La peor discapacidad es no darnos cuenta de que todos somos iguales.
Pedro Miguel Lamet
jueves, 23 de noviembre de 2017

Pon alas a tu mochila

El rincón del psiquiatra
Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra


Recuerdo cuando mis hijos eran pequeños que el camino hacia el “cole” era toda una odisea. Tanto Javier como Cristina portaban sendas mochilas, donde además de los libros, cuadernos y bolígrafos llevaban el bocadillo para el recreo, los últimos cromos, un huevo kínder, pañuelos, goma de borrar, reglas, y un largo etcétera que convertía la mochila en una carga pesada. Era un signo de ser mayor el poder llevar esa pesada carga y “estaba mal visto” que los papás hiciéramos de portadores. La cosa se complicaba cuando Javier o Cristina querían llevar la mochila del otro. Un cierto día, en ese corto pero “largo” camino hacia el “cole”, Cristina encorvada por el peso de su mochila, se para, me mira y dice: “Papá, que bueno sería que la mochila tuviera alas…  “Hoy quiero pensar que también sería bueno que  la “mochila psicológica” que todos llevamos  cumpliera ese deseo: tuviera alas.
Cada ser humano es como mis hijos o esos peregrinos que acuden a la Meca o Santiago de Compostela con su mochila a cuestas: dentro están tanto objetos necesarios como los no tan necesarios, pero también nuestros sufrimientos y alegrías, esperanzas y desesperanzas, odio y amores, fantasías que se han convertido en la guía de nuestras vidas. En ocasiones, también, nos echamos a la espalda las angustias de nuestra pareja, de nuestro hijo o del vecino del quinto, en un intento por ser el salvador del universo. Mas la vida está construida para que cada uno lleve su “mochila” (esta es única e intransferible) lo que no evita que en algún trecho del camino de la vida podamos compartir la pesadez de la misma. Como un buen peregrino el ser humano debe aprender a carga su “mochila psicológica” de aspectos positivos y a descargar todo aquello inútil que lo único que produce es más pesadez.
Proponemos las siguientes acciones para poner “alas a nuestra mochila psicológica”:
1).- Tomar conciencia de las “piedras pesadas” que llenan nuestra mochila. Es necesario, pues, que hagamos un alto en el camino de nuestra vida y seamos capaces de vaciar la mochila y observar qué es lo que más nos hace sufrir o qué nos facilita la felicidad. Debemos conocer nuestras posibilidades y limitaciones reales para poder construir el edificio de nuestra salud mental. Es pues desde el conocimiento de uno mismo desde donde podemos cimentar una vida saludable.
2).- No tener miedo al cambio y aceptar la nueva sensación de una mochila ligera. En ocasiones el cambio no se produce, por el miedo a lo venidero: temor al futuro de una relación, un nuevo trabajo, otro hijo, etc.
En nuestra vida cotidiana nos puede pasar algo parecido: seguimos atados a muchas cosas (relaciones, trabajo, costumbres, concepciones de incapacidad para hacer tal o cual cosa, vivencias infantiles que han marcado nuestra vida  y la han determinado, etc.) y seguimos casi por inercia manteniendo comportamientos que nos hacen sufrir, o al menos no nos dejan ser felices.
4).- No tener ideas preconcebidas sobre el contenido de nuestra mochila: las cosas, las personas o los acontecimientos que nos rodean: es verdad que sufrimos con posibles reacciones de nuestros  compañeros o amigos;  pensamos que nuestros padres nos van echar la bronca por llegar tarde; o que nuestro jefe nos va a penalizar con la carta de despido; o que este turno de trabajo  tan bueno lo vamos a perder con la reestructuración de la empresa dentro de dos años, etc. Luego no se da ni lo uno ni lo otro, pero la amargura y la angustia ya han invadido nuestras mentes. Es una manera de ir cargando nuestra mochila de “futuribles”, que la mayoría de las veces no se producen, pero hinchan de forma exagerada nuestra mochila. Resultado: ansiedad anticipatoria, que es un sufrimiento estéril e inútil.
6).- Llevar una mochila de acuerdo a las posibilidades de cada uno: a veces, en la experiencia clínica, uno se encuentra con el sufrimiento más atroz simplemente por no saber graduar los objetivos. No es cierto que "el límite es el cielo", sino las posibilidades de cada uno. La angustia y el sufrimiento se producen porque no hay concordancia entre las aspiraciones y las propias posibilidades: no haber estudiado una carrera universitaria, no tener un mercedes o simplemente un trabajo de 8 a 3 h.
Los objetivos o metas de cada persona son acicate y estímulo cuando existe una correspondencia entre la meta y los medios; de lo contrario se producirá una fuerte frustración, que provocará malestar y sufrimiento.
7).- Siempre queda la alternativa de pedir ayuda a otro. En este caso sería conveniente la consulta a un familiar, amigo o compañero o incluso a un profesional de la psicología para que nos iluminara el camino, sabiendo que cada uno de nosotros debe llevar su propia mochila, pero sabiendo también que el compartir durante un trecho del camino la mochila pude ser de gran ayuda. De aquí se desprende la importancia del “nosotros” en el proceso de bienestar de cada uno.
Pon alas a tu mochila
El deseo de mi hija Cristina se puede hacer realidad con la “mochila psicológica”: potenciando las fortalezas. Así como no podemos vaciar totalmente la mochila del cole pues es necesario llevar los libros y cuadernos para las clases, sí podemos retirar todo lo superfluo y además dejar que el otro nos ayude o en el último instante llevarla en un carrito que sería el equivalente a las alas, que deseaba Cristina. En la “mochila psicológica” las fortalezas descritas por Seligman pueden ser las alas que faciliten, a pesar de las dificultades y sufrimientos, poder llevar una buena calidad de vida.
martes, 21 de noviembre de 2017

Es difícil decir no

Mario Benedetti


Ya lo sabemos
es difícil
decir que no
decir no quiero

ver que el dinero forma un cerco
alrededor de tu esperanza
sentir que otros
los peores
entran a saco por tu sueño

ya lo sabemos
es difícil
decir que no
decir no quiero

no obstante
cómo desalienta
verte bajar tu esperanza
saberte lejos de ti mismo

oírte
primero despacito
decir que sí
decir sí quiero
comunicarlo luego al mundo
con un orgullo enajenado

y ver que un día
pobre diablo
ya para siempre pordiosero
poquito a poco
abres la mano

y nunca más
puedes cerrarla.
lunes, 20 de noviembre de 2017

Instantes de felicidad

H.T.M.

Las personas hemos nacido para ser felices. No quiero ir contra corriente, ni quiere ser tachado de “iluso”. Estoy hondamente convencido que este mundo tiene sentido porque es posible ser feliz. La felicidad no es alcanzar algo, ni es conseguir a alguien, ni es llenar nuestra despensa. Aunque tenga mucho de todo ello. La felicidad es una actitud ante lo que se nos presenta o ante aquello que estamos buscando. Y una actitud es una forma de vivir. Es posible que conozcamos a alguien que, pase por lo que pase, parece que está en un estado permanente de rabia o de insatisfacción. Seguramente sabemos de otros que, en alguna situación difícil, ha sabido afrontar con verdadera entereza y sabiduría lo que le vino encima. ¿De qué depende? De la actitud que tengamos. La felicidad y la sabiduría van de la mano. No me refiera a la sabiduría intelectual, que también cuenta, me refiero, sobre todo, a ese saber que sale de lo hondo de la persona y que nos acerca a su esencia. Es en esa hondura donde comprendemos qué es la felicidad.
Dicho lo anterior, creo yo que, al menos, todos hemos pasado por momentos felices. ¿Cómo explicarlos? ¿Cómo describirlos? ¿Son coincidentes con los placeres?  Que cada cual conteste y ponga nuevas preguntas. Todo esto lo traigo a cuento de lo que voy a decir a continuación.
El viernes pasado a las siete de la tarde en la sala de conferencias de la Biblioteca Pública de León en la calle Santa Nonia, el Teléfono de la Esperanza nos citó a “escuchar”. Celebraba, celebrábamos el día de la escucha y los organizadores y los asistentes hicieron posible que a lo largo de una hora y pico viviésemos momentos de felicidad.
Pudo ser la voz suave y convencida del la Escribana del reino leyéndonos su relato sobre el arte de escuchar.
Quizás la lectura con voz profunda de la llamada telefónica de quien desprendía inocencia y se reflejaba al mismo tiempo en el voluntario que escuchaba o un simple de talle de todo ese relato.
Para alguien pudo ser la representación teatral de “en esta casa, al menos se habla” y que llevó la sonrisa a nuestros rostros, pero que reflejó una crítica a una constante social: cada cual va a lo suyo, a su tema y qué poco importa lo de los de más. “Ande yo caliente, ríase la gente”.
A lo mejor fueron los poemas, la mayor parte tristes, de Julio, cuando ponía versos a situaciones vividas o a personas que han hecho mella en su vida. Recordar a su madre fue un momento sublime y no porque le saltasen las lágrimas sino porque renació el amor auténtico.
Habrá quien vivió un instante de felicidad en los cuentos de Manuel. Esas historias que, aunque nos hacen reír, descubren nuestras debilidades, pero al mismo tiempo alaban  nuestras grandezas y nos invitan a volar y a escuchar.
No se si alguien vivió a un momento de felicidad cuando Valentín vino a reproducir una llamada de quien se enamoró limpiamente de alguien que simplemente depositó sus ojos en ella. Un amor sincero, de persona a persona, sin manosear, sin intereses por medio, un amor limpio, un amor compartido, un amor sin más. Un amor en el que caben todos los amores.
Qué se yo lo que pudo pasar en la sala, los pensamientos que pudieron surgir o los sentimientos que hicieron latir el corazón. Qué se yo lo que cada uno pudo vivir en ese rato de la tarde. Cada cual podrá ponerle palabras. O a lo mejor no. Porque las palabras se quedan cortas cuando queremos expresar instantes de felicidad.
Lo que sí quiero decir es que el viernes a las siete de la tarde el teléfono de la esperanza me hizo vivir momentos de felicidad. El homenaje a los voluntarios de la escucha me hizo darme cuenta de que los instantes de felicidad dependen de mi actitud ante lo que estoy viviendo, pero ayuda mucho el ambiente en el que me integro. A ello contribuyó el clima que se creó. Por eso, ese rato de la tarde del viernes, lo viví cómo instantes de felicidad.
Gracias a quien participó haciendo posible vivir esos momentos y a todos los que arroparon.
domingo, 19 de noviembre de 2017

El arte de escuchar

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena

Fotografía de Jesús Aguado 

Admiramos a pintores, escultores, arquitectos, poetas, creadores… y todo tipo de artistas, entendiendo por tales aquellos que muestran su talento y realizan, a través de él, obras de arte.

Existe otro arte –muy antiguo pero poco practicado– que es el arte de escuchar.

A través de él conseguimos sacar a la luz maravillas escondidas tras el manto de la vergüenza o de la timidez, tras el tabique del “no sé”, tras la pereza del inmovilismo crónico.

El arte de escuchar consiste en acoger, entender, explorar y reflejar aquello que el escuchado es y dice saber. Es abrir todos los sentidos a la escucha, prestar atención a los detalles mínimos, mirar más allá de lo aparente, enhebrar interioridades y guiar a veces, no siempre, a zonas de más luz.

Para practicar este arte son necesarios tiempo –del que todos andamos escasos- ganas –que tampoco abundan- disponibilidad –cada vez más reducida- silencio –tantas veces evitado- y una cierta preparación para no caer en el puro voluntarismo. Instrumentos, todos ellos, sin los cuales no obtendremos ninguna obra artística. Y, por supuesto, también conlleva un coste de desgaste personal, como la práctica de cualquier otra actividad.

Sin embargo, el resultado del ejercicio del arte de escuchar es tan valioso, tan hermoso, tan fantástico, que merece la pena todo coste y todo esfuerzo. Las obras son únicas e irrepetibles, sin posibilidad de plagio. Parten de una materia prima de buenísima calidad y son cinceladas adecuadamente por el artista de la escucha. Por ello, de este trabajo, sólo pueden brotar fuerza y luz en proporciones similares y a grandes dimensiones.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Sonríe



Ahora en otoño, sonríe
El fin de semana, sonríe
Cada día, sonríe
Harás un mundo más feliz.
Vivirás una vida más completa.
viernes, 17 de noviembre de 2017

Camino del Salvador
De León a La Robla

Javi Fidalgo

Aprendiendo a decir SI.
Aprendiendo a decir NO.

Iniciamos una nueva aventura en este Camino de Santiago y digo nueva porque una vez que hemos recorrido el trayecto desde  Roncesvalles  hasta León, no nos íbamos a quedar aquí y decidimos continuar hacia Oviedo por el camino que llaman de San Salvador. Ya habréis  oído el dicho de que "el peregrino que va a Santiago y no pasa   por San  Salvador,  sirve  al criado y olvida al señor".
Además nos han contado que en este viaje  podemos ser peregrinos privilegiados al poder contemplar las "innumerables" reliquias guardadas y custodiadas en la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo.
Así iniciamos este maravilloso día alrededor de San Marcos, con ilusión, con ganas, con la alegría de reencontrarnos y poder compartir esta nueva etapa. 
La mañana estaba "fresquita" porque la helada de la noche había sido considerable, pero al final de Carbajal aprovechamos a tomar un café calentito y a bailar alguna de nuestras danzas.
Todo el camino va  serpenteando entre encinas y robles a orillas del  río Bernesga, rodeado de  chopos ya casi sin hojas, de las chimeneas de los pueblos ahumando y en un día claro, sin nubes, con unas vistas espectaculares de los pueblos al fondo y los valles... es una bonita estampa del mes de noviembre.
Nos encontramos con restos de algún pueblo que ya no existe, Villalbura, del que solo queda en pie poco más que un edificio y es curioso el "armario botiquín" que nos encontramos allí y que alberga material sanitario, planos y un libro de firmas.
Hemos podido caminar juntos, danzar unidos, hablar, escuchar y escucharnos, reír, observar y fijarnos en pequeños detalles del camino, hasta escribir en el suelo lo que este día nos iba diciendo: "ARMONÍA".
Ha habido un tramo  con continuas subidas, que nos ha costado un poco más... es como el camino de la vida, donde hay momentos que se  pone muy cuesta arriba, que parece que no puedes más y es necesario parar, tomar aire para poder continuar porque esto no es una competición y qué importante es en estos momentos sentir la presencia de esa mano amiga, de ese compañero de camino en quien apoyarte.
A lo largo de este día, reflexionamos y hablamos también sobre el "SI" y el "NO". A qué o a quién decimos o nos gustaría decir SI y a quién  o a qué no somos capaces de decir NO.
Así hemos llegado al final de la etapa, Cascantes. Un bonito pueblo muy cuidado, con una fuente que tenía un agua buenísima y en su plaza decidimos comer nuestros bocadillos para reponer fuerzas. Todavía quedan unas horas de sol y decidimos continuar hasta La Robla, que son unos cinco kilómetros más.
Acabamos este bonito día cansados pero cargados de energía y dando gracias por todo lo que hemos compartido y disfrutado juntos. La vida se compone de estos pequeños detalles, a veces una sonrisa, un abrazo, un beso, una palabra, una mirada o un simple escuchar... un pequeño gesto  es mucho más importante que cualquier regalo porque lo haces con sinceridad y desde el corazón.