Yo no he nacido para un rincón: mi patria es el mundo.
Séneca
jueves, 27 de julio de 2017

Vivir en el alma

Amar lo que es, amar lo que somos y amar a los que son.
Joan Garriga, experimentado y reconocido terapeuta en el campo de la Gestalt y las Constelaciones Familiares, nos muestra cómo poner orden en nuestros afectos y en nuestra vida interior. También a rendirnos ante el misterio de la vida para alcanzar con ello paz y felicidad perdurables.
Su propuesta es sencilla y directa, como lo son las enseñanzas sabias de todas las tradiciones espirituales: amar lo que es, amar lo que somos y amar a todos los que son.
Al recorrer estas líneas, aprenderemos a reconocer y habitar en forma inteligente el Alma Gregaria que nos vincula con nuestros grupos de pertenencia familiar y social. Luego, iremos poco a poco desplazando el foco hacia la Gran Alma para presenciar allí como emerge nuestro ser más auténtico. Desde la perspectiva del alma la vida cotidiana se vuelve puro disfrute y aceptación, dando por finalizada la lucha por imponer en cada momento los pequeños deseos de nuestra limitada personalidad.
Como el mismo autor nos resume: «el gran tema de este libro, al fin y al cabo, es el viejo asunto de la voluntad frente al destino, de los designios del pequeño yo personal frente a los dictámenes de la gran voluntad, de la gran inteligencia definitiva».
Puede ser un buen libro para este verano.
miércoles, 26 de julio de 2017

Entrevista a
Marcelo Demarzo



Marcelo Demarzo, maestro de atención plena o ‘mindfulness’.
Tengo 43 años. Soy doctor en Medicina, especialista en medicina preventiva . Estoy casado y tengo tres hijos (11, 5, 1). ¿Política? ¿Creencias? Me atrae la filosofía budista. La técnica de la atención plena alivia dolencias
En los años setenta, un joven doctor en Biología Molecular del MIT, Jon Kabat-Zinn, exploró una práctica relajante –inspirada en meditadores monásticos budistas– que bautizó mindfulness (atención plena): desfijas la atención de tus pensamientos para llevarla a tu respiración, tu cuerpo, tu momento viviente, ¡a tu ser! Y así reduces ansiedad, estrés, angustia, depresión: ¡la neurociencia lo ratifica! Su discípulo Demarzo aplica la atención plena a la medicina preventiva y clínica, invitado aquí por el doctor Luis López al máster en Relajación, Meditación y Mindfulnessde la UB (masterremind-ub.org). Autogenia: genero mi propio bienestar, deseo bonitas cosas para ti y para mí.
¿Qué es la atención plena?
Un estado mental en que eres plenamente consciente de ti.
¿Y en qué consiste eso?
Ni te agobian pasadas vivencias ni te angustian pensamientos anticipatorios.
¿Calma interior, pues?
Sí, plena, aquí y ahora. Estás bien, y a voluntad. Lo generas tú desde dentro: autogenia.
¿Puedo conseguirlo?
Pues claro, con un par de sesiones de entrenamiento y algunas semanas practicando.
¿Y cómo sabré que he conseguido la atención plena?
Lo sentirás dentro como un “¡eureka!”. ¡Así lo sentí yo! Es lo que yo andaba buscando...
¿Qué buscaba?
Soy médico y buscaba un modo de empoderar a mis pacientes para que sufrieran menos ante sus dolencias. ¡Y lo encontré! La atención plena ( mindfulness, en inglés) es una herramienta muy benéfica para el paciente.
¿Qué beneficio reporta al paciente?
Hay prueba neurocientífica: experimentos de neuroimagen que muestran que ocho semanas de práctica diaria de atención plena incrementan la espesura cerebral.
¿Espesura cerebral?
Multiplica la densidad de conexiones neuronales en varias áreas del cerebro: en la corteza prefrontal, por ejemplo.
¿Con qué consecuencias?
La corteza prefrontal te habilita para planificar, tomar decisiones, memorizar, concentrarte, tener conciencia corporal... ¡Todas esas capacidades se refuerza, por tanto!
Pues no me vendría nada mal.
Vemos claras mejorías en pacientes con diabetes, hipertensión, ansiedad y depresión.
¿Qué tienen en común esas dolencias?
Un estrés crónico. Por eso mejoran. ¡Y también los afectados de dolores crónicos!
¿La atención plena es analgésica?
El dolor crónico puede llevarte a la catastrofización: aumentas tu sufrimiento preguntándote “¿y por qué yo?”, autoinculpándote...
¿Y la atención plena lo palia?
Evita ese cuadro de sufrimiento añadido. Igual con la depresión: en personas con tres cuadros depresivos, practicar la atención plena... reducirá la reincidencia ¡a la mitad!
¿Más o menos eficaz que los fármacos?
Exactamente igual..., pero sin ningún efecto secundario indeseable. ¡Por eso propongo aplicar la atención plena en hospitales!
¿Entrena usted a pacientes?
Y a médicos, por su propio bien y para que ayuden a sus pacientes. Y así todo mejora.
¿Cuál es la técnica?
Fíjate en tu respiración. O mira pasar tus pensamientos, como si fuesen nubes. O imagina que estás muerto...
Vaya.
Esto lo hacían ya los estoicos griegos, para bien vivir... Practicas el desapego. Y así ves tus esquemas mentales, esos que te llevaban a actuar reactivamente a tu entorno.
¿Y de este modo dejaré de reaccionar?
No serás ya reactivo: serás activo, controlarás. Harás lo que te beneficie, basta de espasmo incontrolado: eso es ser consciente.
La atención plena ¿en qué le mejoró?
Mejoraron mis relaciones conmigo mismo. Y con las personas de mi entorno: pareja, familia, trabajo. Y además... ¡dejé de fumar!
¿Lo pretendía usted?
Me disgustaba fumar, pero era incapaz de dejarlo. Ya ni lo pretendía. Y practicar la atención plena... ¡me hizo repugnante fumar, sin pretenderlo! Y lo dejé, así, sin más. Otros meditadores adelgazan, se tonifican... Ser consciente del cuerpo ¡te lleva a respetarlo!
¿Maltratamos el cuerpo con la mente?
Mira qué dijo un indígena mesoamericano: “El hombre blanco está loco: ¡ha llegado a creer que se piensa con la cabeza!”. Es una verdad honda. La atención plena consiste en recuperar la totalidad de tu ser.
¿En qué casos la recomienda más?
¡En todos! Suele acercarse quien tiene una motivación íntima fuerte: sobrellevar mejor un dolor, sufrir menos, sentirse más feliz...
Pero el sufrimiento va con la vida.
¡Muy bien dicho! Y aceptar eso es lo primero. Pero lo segundo es desear minimizarlo. Y ahí entra la atención plena. Esta mañana, por ejemplo, he perdido el tren: ¿me he amargado por eso? ¡No! He sonreído y he reservado para el siguiente.
¿Y así con todo, Demarzo?
Así con todo, aceptación activa. ¡Aprende!
¿En qué ámbitos sería más benéfica la atención plena?
Hospitales, aulas académicas, oficinas, empresas, entrenamientos deportivos, tribu­nales, comisarías, cárceles, parlamentos...: ¡todo mejoraría! Un grupo de 130 parlamentarios británicos está estudiando llevar la atención plena al sistema de salud pública.
¿Qué persona es la más consciente de las que haya conocido en su vida?
Jon Kabat-Zinn, el médico fundador de la atención plena para reducir el estrés... ¡Pero más aún el Dalái Lama, ese tipo que siempre sonríe y jamás se aburre!
Al amigo Donald Trump... ¿podría mejorarle un poco la atención plena?
Trump es reactivo, compulsivo: ¡un espejo de lo que somos! Tú... sonríe y practica la pausa revolucionaria: escucha... y espera antes de contestar. Mejórate a ti mismo.
martes, 25 de julio de 2017

Un mundo que vive de culpables

La vida está llena de caricias
Juan Fernández Quesada


Así como la oscuridad es la falta de luz, luego no existe, el pecado es la ausencia de amor. Pero no es esto lo que percibe el ego. El ego percibe agresiones en lugar de errores. El pecado y la condenación es lo mismo, es una forma de invitar al castigo en lugar de invitar al amor y a perdonarnos.
Cuando confundimos “error” con “pecado” no hay ninguna forma de salvación del ser humano, porque como producto final da lugar a la desconfianza y adentrarnos en la espiral de la guerra y de la violencia. Un error puede ser corregido, lo torcido puede ser enderezado, pero el pecado es irreversible. Creer en el pecado es creer que son las mentes las que atacan y no los cuerpos. De esta forma asignamos culpabilidad a las mentes.
Creer en el pecado es creer en que los ataques son siempre intencionados y de que por lo tanto la culpabilidad y el castigo están justificados.
En el pecado radica la mejor defensa del ego que sirve a todas las defensas del mismo. El pecado es la armadura y protección del ego.
Quien tiene fe en el pecado es imposible que tenga verdadera fe. Si el pecado es real no hay esperanza de curación en el ser humano, otorgamos esencia de enfermedad en su mente y hay que recordar que todos fuimos niños, hasta el ser que comete más crímenes después. Fuimos seres totalmente inocentes. ¿Qué modifico nuestra naturaleza limpia? ¿Qué cambió nuestro estado puro, alegre, sensible, natural?
Para el ego el pecado es muerte y la redención se alcanza asesinando. ¿Esto no es tener una mente retorcida?
La creencia en el pecado es un enorme muro que ponemos en nuestro camino hacia la paz: Nadie puede obtener paz en su vida con tal creencia. Si reduces a todo ser humano a un cuerpo, eso es a lo que temes.
El concepto de pecado nos mantiene separados a todos, es una ausencia de reconocimiento de igualdad. La atracción por la culpabilidad es solo miedo. Y, recuerda, el miedo es lo que se opone al amor.
Los pecados son los errores que creemos no pueden ser perdonados, haciendo la destrucción del ser humano en inevitable. Lo que ha sido condenado, condenado está por ser eternamente imperdonable.
Si el pecado se ataca con castigo, se perpetúa, porque se hace con el mismo programa de proclamación de la maldad. El que cree en el pecado mantiene al mundo excluido del amor.
El pecado es la única creencia que limita la idea de trascendencia, de mejora, de superación de nuestras limitaciones, de posibilidad de cambio y transformación.
Elimina de tu lenguaje la palabra “culpabilidad” y transfórmala en “responsabilidad”, la primera conlleva castigo, la segunda conlleva liberación. Elimina de tu lenguaje la palabra “pecado” y transfórmala en “error”. La primera conlleva ejecución, muerte, la segunda aprendizaje.
Un abrazo.
lunes, 24 de julio de 2017

Somos plenitud

Enrique Martínez Lozano
Psicoterapeuta

No somos el yo separado (persona) que nuestra mente piensa, sino plenitud de presencia que se expresa, manifiesta y experimenta en esta forma concreta –sumamente frágil y vulnerable– que llamamos “yo”.

¿Cómo pasar de esa creencia errónea –por más arraigada que esté– a la comprensión de nuestra verdadera identidad? En este “paso” se ventila la liberación de la ignorancia y del sufrimiento. Pedagógicamente, podría plantearse en las siguientes etapas:

  1. La creencia: Desde niños hemos crecido pensando que éramos el “yo” que nuestra mente pensaba; creencia que es sostenida y alimentada de manera constante por nuestro entorno familiar, educacional y cultural. Tal creencia hace que nos veamos radicalmente como carencia, que necesita ser “completada” por “algo” exterior de lo que todavía carecemos. Aquella misma creencia nos lleva a pensar que “somos malos” o, al menos, que “podemos ser mejores”. Y ahí nos pasamos la vida en una ansiedad más o menos intensa, entre la autoexigencia perfeccionista y la decepción o frustración inevitable.
  2. La realidad: No somos el yo carente que pensamos ser, sino Plenitud que se expresa en esta forma (persona) débil, frágil y sumamente limitada y vulnerable. Lo que llamamos “yo” es solo una construcción mental, que es fruto de la naturaleza apropiadora y separadora de la mente. Por eso, mientras nos pensamos, nos vemos como “yo”; sin embargo, en cuanto acallamos el pensamiento y atendemos, nos percibimos como Plenitud, una con todo lo que es. Así se explica que cuando no hay pensamiento ni memoria, no existe ningún yo; nunca había existido, salvo en la creencia mental de la que nació.
  3. La consecuencia: No necesitamos “mejorar”, porque no nos falta nada; todo es perfecto tal como es; todo está bien. Cuando has comprendido que eres uno con todo lo que es…, cuando eres consciente de ser Plenitud, ¿qué podrías desear?
  4. La trampa: La mente se apropia también de esta comprensión en beneficio propio, dando lugar a mecanismos de justificación y endiosamiento del yo, utilizando aquella certeza como pretexto para la indolencia y el narcisismo, que perpetúan la “zona de confort” donde el yo se refugia.
  5. La comprensión: Somos pura Presencia –Eso que queda cuando no ponemos pensamiento–. Pero la Presencia no es “algo” que tenemos o un “objeto” del que pueda apropiarse el yo; es, sencillamente, nuestra verdadera identidad, Eso que somos en lo más profundo; una identidad compartida con todos los seres, dado que todo es Presencia o Consciencia que se despliega a través de infinitas formas.

Solo esta comprensión permite sortear las trampas de la mente y del ego. En ella se disuelve también la paradoja entre lo que somos –plenitud de presencia– y la forma (persona) que tenemos o en la que nos experimentamos.

Cuando eso se ha percibido, se comprende que todo consiste en poner consciencia, es decir, en vivir conscientemente en conexión con lo que realmente somos. De esa vivencia –que en realidad es un “fluir” en la Vida que somos– brotará la acción adecuada en cada momento.

domingo, 23 de julio de 2017

2 + 2 = 5

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena


Esta es una forma sencilla de explicar la sinergia de grupo. Es la situación que se da cuando la fuerza de un grupo en sí mismo es mayor que la suma de las fuerzas individuales de sus miembros.
Existe sinergia cuando cada uno aporta y suma; cuando el resultado es mayor y más importante en grupo que individualmente; cuando la actitud del otro impulsa la mía hacia el crecimiento común; cuando el espíritu creativo crece sobre propuestas abiertas y serias.
Enseguida notamos cuándo estamos en un ambiente de sinergia y cuándo no.
He participado en grupos donde estaba clara, porque todos aportábamos y ayudábamos a la consecución de los objetivos, estábamos ilusionados y dábamos lo mejor de nosotros mismos.
He participado en otros donde lo único que quería era acabar cuanto antes para volver a una realidad más cómoda y menos tóxica, porque el grupo se estaba convirtiendo en algo dañino.
Es fundamental la actitud que cada uno de nosotros llevamos a un grupo (cualquiera que éste sea). Si vamos abiertos al crecimiento, creceremos. Resolveremos cuantas cuestiones se susciten y haremos del mismo un espacio apto para el autodesarrollo. Habrá roces y puntos de vista diversos, por supuesto, pero sabremos afrontarlos desde la autenticidad y el buen hacer.
Si vamos buscando que otros resuelvan los problemas a los que yo doy la espalda, que cubran carencias personales que yo no sé resolver por mí misma y que me aportan gratuitamente dando yo poco o nada, nos achicaremos y achicaremos al grupo, estrangulándolo hasta ahogarlo.
Sería conveniente que antes de participar en un grupo nos planteáremos nuestra actitud ante el mismo. Sí, sería muy conveniente.
sábado, 22 de julio de 2017
viernes, 21 de julio de 2017

Psicología
de lo diferente

El rincón del psiquiatra
Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra


Si contemplamos un puzzle, todos los elementos son diferentes, pero también todos son necesarios para realizarlo. No existen piezas más importantes que otras, ni más bonitas. Todas tienen una misma misión: construir el puzzle. Hoy al reflexionar sobre “los diferentes” se me ocurre pensar que la humanidad es como un gigantesco  puzzle donde todas las piezas (las personas) son necesarias y suficientes. Ninguna debería ser excluida ni por su color, ni capacidad, ni haber nacido en uno u otro país, ni practicar una u otra religión, ni estar cuerdo o loco, etc.
Lo diferente
Lo diferente es tan consustancial al ser humano que no existen dos huellas dactilares, ni tampoco dos personas idénticas, incluso aunque tengan la misma carga genética (los gemelos monocigóticos). Así, pues, “lo diferente” que nos hace distintos y originales, es una cualidad que está impresa en la propia esencia del ser humano. Y esto es así, pues somos contingentes e imperfectos. No somos dioses, ni robot, pues entonces si seríamos iguales. Nuestra imperfección  nos hace originales. Por esto existen: personas altas y bajas, gordas y flacas, sabias e ignorantes, guapas y feas, sanos y enfermos y…cuerdos y locos.
No obstante, debemos admitir que existen “diferencias” que pueden provocar una gran distorsión en la convivencia. Por ejemplo, ser negro en un país de blancos (en Africa ser negro no es ninguna excepción), padecer una enfermedad mental en una sociedad que se considera cuerda, ser extranjero, de distinta raza o religión, etc. en estos últimos casos incluso se pueden producir guerras fratricidas y por lo tanto, lo diferente  no es facilitador de favorecer la convivencia sino todo lo contrario.
Origen
El hombre primitivo descubre al otro (amigo o enemigo) cuando comienza a compartir territorio, caza, etc. A partir de pasar de ser nómada a ser sedentario se impone una estratificación de tareas y de responsabilidades: unos cazan, otros construyen la vivienda,  otros cuidan de los animales, existe el jefe y los súbditos, etc. Establecer, pues, diferencias es lo que facilita vivir en comunidad.
Así, pues, a lo largo de la historia de la humanidad se han dado tres posiciones ante el “otro”: o el otro, aunque diferente, es complementario, o se se le contempla como un competidor, pues nos puede quitar posibilidades (laborales, cultures, etc,) o bien, al otro diferente (mendigo, loco, pobre, etc.) se le debe exterminar. Desgraciadamente en nuestra sociedad occidental, en muchos casos, han predominado esas dos últimas posiciones. Así, cuando el diferente es negro, sudaca o moro, por poner solamente algunos ejemplos, se vive como potenciales enemigos que debemos anular.
Somos, pues, diferentes pero complementarios. La desigualdad nos hace más humanos, pues nos convierte en únicos e irrepetibles. La vida sería muy aburrida si todos fuéramos idénticos, pensáramos lo mismo o tuviéramos los mismos sentimientos y necesidades. En este gran puzzle de la vida, nadie falta, pero tampoco nadie sobra.