Haz todo eso que piensas y quieres hacer, porque muchas veces, ya no hay tiempo para el "ya lo haré"...
Beatriz
miércoles, 23 de mayo de 2018

Amo a los hombres

Gioconda Belli

Amo a los hombres
y les canto.

Amo a los jóvenes
desafiantes jinetes del aire,
pobladores de pasillos en las Universidades,
rebeldes, inconformes, planeadores de mundos diferentes.
Amo a los obreros,
esos sudorosos gigantes morenos
que salen de madrugada a construir ciudades.
Amo a los carpinteros
que reconocen a la madera como a su mujer
y saben hacerla a su modo.
Amo a los campesinos
que no tienen más tractor que su brazo
que rompen el vientre de la tierra y la poseen.
Amo, compasiva y tristemente, a los complicados
hombres de negocios
que han convertido su hombría en una sanguinaria
máquina de sumar
y han dejado los pensamientos más profundos,
los sentimientos más nobles
por cálculos y métodos de explotación.

Amo a los poetas -bellos ángeles lanzallamas-
que inventan nuevos mundos desde la palabra
y que dan a la risa y al vino su justa y proverbial importancia.
que conocen la trascendencia de una conversación
tranquila bajo los árboles,
a esos poetas vitales que sufren las lágrimas y van
y dejan todo y mueren
para que nazcan hombres con la frente alta.
Amo a los pintores -hombres colores-
que guardan su hermosura para nuestros ojos
y a los que pintan el horror y el hambre
para que no se nos olvide.
Amo a los solitarios pensadores
los que existen más allá del amor y de la comprensión sencilla
los que se hunden en titánicas averiguaciones
y se atormentan día y noche ante lo absurdo de las respuestas.

A todos amo con un amor de mujer, de madre, de hermana,
con un amor que es más grande que yo toda,
que me supera y me envuelve como un océano
donde todo el misterio se resuelve en espuma…

Amo a las mujeres desde su piel que es la mía.
A la que se rebela y forcejea con la pluma y la voz desenvainadas,
a la que se levanta de noche a ver a su hijo que llora,
a la que llora por un niño que se ha dormido para siempre,
a la que lucha enardecida en las montañas,
a la que trabaja -mal pagada- en la ciudad,
a la que gorda y contenta canta cuando echa tortillas
en la pancita caliente del comal,
a la que camina con el peso de un ser en su vientre
enorme y fecundo.
A todas las amo y me felicito por ser de su especie.
Me felicito por estar con hombres y mujeres
aquí bajo este cielo, sobre esta tierra tropical y fértil,
ondulante y cubierta de hierba.
Me felicito por ser y por haber nacido,
por mis pulmones que me llevan y me traen el aire,
porque cuando respiro siento que el mundo todo entra en mí
y sale con algo mío,
por estos poemas que escribo y lanzo al viento
para alegría de los pájaros,
por todo lo que soy y rompe el aire a mi paso,
por las flores que se mecen en los caminos
y los pensamientos que, desenfrenados, alborotan en las cabezas,
por los llantos y las rebeliones.
Me felicito porque soy parte de una nueva época
porque he comprendido la importancia que tiene mi existencia,
la importancia que tiene tu existencia, la de todos,
la vitalidad de mi mano unida a otras manos,
de mi canto unido a otros cantos.
Porque he comprendido mi misión de ser creador,
de alfarera de mi tiempo que es el tiempo nuestro,
quiero irme a la calle y a los campos,
a las mansiones y a las chozas
a sacudir a los tibios y haraganes,
a los que reniegan de la vida y de los malos negocios,
a los que dejan de ver el sol para cuadrar balances,
a los incrédulos, a los desamparados, a los que han
perdido la esperanza,
a los que ríen y cantan y hablan con optimismo;
quiero traerlos a todos hacia la madrugada,
traerlos a ver la vida que pasa
con una hermosura dolorosa y desafiante,
la vida que nos espera detrás de cada atardecer
-último testimonio de un día que se va para siempre,
que sale del tiempo y que nunca volverá a repetirse-.
Quiero atraer a todos hacia el abrazo de una alegría que comienza,
de un Universo que espera que rompamos sus puertas
con la energía de nuestra marcha incontenible.
Quiero llevaros a recorrer los caminos
por donde avanza -inexorable- la Historia.
Porque los amo quiero llevarlos de frente a la nueva mañana,
mañana lavada de pesar que habremos construido todos.

Vámonos y que nadie se quede a la zaga,
que nadie perezoso, amedrentado, tibio, habite la faz de la tierra
para que este amor tenga la fuerza de los terremotos,
de los maremotos,
de los ciclones, de los huracanes
y todo lo que nos aprisione vuele convertido en desecho
mientras hombres y mujeres nuevos
van naciendo erguidos
luminosos
como volcanes…

Vámonos
Vámonos
Vámonoooos!!!
martes, 22 de mayo de 2018

La mujer que llegaba tarde a una entrevista

El rincón del psiquiatra
Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra


Una señora acudía a una cita con bastante retraso. Por el camino, iba muy nerviosa pensando que "debería" haber salido antes: "¡madre mía, qué horror!, ¡qué tarde!, ¡pero qué imbécil soy!, ¡debería haberlo previsto!,..." Llega al andén del metro, se abren las puertas de un vagón, accede a su interior y, en esto, un señor que iba sentado se levanta y muy amablemente le dice: "por favor, siéntese usted"... La señora sin pensárselo mucho le responde: "no gracias, llevo prisa".
La mujer está tan inmersa en su angustia por llegar tarde que no es capaz de responder adecuadamente al ofrecimiento amable del señor. En ocasiones, en la vida cotidiana nos puede ocurrir lo mismo: estamos tan ensimismados en nuestro fallo (nos hemos enfado con nuestra pareja, hemos contestado mal a nuestros padres, hemos incumplido una promesa, etc.) que nos sumergimos en el pozo de la culpa o de los reproches contra uno mismo. La solución no está en la queja (no me he portado bien, he sido un mal educado…) sino en la reparación, si es posible. Pues, como la mujer del metro, no porque fuera de pie (manteniéndose en su malestar)…iba a llegar antes (solucionaría el problema).
Ante el fallo, la conducta sana es reflexionar qué se puede hacer en esa situación para corregir el error, pero nunca torturarse con la falta cometida. ¿Qué puedo hacer, ahora?, es la gran pregunta: ¿pedir disculpa?; ¿pedir ayuda? (si la situación me supera); ¿tener cuidado la próxima vez?; ¿reflexionar antes de actuar? O, como la mujer del metro, proponerse programar con mas tiempo, sus entrevistas.
Aquí podemos recordar el conocido pensamiento: “si el problema tiene solución, ¿por qué te preocupas? Y si no la tiene, entonces también, ¿por qué te preocupas?
lunes, 21 de mayo de 2018

Soledad / Plenitud

Enrique Martinez Lozano


La vulnerabilidad trae de la mano la soledad. No es raro que se reactiven ahí –en los acontecimientos dolorosos– experiencias de soledad muy antiguas, de las que incluso no tenemos recuerdo. Y se intensifican al ser consciente de que, en estas circunstancias, tú solo no puedes hacer nada. De esa manera, la soledad refuerza la vulnerabilidad y, si no se detiene la mente pensante, introduce en laberintos sin salida, que resultan cada vez más ennegrecidos por la dramatización mental apoyada en sentimientos densos y oscuros.
La soledad sabe a aislamiento y abandono. En el niño puede provocar una sensación de no-pertenencia a nada ni a nadie, lo cual lo aboca a la vivencia de un aislamiento sumamente doloroso. Parece que a un niño no le hace tanto daño el dolor que pueda experimentar, cuanto el hecho de sufrirlo en soledad.
No es extraño que la soledad se anude a otros sentimientos, como la frustración, el desconcierto, la impotencia…, hasta producirse una tela de araña de la que parezca imposible escapar.
En esas circunstancias, resulta impagable el apoyo o la cercanía de alguien que te comprende desde dentro, te acoge y te ayuda. Sin duda, el mayor regalo que podemos recibir –y que podemos ofrecer– es la presencia de calidad de quien está a nuestro lado.
Pero, aun siendo un regalo precioso, no es suficiente. Por nuestra parte, el sentimiento de soledad está reclamando una presencia consciente y amorosa a nosotros mismos. Necesitamos conectar con el amor que somos y, con él, abrazar al yo que está experimentado soledad.
Progresivamente, en la medida en podamos acogernos de manera amorosa y comprensiva, crecerá en nosotros la consciencia de que no somos el sentimiento doloroso, ni el yo que lo padece, sino la Presencia amorosa capaz de atenderlo y de acogerlo. Y esa Presencia es Plenitud.
Frente a circunstancias dolorosas para el yo y ante cualquier tipo de crisis, la sabiduría consiste en aprender a vivirlas desde la Plenitud que somos. A tenor de dónde esté situado –en el yo o en la Plenitud–, la lectura que haga de lo que ha ocurrido variará decisivamente.
Ante aquella circunstancia (caída) que dio origen a todo lo que estoy compartiendo, desde el yo no podía ver otra cosa que dolor, desconcierto, frustración, impotencia e incluso auto-reproche.
El regalo fue que podía leer todos esos sentimientos como una alerta indicadora de que me hallaba en un “lugar” equivocado. Desde ese lugar (el yo) no cabía otra lectura. Sin embargo, al re-situarme en la Plenitud que somos, caía incluso la necesidad de saber. Solo había aceptación profunda, rendición, “sí” a la Vida en la consciencia de ser uno con ella, confianza y gratitud.
¿Quién necesita saber?, ¿quién tiene necesidad de controlar?, ¿quién querría que las cosas fueran diferentes de lo que son?… La respuesta a todo ese tipo de preguntas es siempre la misma: el (inexistente) yo. Acallado el yo –silenciada la mente–, cesan las preguntas; la Plenitud lo ocupa todo. Y no queda otra actitud que aquella que, de manera sublime, describió san Juan de la Cruz: “Quedéme y olvidéme, / el rostro recliné sobre el Amado, / cesó todo y dejéme, / dejando mi cuidado / entre las azucenas olvidado”.
domingo, 20 de mayo de 2018

Fuera de sitio

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena

Coincidiendo. Foto Jesús Aguado.

Con más frecuencia de la que quisiera me siento, muchas veces, fuera de sitio. Sin buscarlas, me veo inmersa en situaciones que no entiendo o no comparto o estoy decididamente en contra.

Esto no tendría mayor importancia si no me encontrara sola en esa posición. O si no se diera tan a menudo. O si lograra entender la situación y me sirviera para avanzar. Pero no es así.

Al contrario.

A pesar de intentar comprender, de intentar empatizar y de enfocar desde diversos ángulos, mi posición sigue siendo muy distinta, y no logro entender determinadas actitudes por más vueltas que dé o más justificaciones que escuche.

¡Ya me gustaría a mí ser más acomodaticia! ¡Ya me gustaría poder cerrar los ojos y la boca y hacer como, aparentemente, hacen otros! ¡Ya me gustaría no hacerme problemas de autenticidad o de coherencia!

Los que han vivido o viven este tipo de sentimiento sabrán de lo que hablo. Entenderán el vacío que esta soledad produce y el desencanto que acarrea ese estar sin estar, ese vivir a medias. Comprenderán la merma de ilusión que supone cada uno de estos contratiempos.

Y es que, al contrario de lo que pueda parecer, sentirse distinta no es algo tan agradable y tan maravilloso. Conlleva, además, un precio –en forma de desgaste personal– bastante alto.

Así que no es de extrañar que cuando estos “raros de difícil encaje” nos encontramos entre nosotros, establezcamos relaciones estables y duraderas, incomprensibles, las más de las veces, a ojos ajenos a los nuestros.

viernes, 18 de mayo de 2018

Ya lo haré

Pax Vostrum
Beatriz


CONFIANZA..., confianza es la palabra en la que tengo el foco estos días y te cuento porqué…
Hace unos días recibí una de esas noticias a las que llamamos "malas noticias"…, de las peores, de las que más trabajo nos cuesta aceptar a los seres humanos.  Esa noticia fue el fallecimiento de un ex-compi de trabajo y buen amigo mío, con 53 años. 
Un amigo que tuvo un accidente que le dejó postrado en una cama de hospital y con pocas posibilidades. Ha estado luchando, avanzando, aguantando, más de un año y medio...  aún con las decenas de secuelas que le quedaron, pérdida de visión, pérdida de las dos piernas, quemaduras interiores y exteriores, pérdida de casi todo el peso corporal..., y muchas otras cosas... Ha sido operado e intervenido en numerosas ocasiones desde el día D.  Y aun así, él ahí, resistiendo, aguantando: "Ahí tirando, no me rindo" -  decía. (Era del mismo Bilbao). 
No solamente tuvo que enfrentarse a esta situación, sino que también un año y pico antes, su mujer había muerto trágicamente en otro accidente delante de sus narices.  Tres hijos jóvenes tenían. 
Era una GRAN persona, y no es lo típico que se dice de alguien por decir cuando fallece. No, era una de esas personas buenas, con un corazón que no le cabía en el pecho. Una de esas personas que hacen la vida mejor a los otros, luchador, soñador, implicado y muy comprometido con la vida y los demás.
Descansa en paz, amigo, ya eres libre, puedes volar. 
Te decía que hoy pongo el foco en la confianza. CONFÍO en que allá donde estés, tengas PAZ. CONFÍO en que, aunque mi mente no entienda toda esta situación que has vivido en estos últimos años, tenga algún sentido. CONFÍO en la vida..., aunque me duela mucho y mi mente limitada no pueda concebir explicación o justicia...
Puede parecer que el título de este post no tiene que ver con lo que te estoy contando, pero sí, tiene que mucho que ver.  Desde que sucedió el accidente, he querido acercarme por el hospital donde estaba ingresado para verlo.  Quizá no hubiera podido, o él no hubiera querido, pero al menos, haberlo intentado. No reside en mi ciudad, hay 300 kms de distancia.  Un día, incluso le compré un detalle en un mercado de algo que le definía y que le iba a hacer ilusión y dar fuerzas. Prefería dárselo en persona, aunque también podía haber intentado hacérselo llegar por otros medios. 
Pero ahora, ya es tarde, ya no puedo decir ya lo haré..., (que es el título de este post). 
He tenido una toma de conciencia importante y por eso quiero compartirte, que, a veces, no tenemos la oportunidad de hacer eso de lo que decimos: "Ya lo haré"...   No. A veces, ya no se puede hacer. Y hay muchos tipos de "ya lo haré".  Para mí, unos más importantes que otros. A partir de ahora, los "ya lo haré" que vayan sobre personas a las que quiero dejan de existir: decir a alguien "te quiero", hacer esa llamada que tienes pendiente, comprar ese detalle a quien quieres demostrarle tu amor, estar con aquel que está enfermo y de quién te quieres despedir en condiciones, ver o visitar a quien estimas...
A veces, tenemos tantos "ya lo haré"...
Haz todo eso que piensas y quieres hacer, porque muchas veces, ya no hay tiempo para el "ya lo haré"...
Un abrazo fuerte mi querido amigo
DEP
jueves, 17 de mayo de 2018

Silencio

Caligrafía de emociones
Jose


Un momento de soledad
acarició mi corazón esta noche
deseoso y soñador
simple y puro

La paz capturó mi alma
por un breve segundo en el tiempo
era uno con el mundo

conmigo
contigo
con todo

me convertí en AHORA

y entonces...