Si tú no eres capaz de disfrutar de tu compañía,
¿quién va a disfrutar de ella?
Osho
domingo, 21 de enero de 2018

Momentos a conservar

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena


Mi abuela –que vivió tiempos donde no existían neveras, arcones ni grandes supermercados– me contaba que, llegado septiembre, había que empezar con las conservas, embotamiento y curación de alimentos para garantizar su duración. Comenzaban las mermeladas, los almíbares, los escabeches… todo para aprovisionar la despensa adecuadamente y hacer frente a los meses de escasez.
Yo no hago conservas de alimentos perecederos. A lo más que llego es a embotar algunos. Afortunadamente en mi tiempo sí que existen supermercados, neveras, cámaras de secado y un sinfín de artilugios más que nos facilitan la vida.
Pero sí hago conservas de alimentos emocionales. Como no conozco ninguna máquina que pueda conservarlos, los conservo yo, como mi abuela conservaba sus mermeladas, y me ocupo de tener bien provista mi despensa emocional.
No hay fechas propicias ni momentos determinados. Se acumulan cuando van surgiendo y se tira de despensa cuando escasean. Lo que sí se necesita es atención para captarlos cuando aparecen.
Por ejemplo, el domingo mientras nadaba –prácticamente sola– en la piscina climatizada, podía ver a través de la cristalera el paisaje nevado y la luz que sólo el deshielo de la nieve puede producir. Me paré a contemplar. Sentía el agua caliente envolviéndome. Podía escuchar, en el silencioso ambiente, el sonido de mis brazadas y de mi respiración al nadar. Disfrutaba de la vista y de la maravillosa luz que inundaba todo.
Siendo consciente del momento, sentí calma, paz y felicidad. Y decidí conservarlo.
Así, cuando lleguen momentos pastosos de niebla o dolor emocional, tiraré de despensa y me recrearé en los que tengo en conserva, que ya sé que no es lo mismo, pero vale igual. Como la mermelada de mi abuela.
sábado, 20 de enero de 2018

Programación del Camino de Santiago para 2018




La previsión de etapas del Camino de Santiago durante este curso será la siguiente:
17 de Marzo. La Robla - Poladura: 24 kilometros
28 de abril. Poladura - Pajares. 15 Killómetros
26 y 27 de Mayo. Dos etapas:
                1ª etapa: Pajares - Bendueños: 15 Kilómetros
                2ª etapa: Bendueños - Mieres: 25 Kilómetros
16 y 17 de junio. Dos etapas:
                1ª etapa: Mieres - Oviedo: 19 kilómetros
                2º etapa: Mañana cultural en Oviedo y tarde en la playa.
Vete, peregrino, reservando fechas e incorporando esta propuesta a tu calendario personal.


Ser en la vida romero,
romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos.
Ser en la vida romero,
sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo.
Ser en la vida romero, romero..., sólo romero.
Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo,
pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.
León Felipe
viernes, 19 de enero de 2018

Canción de cuna
a Leo

Caligrafía de emociones
Jose

Ya se duerme Leo...
bajo su ventana
dos pícaros grillos
cantan una nana.
A la linda nana
ya se está durmiendo...
que ruede la luna
que lo haga en silencio.
A la linda nana
de ojitos cerrados,
el sueño más lindo
se arropó a su lado.
A la linda nana
que ya se durmió,
la última estrella
recién se prendió.
jueves, 18 de enero de 2018

Hablen




Paseando por la ciudad de León y visitando garitos nos hemos encontrado con esta pintada inteligente que compartimos con todos nuestros internautas.
Dejen el wifi y hablen.
Que así sea!!!
miércoles, 17 de enero de 2018

Oriente
entró en mi corazón

J. M. Doria
Escuela Transpersonal
Templo hindú, Patan
Reconozco que ya desde pequeño sentía cierta fascinación por el exotismo que desprendían los cuentos y las leyendas orientales.
Aquellos templos habitados por seres con turbante, aquellos monjes rapados frente a grandes budas silenciosos y no-sufrientes, en el fondo me decían que, tarde o temprano, tendría que adentrarme en aquella dimensión.
Fueron pasando los años y conforme recorría el camino de mi búsqueda interior, una palabra conmocionaba mi corazón: Nepal.
En realidad intuía que los Himalayas eran algo más que una cadena de montañas para escaladores atrevidos. No tardé en constatar que mi resonancia con los fértiles valles nepalíes se debía a su tradición espiritual que, hoy por hoy, la honro como patrimonio de la humanidad. Es decir, la consciencia y los niveles transpersonales del ser.
A mis 45 ya no pude resistir más la llamada que aquel Nepal me hacía, y al poco, las piezas encajaron, hasta finalmente verme caminando silencioso por la falda de los majestuosos Anapurnas. Por fin pisaba y respiraba aquel Oriente que me había enseñado a meditar. Un Oriente sagrado en el que las miradas sencillas de sus gentes, los corazones compasivos y un diferente significado de la pobreza, cambiarían mi manera de ver la vida.
Al tiempo, el hecho de caminar en grupo hermanado y atento por las montañas nepalíes se fue convirtiendo en la meditación raíz por excelencia. La leal sobriedad de los sherpas y la sabiduría de los guías que nos han venido acompañando por los senderos de esta cordillera sagrada, conmovieron mi corazón al tiempo que calmaban un anhelo que me latía desde que tuve uso de razón. Allí supe que en mi particular proceso de conciencia planetaria, mi Occidente había encontrado en Oriente su media naranja.
Hoy ya desde la Escuela de Desarrollo Transpersonal, han sido 17 los viajes que he realizado con grupos en los que se facilita una iniciación a la dimensión implícita y profunda que conlleva esa aventura iniciática.
En realidad puedo afirmar que cuando el Nepal profundo entra en el corazón del viajero, el radiante amanecer de sus Himalayas calienta su pecho ya de por vida.
martes, 16 de enero de 2018

La camisa del hombre feliz

El rincón del psiquiatra
Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra


La escuela de la vida no precisa de textos, ni de itinerarios. No existen evaluaciones periódicas, ni notas. Pero, sin embargo, todos vivimos  mediatizados por lo que opinen de nosotros el vecino, el amigo o el pariente más próximo y continuamente de forma inconsciente, quizás, nos sentimos como participando de un gran examen, que solamente tiene una nota global con la muerte. Y en ese momento, las calificaciones son de sobresaliente para arriba.
Esta escuela, mi vida o la tuya, querido lector, nos ofrece algunas lecciones tan universales, que incluso las encontramos en un lenguaje de todos los tiempos: los cuentos. Aquí repasaremos una de ellas.
La camisa del hombre feliz
“Érase una vez un príncipe que nunca se sentía feliz. Su padre no escatimó esfuerzos para devolverle la alegría. Invitó a todo tipo de artistas para que le entretuvieran –actores, músicos, bailarines, bufones– pero no consiguieron nada. El príncipe seguía triste. Se pasaba un día tras otro sentado, mirando por la ventana con la mirada fija y sin decir una sola palabra.
El rey decidió ir en busca de ayuda. Le pidió a eruditos de diversos países extranjeros que vinieran, visitaran al príncipe y ofrecieran sus consejos. El castillo se vio inmediatamente asediado por médicos, profesores y filósofos.
¿Cómo puedo ayudar a mi hijo?, les preguntó el rey.
Los sabios hablaron entre ellos, miraron las estrellas y pensaron y pensaron durante mucho tiempo. Finalmente le ofrecieron una respuesta al rey.
Alteza –dijeron–, sólo se puede hacer una cosa. Encuentre a un hombre realmente feliz e intercambie con él la camisa de su hijo.
El rey difundió por todo el mundo el mensaje de que deseaba encontrar a un hombre realmente feliz. Entrevistó a un sacerdote, (que desechó pues quería ser obispo), a un rico mercader que estaba preocupado por sus bienes, a un deportista que estaba muy pendiente de conseguir medallas, a una madre de familia muy angustiada por la crianza de los hijos, pero ninguno era realmente feliz.
Un día estando de caza oyó cantar a un labrador. Siguiendo el sonido de la música llegó, finalmente, a un jardín en el que un hombre joven estaba podando árboles frutales mientras hacía oír su potente voz.
Buenos días, su Majestad –dijo el hombre joven.
Buenos días –dijo el rey.
¿Desearía venirse a vivir conmigo a palacio y ser mi amigo?
Gracias, su Majestad, pero estoy muy a gusto aquí.
¡Por fín! –pensó el rey–, ¡un hombre realmente feliz! ¡Mi hijo está salvado! Y el rey extendió su mano hacia el hombre joven.
Le daré cualquier cosa que desee si únicamente me da…–y agarró la chaqueta del joven y la comenzó a desabrochar.
¿Qué pasa, su Majestad? –preguntó el hombre joven asustado.
Sólo tú puede salvar a mi hijo –dijo el rey. Pero entonces se paró y miró fijamente: el hombre feliz no llevaba camisa”.
Corolario
La felicidad no se impone ni se puede copiar. Cada uno debe encontrar su propia “camisa” para sentirse bien. No sirve, pues, ni lo que hace el vecino del quinto, ni lo que ha servido para que el padre o la madre sean medianamente felices; cada uno escribe su propia vida y recorre su propio camino. Los demás pueden indicar posibles senderos (qué tipo de trabajo le puede ayudar, que pareja le conviene o no, qué casa puede comprar, etc.) pero el recorrido lo tiene que hacer uno mismo.
A veces, ante las encrucijadas de nuestros hijos (como el rey de nuestro cuento) pensamos la solución y ni siquiera contamos con ellos o bien ideamos una solución mágica (como ponerse una camisa de un hombre feliz) que nos resuelva el problema sentimental, laboral o de cualquier otro tipo, y no nos damos cuenta que la solución está en ellos mismos, no en nosotros.
Toda persona debe encontrar sus propias puertas de salida, aunque nosotros podemos y debemos indicar (solamente indicar) la solución más satisfactoria. Por esto, la vida nos enseña que los consejos son válidos siempre que no sean impuestos; aconsejar es sinónimo de indicar y señalar no que el otro viva nuestra vida o copie nuestra resolución de conflictos. Aquí el rey de nuestro cuento se equivoca nuevamente pues sin hablar con el hijo da por sentado que la solución que le ofrecen los “grandes sabios” es la correcta.
El hombre feliz no necesita “una camisa especial” (en el cuento, el hombre feliz no tiene camisa), no necesita adornarse con cosas ajenas; es decir, la felicidad no se consigue teniendo cosas (bienes, trabajo, etc.) sino siendo capaces de disfrutar de lo mucho o poco que tengamos.
lunes, 15 de enero de 2018

Sin catedral

El rincón del optimista
Juan


Hace poco tiempo tuve un sueño espantoso. Soñé que la Catedral de León se desplomaba, que nos quedábamos sin catedral, sin nuestra hermosa catedral gótica. Fue bastante agobiante hasta que me desperté y comprobé que todo había sido fabricado por mi mente durmiente y perversa. Y lo peor de todo es que el derrumbe había sido como consecuencia de un atentado terrorista con bomba que había provocado muertos, eso precisamente fue lo que acabó despertándome por la angustia que me producía tanta desazón.
De la angustia pasé al sosiego cuando comprobé que todo había sido producido por mi cabecita inquieta y juguetona. Pero la sensación final que me quedó fue del recuerdo visual de aquel enorme hueco que había dejado la Pulchra leonina (bella leonesa) tras caerse hecha trizas. Qué vacío, qué ciudad muerta al faltarle ese corazón que late a todas horas. Anoche mismo, estuve paseando durante casi una hora por el centro de la ciudad y comprobé la fascinación que produce en los viandantes este edificio fastuoso, tanto en foráneos como en locales; en quienes la ven por primera vez o en quienes se reencuentran con ‘ella’ tras un tiempo, ya sea corto o largo. Sigue latiendo impertérrita su hermosura por todos los poros de sus piedras. Y me gusta bastante su iluminación; de día, la luz del sol; y de noche, con ese juego de focos de luz blanca y amarilla… que no deslumbra más que su hermosura. Ahí ha estado durante más de 700 años presidiendo la vida diaria de esta pequeña ciudad de provincias. Ahí deberá seguir para ver la vida pasar con presencia y vida propia.
No, que no soy capaz de imaginarme León sin este templo, sin esta maravilla de la arquitectura, sin este regalo para los ojos y para el alma. Y si entras dentro… eso ya es harina de otro costal.
Qué alegría comprobar que todo había sido una mala pesadilla. Buffffffff!!!!!
Asín sea.