de cómo gestionar los problemas cotidianos sin excesivas gesticulaciones.
¿Esa mala cara, ese grito huracanado...?
Sí, todas esas cosas de las que nos avergonzamos. Pero hay que pasar página. Me gusta ese cuento zen de un monje que cuidaba primo­rosamente su jardín, y cuando había acabado le echaba una hoja seca porque decía que si no tenía ninguna imperfección no era humano.
Es usted irónico con los superpadres.
Los padres modernos siempre llevan ese Pepito Grillo que les hace estar continuamente preguntándose si en lugar de castigar no hubiera sido mejor dialogar o viceversa; esa condicionalidad en las relaciones que deberían ser espontáneas marca un comportamiento que merece el nombre de neurótico.
La reflexión es buena.
Sí, pero que no sea doliente. Es buena una cierta ironía con las propias meteduras de pata que te permita dolerte menos y aprender más.
Hoy los niños se autojustifican diciendo: “es que soy adolescente”.
Sábado: tu niño del alma, tumbado en el sofá con el mando a distancia te dice: “Me aburro”. Hay padres que consideran que deben ser los dinamizadores culturales de sus hijos, ofrecerles un menú de actividades, pero así estimulan su flojera. Mejor un “y a mí qué”, provocar que salgan de su aburrimiento autónomamente.
Entiendo.
...O el niño que ha tenido un día agotador: exámenes, entreno… Llega a casa, tira la mochila y exclama: “¡Estoy cansadísimo!”. Los padres perfectos le preparan un baño y le sirven la cena. Yo abogo por un: “Te entiendo perfectamente porque yo llego así muchos días, pero por favor recoge la mochila”.
Ya.
La adolescencia se ha convertido en un nuevo fenómeno cultural y comercial. Y a menudo la autoestima se confunde con el narcisismo que hoy se considera una conducta normal, y eso fragiliza mucho. Si te crees que el mundo está para servirte, vives en un engaño.
Hay que ser comprensivo...
Los adolescentes aprenden saltándose los límites. Tienen más energía que sentido común para controlarla y a menudo actúan sin lógica; los padres lo sabemos, pero esa comprensión te la debes guardar para ti, tú debes ser sus frenos.
Dice que sin culpabilidad no hay moralidad... suena carca.
Hoy la palabra culpa está proscrita, pero señalarles las faltas es decirles que los consideras personas responsables de sus actos y no unos insensatos que no saben lo que hacen; así podrán reflexionar y extraer alguna conclusión.
¿Con o sin castigo?
La mejor manera de librar a un culpable de sus remordimientos es ofrecerle la posibilidad de hacer borrón y cuenta nueva. El drama de nuestros jóvenes es que hay demasiados adultos confundiendo comprender con justificar.
Con lo que hacemos nos hacemos.
Así es, y defiendo otro concepto olvidado: la virtud, cuya esencia es la ambición de realizar bien lo que tengas que hacer. Me parece más útil el compromiso de los actos que eso de repetir valores: “sé bueno” “sé sincero”, “sé justo”...
...
Y creo que es más noble aprender a querer la ­vida a pesar de sus constantes zancadillas que aspirar a una felicidad que se supone se consigue renunciando a la vida, es decir: creyendo que si eliminas lo que va mal serás feliz.