El conocimiento y la habilidad suman, pero la actitud multiplica.
Victor Küppers
martes, 31 de mayo de 2016
lunes, 30 de mayo de 2016

Ayuda a tus hijos
a crecer

Marieli


Acabamos el curso “Ayuda a tus hijos a crecer” y otra vez tengo la sensación de abandono que siento cada vez que acabo un curso o un taller del teléfono.
Llegué a él con la inquietud de que podía hacerlo mejor en esto de la educación, de que aunque ya mis hijos  dejaron la infancia, el pequeño con 13 añitos  entra de lleno en la adolescencia, podía encontrar la llave que hace que esta etapa no me dé tanto miedo.     Desde el intensivo ya quedé enganchada pues me dio las pistas de que verdaderamente lo podía hacer mejor o si no hacerlo sentirme mejor, el hecho de que me asalte la duda de si lo estaré haciendo bien, si lo habré hecho bien, el querer lo mejor para mis hijos, ese es el motor que me llevó a iniciar este curso.
Desde las primeras sesiones gracias al ambiente de complicidad entre las compañeras, la sinceridad, la diversidad de edades de hijos (algo muy enriquecedor), la forma de transmitir de Carmen, me di cuenta de que estaba en el curso donde tenía que estar, en el momento correcto y por ello siento una enorme gratitud.
Las sesiones que más me impactaron fueron la de la escucha activa, yo no lo estaba haciendo bien, tengo que reconocerlo pero me ha dado las herramientas para que a partir de ahora sí que lo haga bien y voy a poner todo mi empeño en ello ¡es tan importante! Y también como comunicarnos, éste voy a tener que hacer horas extras pues me cuesta expresar lo que siento o mejor dicho no me hago entender.
Lo más importante, lo que verdaderamente merece la pena entender es que el amor es lo que tiene que dirigir nuestra forma de educar; tener claro cuáles son los límites que no queremos que se traspasen, qué normas las que dirijan nuestro día a día y qué grado de implicación queremos tener en nuestro papel de educadores, pero sobre todo y por encima de todo, que nuestros hijos son seres únicos, que no tienen que perseguir nuestros objetivos, ni nuestras frustraciones, que son personas con sus sueños, no los nuestros, con sus emociones, no las nuestras y con toda la vida por delante para con nuestro apoyo consigan lo que todos nosotros anhelamos, la felicidad.
Cuando un niño sufre rechazo en el cole porque es tímido o porque no es como los demás, la madre le tiene que mirar no con pena sino a los ojos y decirle tú eres único, eres el ser más valioso que hay, ellos no te entienden porque eres especial y cuando esto lo digas desde tu corazón y él sienta que así lo sientes, a la vuelta de los años te dará la sorpresa de que está haciendo Bellas Artes, sacando notas buenísimas (cuando los profesores vaticinaron derrotas) y escucharás de sus labios: mamá soy la persona más feliz.
Gracias
domingo, 29 de mayo de 2016

Todo es perfecto

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena

En su sitio. Fotografía Mariaje 

Hace aproximadamente doce años mi madre enfermó. Fue una cruel, indigna y devastadora enfermedad que desestabilizó mi vida interna y externamente.

Por aquel entonces yo acababa de leer la autobiografía de Ernesto Cardenal, monje, místico, poeta y ministro de cultura de Nicaragua durante el gobierno sandinista. Tres tomos de unas quinientas páginas cada uno. Pues bien, entre tanta confesión, anécdotas, palabras y pensamientos, hubo una frase que resaltó por encima: “Todo es perfecto”.

Al principio me chirrió enormemente. No la entendía y la rechacé de plano. Luego, como no dejaba de darle vueltas, busqué argumentos lógicos e ilógicos para combatirla. ¿Cómo iba a ser todo perfecto en aquella situación, entre tanto sufrimiento y desamparo? No necesitaba nada más que la enfermedad de mi madre para demostrar su falta de sostenibilidad.

Pasaban los días y, de tanto pensar en ella, se acabó convirtiendo en un mantra. No entendía, pero repetía. Y ello me serenaba, me restaba ansiedad, me hacía ver un poco más allá de mi triste realidad. Me la acabé creyendo, como se cree en el Padre Nuestro cuando te lo enseñan de pequeña: irracionalmente.

Necesité años para entenderla de verdad y hacerla mía. Y necesité aún más tiempo para expresarla públicamente, por miedo al rechazo y a ser considerada una estúpida.

Ahora, que me la creo y la comparto con frecuencia, me siento feliz cuando encuentro a alguien que también se la cree, cuando no tengo que explicarla ni convencer porque hablamos un mismo lenguaje: aquel que nos enseñó el dolor. El que aprendimos de nuestros propios sufrimientos.

viernes, 27 de mayo de 2016

Toma de decisiones

La Vanguardia 04/2016
“Tenemos que habituarnos a vivir con la probabilidad y no con la certeza Giorgio Nardone”
El miedo a decidir es una las pandemias que sufre la sociedad actual, tal y como defiende este psicólogo italiano

Cada día tomamos decisiones. A cada momento. A veces somos más conscientes de ello, otras ni nos damos cuenta; unas son más banales, otras más trascendentales. Pero siempre estamos tomando decisiones. Y es que la vida nos obliga continuamente a elegir. Pero no por habitual, esta práctica sea más placentera. Todo lo contrario. Hay personas que tienen miedo a decidir, que sienten pánico ante la idea de tener que escoger. Y eso las puede llegar a incapacitar en su día a día, porque como asegura el psicólogo Giorgio Nardone en su último libro, El miedo a decidir , un día u otro nos tocará decidir.
Delegar la responsabilidad de elegir en otros, explica Nardone, es una de las tácticas que utilizan estas personas ante el pánico que experimentan frente a una elección. “Pero sólo eres libre cuando eres responsable de tus decisiones”, explica el psicólogo italiano a La Vanguardia. “Es un gesto de libertad diaria, pero la mayoría quiere menos responsabilidad, cuando en realidad, a mayor responsabilidad, mayor libertad”, remata.
Sólo eres libre cuando eres responsable de tus decisiones .
Ante la toma de una decisión, hay cinco miedos, según Nardone, que pueden entrar a escena: el miedo a equivocarnos, a no estar a la altura, a exponerse al juicio de los demás, a perder el control y a la impopularidad. El primero es el más recurrente, quizás el más universal, y es que “queremos evitar el error”, esgrime este psicólogo. Mientras que tras el segundo puede esconderse una baja autoestima, o lo que vendría a ser lo mismo: la idea de no ser capaz “de tomar la mejor decisión”, como relata en el libro este especialista, creador de la Terapia Breve Estratégica y uno de los mayores exponentes de la llamada Escuela de Palo Alto.
El miedo a exponerse al juicio de los demás, como el de equivocarse, quizás sea uno de los más extendidos, aunque seguramente constituya uno de los más paradójicos. Y lo es por el simple hecho de que lo que piensen los demás de una persona trasciende al control de ésta. Es una utopía querer controlar los juicios de los otros, como lo es querer tener la certeza de que seremos capaces de controlar la nueva situación que se derive de la toma de una decisión. Ya lo decía Buda: “La búsqueda de certidumbre conduce a la incertidumbre”. “No hay que caer en la trampa del exceso de rigor”, escribe Nardone en su última obra, y es que “conduce a la asfixia de la capacidad”. “Tenemos que acostumbrarnos a vivir con la probabilidad y no con la certeza, porque de ahí sólo partimos hacia la inseguridad y al bloqueo”, agrega.
Con respecto al miedo a la impopularidad, Nardone resume su punto de vista a través de una sentencia muy explícita: “Saberse amado es una necesidad primordial, pero la necesidad de sentirse amado por todos es su expresión disfuncional”. Al final todo se reduce a lo que hace ya más de 1.500 años sentenciaba el filósofo estoico Epicteto: “No son los hechos en sí los que perturban a los hombres, sino los juicios que los hombres formulan sobre los hechos”. Una idea, ésta, que Nardone remata en su libro citando a Ludwig Wittgenstein, quien aseguraba que “la realidad es el fruto del lenguaje que utilizamos para describirla”.
Preguntas incorrectas
Hay que tener en cuenta también que, a veces, la respuesta a un dilema se convierte en una quimera porque la pregunta está mal planteada y, en consecuencia, no tiene solución, tal como defendía Immanuel Kant. “O concretamos las preguntas o lo único que hacemos es crear contextos indecidibles”, señala Nardone. Para este psicólogo también es necesario acabar con la idea falaz de la existencia de decisiones irrevocables, porque es un planteamiento incierto. Muchas veces se puede deshacer lo hecho.
La realidad es el fruto del lenguaje que utilizamos para describirla (Ludwig Wittgenstein). Filósofo
De lo que relata Nardone en ‘El miedo a decidir’ se extrae la idea de que lo más importante a la hora de elegir es la gestión del miedo. “Sólo quien ha tenido miedo puede ser valiente; lo demás es únicamente inconsciencia”, arguye el psicólogo italiano en su libro. Y es que para él es evidente que todos tenemos miedo, pero la diferencia entre el valiente y el miedoso es que “el primero lo acepta y lo gestiona, mientras que el segundo no lo acepta y lo sufre”. En consecuencia, es evidente que el camino a seguir no es evitar el miedo, ya que “cuanto más se evita”, esgrime, “más se alimenta”.
Este psicólogo asegura que la única vía para superar el miedo es evocándolo. Vendría a ser como lo que defendía en su día William Shakespeare, quien postuló que “el loco es aquel que intenta expulsar su propia sombra y se pierde en ella”. Nardone habla de practicar la “tortura voluntaria”, que consiste en dedicar cinco minutos al día a evocar pensamientos e imágenes no deseadas para que la mente acabe rechazándolas con el tiempo. “Es la estrategia de echar más leña al fuego”, apunta.
Así pues, todo se reduce a tener la capacidad de enfrentarnos a nuestros miedos a la hora de decidir, algo relativamente fácil de teorizar pero difícil de llevar a la práctica. Pero lo cortés no quita lo valiente, y como reza un conocido koan japonés: “Aplazar las decisiones nos hace perder la capacidad de decidir”.
jueves, 26 de mayo de 2016

Lo que somos es consciencia

Entrevista a Enrique Martínez Lozano

EL YO ES UNA FORMA QUE TOMA LA VIDA

Entrevista de Javier Pagola, con motivo de la participación en el Foro GOGOA de Pamplona, en Diario de Noticias de Navarra, octubre de 2015.


¿Quién es Enrique Martínez Lozano? ¿Cuáles son los principales rasgos de su búsqueda y de sus pretensiones actuales?
Soy una “forma” más en que la Vida se expresa, y soy esa misma Vida que somos todos. No tengo ninguna pretensión, tampoco busco nada; me siento habitado por el Anhelo de rendirme por completo a la Vida que somos, lo cual requiere que mi yo se quite de en medio. En ese aprendizaje estoy.
Somos hijos de la Modernidad, y de ella hemos aprendido que las personas ya no podemos prescindir de la racionalidad y la autonomía. Lo que no es razonable no puede sostenerse, y no hay nadie “fuera” que maneje nuestros asuntos. Este paradigma cultural, esta manera de ver las cosas, ¿qué ha significado para la liberación de la humanidad? Y ¿qué limitaciones ha supuesto para  acceder al conocimiento  y a la verdad?
La Modernidad supuso un momento más en la evolución de la consciencia, caracterizado por la racionalidad y la autonomía, en contraste con el mito y la heteronomía, propios del nivel de consciencia anterior. Tanto el “espíritu crítico” –pensemos en los llamados “maestros de la sospecha” (Marx, Nietzsche, Freud)– como la llamada a la “mayoría de edad” (Kant) resultan una adquisición irrenunciable para la humanidad, si no queremos volver a la irracionalidad y a la sumisión infantil. La trampa de la Modernidad –o su límite– radica en la absolutización de la razón: si bien es cierto que todo tiene que ser razonable (no irracional), no lo es que solo sea racional; de hecho, la Verdad –como la Realidad misma– es trans-racional. La Modernidad se equivocó al absolutizar la razón y el yo, olvidando la consciencia, y colectivamente estamos aún atascados en aquel enredo.
Cada cual  para desarrollar su personalidad construye un YO, a veces  un ego muy poderoso. ¿Es esa una necesidad? ¿Se paga algún precio por ella?
Lo que llamamos “yo” no es sino el resultado de la emergencia de la mente, en un momento determinado de la evolución de la consciencia. Pero, en realidad, el “yo” no es nada más que el centro operativo de nuestra vida mental y emocional. Evidentemente, necesitamos construirlo y cuidarlo. El error –fuente de confusión y de sufrimiento– se produce cuando nos identificamos con él. Podría decirse que quedamos deslumbrados por la mente hasta el punto de reducirnos a ella (a eso se le llama “yo”), olvidando que somos Consciencia ilimitada: mente (yo) es solo algo que tenemos; consciencia es lo que somos. A cualquiera que investigue le quedará claro que, como dice Fidel Delgado, “eso del yo es una broma”.
Usted habla del “final del estado egoico de la conciencia” y de la llegada del “nivel transpersonal” ¿Qué quiere decir eso de “la mirada transpersonal” o de “vivir una experiencia transpersonal”?
Justamente eso: la mente, el yo, la persona… no es el final. Absolutizar esas realidades equivaldría nada menos que a decretar una especie de estancamiento de la consciencia. Todos ellos son solo “objetos” dentro del campo de la consciencia. Por más que se resistan quienes han crecido en el “personalismo” (filosófico o religioso), la Realidad es siempre “trans”: se halla siempre “más allá” (en realidad, más acá, porque lo “trans” es lo más profundo e íntimo) de todo lo que podamos nombrar: la mente es una herramienta, el yo es el centro psíquico, la persona es el “papel” con el que la Consciencia (la Vida) se disfraza…
¿Cuál es la distancia entre lo racional y lo real?
La que va del concepto a la Verdad, del pensamiento a la Vida, de la mente al Ser. La razón es una herramienta preciosa que se pervierte cuando se absolutiza. Hay vida más allá de la razón. Como ha escrito el psicólogo Giorgio Nardone, “Es una perversión de la inteligencia creer que la razón lo solventa todo".
¿La mente es una herramienta valiosa? ¿Para qué?
Valiosa e imprescindible para movernos en el mundo de los objetos, sean físicos (materiales), mentales o emocionales. Es valiosa también para mantener el espíritu crítico y denunciar engaños. Pero no es herramienta adecuada para conocer todo aquello que no es objeto.
Usted en sus escritos y charlas invita a “otro modo de ver y de vivir” y a superar el modelo dualista, cartesiano, de conocimiento que considera agotado. ¿Puede usted explicar, con algún ejemplo, que es eso del dualismo?
El dualismo es solo una creencia errónea que nos hace pensar que la realidad es una suma de objetos separados. Tal creencia es consecuencia de la propia naturaleza de la mente –separadora y objetivadora–, ya que pensar equivale a delimitar. De ahí que, al absolutizar la mente y creer que las cosas son como ella las ve, caemos en el dualismo. Pero la Realidad es solo una; no existe nada separado de nada. Tú y yo, por ejemplo, somos no-dos: no somos iguales, pero somos lo mismo. Y es una buena noticia que la misma ciencia nos lo haga ver.
¿Qué signos,  evidencias, o líneas de investigación –por ejemplo, en la física cuántica o la neurociencia encuentra usted en el tiempo actual que indiquen que el modelo dual de cognición se está agotando?
La ciencia habla ya de dos diferentes niveles de lo real: el aparente –el mundo de las formas, que nos entra a través de los sentidos neurobiológicos– y el cuántico, lo que le lleva a concluir que “las cosas no son lo que parecen” y a intuir un nivel todavía más profundo al que designa como “campo unificado de consciencia”, del que estarían brotando los otros dos. Es significativo que la nueva física, apenas se acerca al mundo de las partículas subatómicas, descubre que el “modelo mental” (dual) es insostenible: por una parte, el llamado “sentido común” salta por los aires; por otra, se ve obligada a adoptar una perspectiva no-dual.
¿Qué ventajas tiene abrirse a una perspectiva no dual de conocimiento?
Si lo Realidad es no-dual, nunca llegaremos a ella a través del modelo mental (dual). Reconociendo el ámbito propio de este, es necesario trascenderlo para pasar del conocimiento por análisis y reflexión –propio de él–, al conocimiento por identidad o “conocimiento silencioso”, del que siempre han hablado sabios y místicos. Por decirlo brevemente: No conocemos quiénes somos pensando, sino únicamente siéndolo.
¿Qué significa “conocer por identidad”, conocer algo porque lo somos?
La única forma posible de conocer todo aquello que no es objeto. De hecho, si te piensas –eso es conocer desde la mente– te verás como un “objeto”: ya te has tomado por lo que no eres, olvidando lo que eres. Además, ¿cómo la mente –que es una herramienta que tienes y, por tanto, una parte de ti– podría saber quién eres? Solo lo sabrás cuando lo seas: este es el conocimiento por identidad. En realidad, es el modo de conocer todo lo que no es objetivable. Aplicándolo a Dios, el místico cristiano del siglo XVII, Angelus Silesius, lo expresaba con estas palabras: “Qué sea Dios, lo ignoramos…; es lo que ni tú ni yo ni ninguna criatura ha sabido jamás antes de haberse convertido en lo que Él es”.  Y así se nos hace evidente la sabiduría contenida en aquella inscripción del templo de Delfos: “Hombre, conócete a ti mismo, y conocerás al Universo y a los dioses”. Dado que lo Real es no-dual, al conocer lo que eres, estás conociendo el Fondo de lo que es ya que, como bien dijera el Maestro Eckhart, “el fondo de Dios y mi fondo es el mismo Fondo”.
¿Por qué hay que silenciar y acallar la mente? ¿Para qué hacerlo?
Es necesario acallar la mente si queremos ver con claridad. De lo contrario, la mente se interpone como un filtro que deforma aquello que la trasciende (porque, dada su propia naturaleza, lo reduce a mero objeto, aunque lo escriba con mayúscula). Aunque es importante subrayar que no se silencia la mente por el gusto de lo irracional, sino precisamente para poder ver más allá de ella. Una vez más, quizás sea necesario recordar que la mente es una herramienta muy valiosa, pero muy limitada. Y que, más allá del conocimiento que nos proporciona, existe otro al que solo tenemos acceso cuando aprendemos a silenciarla: aquieta la mente, saborea la realidad… y surgirá sabiduría.
Usted realiza una continuada práctica meditativa. ¿En qué consiste básicamente? ¿Precisa entrenamiento? ¿Qué beneficios le produce?
La práctica meditativa es el entrenamiento –“gimnasia sagrada”, la llama el psicólogo José Mª Doria– para acallar la mente y no reducirnos a ella. Se experimenta que tenemos mente, pero no somos la mente, y nos va haciendo diestros en vivir en coherencia con esa nueva consciencia que se regala en el conocimiento transmental o silencioso.
¿Meditar significa apartarse de la realidad o de lo social?
Meditar –lo dice uno de los sentidos de la misma palaba: med-itari, “ir al centro” no solo no es apartarse de la realidad, sino llegar a su corazón. Esto no niega, sin embargo, que,  como en todo lo humano, también aquí puedan darse ambigüedades y engaños, como cuando se hace de la práctica meditativa una especie de refugio narcisista frente a una realidad que no se quiere afrontar. Pero ahí no hablaríamos de meditación, sino de “escapismo espiritual”. En su sentido más hondo, la meditación no es una práctica, sino un estado de consciencia, caracterizado por la percepción de la no-dualidad, que lleva a reconocer: “Yo soy todas las cosas”. Como es sabido, esta es una expresión de Jesús de Nazaret –está recogida en el logion77 del Evangelio de Tomás– y es compartida por toda persona que ha vivido una experiencia de “despertar”.
¿Cree usted que solo hay vida en el presente? ¿Qué quiere decir con eso?
El presente no es algo cronológico –eso sería solo un instante fugaz–, sino Aquello que contiene el tiempo. En este sentido, podría hablarse quizás mejor de Presencia, y sería una realidad equivalente a Consciencia y a Vida.
¿Dónde podemos encontrar el sentido de la vida?
El “sentido de la vida” no es algo añadido, como tampoco es algo que nos faltara. En la vivencia no-dual queda radicalmente manifiesto que ya somos todo aquello que nuestra mente buscaba. Si me permites una alusión personal, podría decirte que pasé muchos años buscando, ansiosa y dolorosamente, el sentido de mi vida; cuando, finalmente, la Consciencia se hizo luz en mí, comprendí y vi con claridad que la vida estaba llena de sentido. Si ahora tuviera que formularlo conceptualmente para responder a tu pregunta, lo diría de esta forma: El sentido de la vida consiste en reconocerse uno con la vida y fluir con ella. Los poetas también saben verlo. Así se expresaba Rainer Maria Rilke, en una de sus Cartas a un joven  poeta: “Por lo demás, deje que la vida vaya sucediendo y traiga lo que tenga que traer. Créame, la vida siempre, siempre tiene razón”.
Volvamos al principio. Usted plantea que la pregunta esencial es: ¿Quién soy yo? Pero ¿cómo se la responde a usted mismo?
Me surge espontánea la respuesta que en alguna ocasión dio Jesús: “Yo soy la Vida”. Y sé que esa es la respuesta adecuada para todo ser humano. No soy nada de aquello que pueda aparecer en el campo de la consciencia, sino la Consciencia misma (la Vida) en la que todo aparece. Y de ahí brota precisamente la única certeza a la que podemos tener acceso, en la que se asientan la seguridad y la confianza: la certeza de ser. La única certeza que se mantiene en pie cuando todas las ideas o creencias han caído. No necesitamos más.
miércoles, 25 de mayo de 2016

El comer y el beber



Entonces, un viejo que tenía una posada dijo: Háblanos del comer y del beber.
Y él respondió:
Ojalá pudiérais vivir de la fragancia de la tierra y, como planta del aire, ser alimentados por la luz.
Pero, ya que debéis matar para comer y robar al recién nacido la leche de su madre para apagar vuestra sed, haced de ello un acto de adoración.
Y haced que vuestra mesa sea un altar en el que lo puro y lo inocente, el buque y la pradera sean sacrificados a aquello que es más puro y aún inocente que el hombre.
Cuando matéis un animal, decidle en vuestro corazón: "El mismo poder que te sacrifica, me sacrifica también; yo seré también destruido.
La misma ley que te entrega en mis manos me entregará a mí en manos más poderosas.
Tu sangre y mi sangre no son otra cosa que la savia que alimenta el árbol del cielo."
Y, cuando mordáis una manzana, decidle en vuestro corazón:
"Tus semillas vivirán en mi cuerpo.
Y los botones de tu mañana florecerán en mi corazón. Y tu fragancia será mi aliento.
Y gozaremos juntos a través de todas las estaciones."
Y, en el otoño, cuando reunáis las uvas de vuestras vides para el lagar, decid en vuestro corazón:
"Yo soy también una vid y mi fruto será llevado al lagar. Y, como vino nuevo será guardado en vasos eternos."
Y, en el invierno, cuando sorbáis el vino, que haya en vuestro corazón un canto para cada copa.
Y que haya en ese canto un recuerdo para los días otoña­les y para la vid y para el lagar.

(Khalil Gibrán fue (aparte de pintor) poeta, novelista y ensayista. Nació en Líbano, aunque escribió su obra en inglés, ya que gran parte de su vida residió en Estados Unidos 
El profeta es un libro que mezcla espiritualidad, sabiduría y poesía en prosa. Está dividido en varias partes, en las que Almustafá (el profeta), con tono sentencioso y a la vez poético, va tratando diferentes temas esenciales del Hombre, como "el amor", "el matrimonio", "la alegría y el dolor", "la libertad", "el conocimiento"... )
martes, 24 de mayo de 2016

Ayuda a tus hijos a crecer

Rosa
He realizado un curso denominado "Ayuda a tus hijos a crecer", doy gracias por haberme llegado, a pesar de que mi hijo ya tiene dieciocho años, y pienso si me hubiera llegado antes, toda esta información extra, mi camino hubiera sido mas llevadero, pero como he aprendido " vino cuando tenia que llegar, igual no hubiera estado tan receptiva.
El curso ha supuesto para mi, un crecimiento hacia dentro de mi persona, como me relacionó conmigo misma, para poder mejorar la relación con mi hijo, han aflorado miedos ocultos, que han hecho que me plantee las cosas con mas fuerza e ilusión
Ha sido una novedad para mi, cómo se ha llevado a cabo, la exposición individual y la participación colectiva, por la gente que en él ha participado y he conocido, el calor humano que he recibido, el clima de apoyo mutuo que se respiraba sin ningún tipo de juicio.
Esa cita todos los lunes por la tarde era como un relax, vida para mi alma, compartir con mis compañeras inquietudes, dudas y miedos, escucharlas a ellas me ha reconfortado mucho, que la semana se afrontaba con otra cara.
He aprendido que para ayudar a mi hijo a crecer, tengo que conocerle en todos sus aspectos, desde sus atenciones físicas, hasta su forma de ser, pensar  y decidir. Estar pendiente y ayudar a desarrollar, su parte biológica, racional, emocional y social.
He aprendido que él se sentirá seguro en su aprendizaje y en la toma de decisiones, con un estilo educativo democrático, aunque en algunas situaciones puede ser conveniente utilizar otro estilo educativo, que pueda puntualmente ser mas eficaz.
He aprendido que mis sentimientos tristeza,rabia,ira,culpa,miedo,etc, no son muestra de debilidad, aunque no nos guste sentirlos, tengo que aprender a lidiar con ello y expresarlos adecuadamente. Las emociones son valiosísimas, mas debo atenderle, quererle y escucharle sin juzgarle.
He aprendido que las normas y los limites son imprescindibles, les genera seguridad y protección, les ayuda saber a que atenerse, van creando su propia escala de valores.
He aprendido que los conflictos son una oportunidad para salvar las diferencias y crecer juntos, es un ejercicio de tolerancia, siendo muy importante la negociación.
He aprendido que yo hablo mucho, me enfado y no escucho y debo escuchar mas a mi hijo.
De entre todos los temas que se han abordado, el mas importante ha sido los MENSAJES EN PRIMERA PERSONA Y EN PRESENTE, donde expreso mis sentimientos y opiniones, tanto positivos como negativos, sin herirle ni atacarle y no crear una lucha de poder.
lunes, 23 de mayo de 2016

Las necesidades humanas "La seguridad"

Pax Vostrum
Beatriz

En el anterior post te prometí que iba a seguir hablándote de las necesidades humanas según el “Coaching de intervención estratégica”  y de los vehículos que utilizamos para cubrirlas.    (Es una formación que estoy realizando actualmente, que me está entusiasmando y aportando muy buenas herramientas de crecimiento).  
Desde esta disciplina existen seis necesidades básicas que todo ser humano tiene, necesidades que cubrimos mediante nuestras acciones y hábitos.
A las cuatro primeras se las llama necesidades básicas y son la seguridad, la variedad, la importancia y el amor/conexión.  A las dos siguientes se las llama necesidades espirituales y son el crecimiento y la contribución.
En el anterior post te hablé de una de ellas, de la variedad y de los vehículos que utilizamos para cubrirla.  ¿Ya tienes fichados todos tus vehículos? ¿Ya tienes identificados los hábitos, acciones, cosas que haces para tener sensación de variedad?
Hoy te voy a hablar (más bien vas a leer, je,je…)  sobre la necesidad de seguridad.   
Todos queremos sentirnos seguros, queremos evitar el dolor, el sufrimiento y sentirnos cómodos en nuestro entorno.     Necesitamos tener sensación de que nuestra vida es segura, que tenemos comida, techo y afecto.
Por supuesto, cada persona en  mayor o menor medida. 
Hay gente que necesite mucha seguridad y que no estaría dispuesta “jamás de los jamases” a hacer determinadas cosas y otras que lo contrario.
Muchas veces queremos tener variedad en nuestra vida, queremos hacer cosas diferentes, tener nuevas experiencias, arriesgar, lanzarnos a algo,  pero tenemos una necesidad de seguridad de fondo tan grande que nos paraliza e impide hacer nada nuevo.
Por todo ello es esclarecedor conocer nuestra jerarquía de necesidades.    ¿Cómo ordenarías tú esas seis necesidades?  No me refiero a lo que te gustaría, sino a lo que haces operativamente en tu día a día.  ¿A qué das prioridad? 
Pregúntate lo siguiente:    ¿Prefieres tener amor o conexión con las personas aunque eso implique riesgos? ¿Amas a las personas aunque ellas no te amen a ti, o prefieres sentir primero que te aman para entregarte?  ¿Eres de los que dice que mejor solo que mal acompañado? ¿Prefieres contribuir y aportar a los demás aunque te suponga exponerte, equivocarte, arriesgar y que te juzguen? ¿Te gusta crecer y avanzar, o prefieres quedarte donde estás y no moverte mucho?  ¿Suscribes el dicho más vale malo conocido que bueno por conocer? ¿O eres de los que piensan que lo mejor está por llegar?  ¿Necesitas hacer muchas cosas diferentes cada día? ¿O te agobia tener muchas tareas?
No tienes que juzgarte, no está bien ni mal… simplemente son tus necesidades actuales y es la foto de tu momento presente.  Muchas veces, el orden no es nuestro, lo hemos heredado, nos ha venido impuesto, o lo hemos establecido así para protegernos, para prevenirnos de algo, para no sufrir, etc. Cuando esto sucede, suele haber conflictos en nuestra vida, porque lo que queremos no coincide con lo que hacemos.    De ahí la importancia de conocer tus necesidades reales, aquellas que tu corazón demanda.
La comida, el tabaco, las drogas, el alcohol, rezar, la fe, la espiritualidad, el trabajo, las rutinas, los hijos, la pareja... son algunos ejemplos de los vehículos que utilizamos para cubrir nuestra necesidad de seguridad, pero hay muchos más.  ¿Cuáles dirías que son los tuyos?  ¿Qué es lo que haces en tu vida para tener sensación de seguridad?  Y esos vehículos que utilizas, ¿son buenos para ti? ¿Son buenos para los demás? ¿Y son sostenibles en el tiempo?  La clave está en cambiar aquellos vehículos que nos limitan, que nos hacen daño, que nos son buenos para nosotros, por otros más ecológicos y sanos para nosotros, porque la necesidad de seguridad la tenemos que cubrir sí o sí.
Para el próximo mes te cuento un poco más acerca de estos vehículos y de otra de nuestras necesidades, así vas haciendo tu puzzle, hasta que todas las piezas encajen.
Un fuerte abrazo. 


domingo, 22 de mayo de 2016

Renacer

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena

En flor, foto Mariaje

Siempre la Naturaleza ha sido para mí una fuente de alegría vital, de esperanza, de ilusión y de aprendizaje.

Cuando camino por parques, bosques o campos y veo los árboles brotando, las pequeñas flores asomando y el cambio de colorido ambiental, no dejo de asombrarme del milagro de la vida. Me pregunto cómo es posible que de unas ramas, aparentemente secas, puedan surgir esos brotes nuevos; cómo de un suelo yermo y gris nazca un verde tan intenso y unas flores tan vistosas; y cómo un paisaje tan apagado y frío se vaya convirtiendo, poco a poco,  en un tapiz multicolor.

Si esto es posible –Y lo es, porque lo estoy viendo– cualquier cosa puede serlo, por imposible que parezca.

Si un árbol brota de colorido y vida ¿cómo no vamos a brotar nosotros de lo mismo? Si un campo muerto sonríe de nuevo al sol, mostrando toda su hermosura ¿cómo no podremos nosotros mostrar la nuestra, si hemos sido mojados por la misma lluvia y ateridos por el mismo frío? Si las flores nacen una año tras otro a consecuencia de las semillas llevadas por el viento ¿cómo no nosotros?

Renacer es una fiesta en sí mismo. Y celebrarlo, otra.

Es darnos más oportunidades de aprender, de entender, de seguir creciendo, de experimentar en nuestra vida, de VIVIR (así, en mayúsculas), de encontrar sentido, de encajar las piezas del puzzle, de perdonar, de liberarnos, de dejarnos asombrar, de fluir…

Basta mirar los esqueléticos cerezos en flor para darnos cuenta de esto.

sábado, 21 de mayo de 2016

No dejes de soñar




Hay una estrella en tu interior, 
Ya sé que no la puedes ver. 
Hay tanta luz que se apagó, 
Ya sé que tu dolor se fue. 

Y cuéntame, puedes contar, 
No juzgaré tus pasos. 
¡Escúchame, te escucharé! 

Pusiste todo el corazón. 
Al final todo salió mal. 
Mi corazón se equivocó, 
Pero tu amor era verdad. 
La realidad puede pesar dentro de ti, amiga 

¡Te quiero! ¡Te quiero! amiga. 
¡Te quiero! ¡Te quiero! 
¡No dejes de soñar! 
¡No dejes de soñar! 
¡No dejes de soñar, amigo! 
¡No dejes de soñar! 
¡No dejes de soñar! 
¡No dejes de soñar, amigo! 

Cuando preguntes el porqué, 
Comienza por pensar en ti. 

Cuando te olvides otra vez, 
Empieza por quererte a ti. 

Y cuéntame, puedes contar, 
Conmigo a cada paso. 
¡Escúchame, te escucharé! 

Porque la vida tuya es, 
Y siempre tienes que luchar. 
Y a veces tienes que perder, 
Para luego poder ganar; 
Para sentir, para vivir, 
Para soñar, ¡amigo! 

¡Te quiero! ¡Te quiero! 
¡Te quiero! ¡Te quiero! 
¡No dejes de soñar! 
¡No dejes de soñar! 
¡No dejes de soñar, amigo! 
¡No dejes de soñar! 
¡No dejes de soñar! 
¡No dejes de soñar, amigo! 
¡Eh tú, no dejes de soñar! 
¡No dejes de soñar! 
¡Oh, oh, oh, oh, oh, oh,... ! 
¡No dejes de soñar! 

¡Oh, oh, oh, oh, oh, oh,... !
viernes, 20 de mayo de 2016

Familias de acogida

Isabel Herrera
LA NUEVA CRONICA DE LEON | MAYO 2016

"Se van, pero la felicidad que te dejan es más grande, compensa"
Elisabet y Pablo relatan su experiencia
como familia de acogida
Elisabet y Pablo no han renunciado a tener hijos biológicos, pero, mientras llegan y no, ejercen como padres de acogida. Ella llevaba tiempo con ganas de atender la petición de aquel cartel que veía a diario en su centro de trabajo con la foto de un niño y la frase ‘Necesito una familia’. Pero él tenía sus temores por aquello de que luego ‘te los quitan’. Hasta que un día le pilló con la guardia baja y aceptó, y Elisabet no perdió la oportunidad y fue corriendo, cuenta, a Cruz Roja, para solicitar información. Era febrero de 2014 y, desde entonces hasta hoy, el proceso no ha parado. En junio de ese año hicieron el curso de formación, pasaron todas las entrevistas de valoración pertinentes, recibieron el ‘apto’ como familia acogedora en octubre de ese año y a día de hoy están a la espera de que les llegue otro niño, el tercero ya, y éste con perspectivas de cuidarlo hasta que cumpla los 18 (tiene seis años, para siete). 
No llevaban ni una semana en la bolsa de familias de acogida cuando recibieron el primer ofrecimiento, un bebé que estaba hospitalizado y que requería muchas atenciones. Dijeron sí, pero la salud del menor se complicó gravemente esos días y ya, lo que necesitaba el niño, no era una familia, «eran un médico y un enfermero». Y eso que se fueron con él hasta Burgos, pero no, su primera experiencia como familia de acogida no duró mucho. «Así, para empezar, una experiencia un poco fuerte», reconoce Elisabet. En todo caso no renunciaron y, a finales de noviembre de 2014 volvieron a llamar de Cruz Roja, otro niño, Óscar.
Cuando le vieron por primera vez en el centro de acogida en el que estaba tenía dos años y medio. Fue conocerlo y entrarles la prisa por tenerlo en casa. Y eso que asegura que todo el miedo que no pasas durante el proceso te entra cuando te llaman, «más que miedo, vértigo, porque por mucho que te prepares no sabes a quién vas a traer para casa, es una personilla con su carácter, aunque sean bebés, vienen de vivir cosas».
En aquella primera visita recuerda que Óscar ni se arrimó a ellos, «nos miraba de lejos, jugábamos nosotros y él observaba, que yo decía, no sé si este niño vendrá para casa...». Pero al día siguiente, cuando volvieron a verle –porque hay un proceso de adaptación antes de firmar el acogimiento– lo primero que preguntó Óscar fue dónde estaba «Pamblio». Quería decir Pablo, pero lo dijera como lo dijera el caso es que ya los había aceptado. «De ahí en adelante lo fuimos sacando a ratitos por lar tardes, luego ya días enteros... y si al principio no quería vernos, luego el problema era volver a entrar al centro, pero bueno, eso también sirve para que se vincule más a ti, que yo entonces no lo entendía, pero ahora sí». 
Óscar llegó a casa de Elisabet y Pablo el 15 de diciembre de 2014, «ese día es la leche, vamos». Y eso que «al principio es muy difícil, no sabes si vas a ser capaz, pero vamos, yo creo que no habían pasado ni 15 días cuando ya era de casa». Iba a ser un acogimiento para seis meses y al final fueron 15. Óscar ha estado con ellos hasta el pasado 21 de marzo, y le echan de menos, claro que le echan de menos, pero compensa. «La gente te suele llamar loca, te dicen que te los quitan, que es para sufrir, pero... sí, yo he sufrido mucho, pero el beneficio de felicidad es mucho más grande, compensa».
¿Anécdotas? Un millón. «Yo hay una cosa que tengo grabada –dice Elisabet–, un día del verano cuando yo llegaba a casa de trabajar y el niño estaba allí con mi marido y, según abrí la puerta, oí ‘¡mamá!, sin enseñarle, porque nunca quise que aprendiera, mi posición no era la de madre, pero ese día me dio un pinchazo muy grande, y dices, eso es porque lo estoy haciendo bien; y es que al final es lo que tiene en casa, una madre y un padre».
«Son muchas cosas las que vives; además mi mentalidad es la de exprimirlo al máximo porque como sabía que se iba a ir... yo quería correr, todos los fines de semana teníamos algo para hacer. Me decían: «Pero deja algo para la familia que se lo lleve en adopción que se va a conocer España», y yo decía que ya repetiría, lo que queríamos era dejarle experiencias porque quizá lo que viva contigo se le va a poder olvidar, pero si va por ejemplo a Carbárceno se va a acordar de que ahí ya estuvo con tres añines y medio, o salir de papón, donde está ya no lo va a ver», explica. 
«Vino un bebé y se marchó un hombrecito», cuenta Elisabet, que asegura que claro que lloras cuando se va, «sobre todo cuando ya sabes que se va a ir porque, una vez que llega el día, dices, si es que es lo que es, no me queda otra; el vacío es muy grande, recoger todas sus cosas es muy difícil, pero bueno, así me obligo a hacer sitio para lo que viene, y en vez de ser la habitación de uno será la habitación de dos, porque no pienso quitar el nombre de Óscar de la puerta, iremos añadiendo», relata.
Eso sí, la habitación cambiará para que «no sea ‘la habitación de Óscar’ y sea ‘la habitación de...’ el que viene», el nuevo miembro de la familia.
La historia de Elisabet y Pablo como familia de acogida es sólo una de las cerca de cien que conviven en la provincia de León. Y todas son pocas, porque cada poco llegan necesidades, niños que necesitan familias que les cuiden, en las que crecer, mientras se resuelve su situación, bien con su familia biológica bien con una familia de adopción.
Y como dice Elisabet, si tienes un mínimo de curiosidad, «inténtalo, con conocimiento eso sí, de principio a fin, y la verdad, una vez que has probado... yo conozco a pocas familias que no hayan repetido».
jueves, 19 de mayo de 2016

Sobre mí

Caligrafía de emociones
Jose


Quiero escuchar
de cosas positivas,
la hermosura de las rosas,
el vuelo de las aves
las plantas frescas y alegres,
voces de niños que cantan…

Quiero escuchar buenos rumores…
miércoles, 18 de mayo de 2016

Resiliencia y vulnerabilidad

El rincón del psiquiatra
Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra


Resiliencia es una palabra que proviene del latín resilire, que significa “volver a saltar”. Es un concepto utilizado en las ciencias físicas para describir “la capacidad que tiene un material para recobrar la forma original, después de someterse a una presión deformadora”. En los años setenta, del siglo pasado, fue utilizado en sociología para describir a las personas que pese a haber sufrido graves trastornos económicos eran capaces de recuperar una estabilidad psicológica, que les permitía afrontar la situación crítica de una forma sana y creadora. Fue en los años ochenta y noventa cuando el concepto se retomó por la psicología para definir la aptitud de las personas que tras haber sufrido graves conflictos (malos tratos en la infancia, pérdidas traumáticas, situaciones familiares claramente disfuncionales, etc.) eran capaces de mantener un equilibrio mental, que les proporcionaba paz y tranquilidad. Así, pues, con esta palabra queremos señalar a todos los individuos que tras la adversidad son capaces de recuperar su bienestar para proseguir con una vida productiva, en definitiva, que han sabido crecer en la crisis .
De aquí podemos concluir que la capacidad resiliente del ser humano, tiene dos aspectos: uno, la resistencia a la destrucción y otro, la capacidad para reconstruir sobre circunstancias adversas. Es lo que en el ámbito coloquial queremos decir con algunos de los siguientes dichos populares: “hacer tripas corazón”, o “sacar fuerza de flaquezas” o “no hay mal que por bien no venga”. Todos ellos lo que están indicando es que la persona tiene un aspecto positivo, que la hace acreedora para superar los tropezones, que se produzcan en su existencia. Desde luego que es una visión optimista de las posibilidades del ser humano y que se centra más “en lo que tiene”, que en lo “que le falta”.   
La resiliencia no la podemos confundir ni con una resistencia total y absoluta al daño, ni mucho menos supone una aptitud para evitar toda situación conflictiva, ni tampoco es una cualidad inalterable del individuo. Es una capacidad de toda persona, que puede desarrollarse o no, y por lo tanto es susceptible de modificación, tanto en el sentido de fortalecerse como el llegar al debilitamiento total.
Cyrulnik (2002) en la conclusión de su célebre libro Los patitos feos insiste  en que la resiliencia “es un proceso, de un conjunto de fenómenos armonizados en el que el sujeto se cuela en un contexto afectivo, social y cultural. La resiliencia es el arte de navegar en los torrentes”.
De aquí se deduce la importancia de la propia biografía de cada persona, pues es donde se ha ido construyendo su característica resiliente.
Una demostración de esto, es un estudio realizado tras los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, donde se pone de manifiesto que, si bien en una primera evaluación realizada un mes después de los atentados, la prevalencia del trastorno postraumático en la población en general era de 7,5%, pero seis meses después, este porcentaje había descendido a un 0,6%. Es decir, la mayoría de las personas afectadas por los atentados de las Torres Gemelas había seguido un proceso de recuperación natural, donde los síntomas desaparecen y vuelve a un nivel de funcionamiento normal. Eran, pues, personas resilientes.
martes, 17 de mayo de 2016

Curso "Ayuda a tus hijos a crecer"

Patri


Llegué a este curso de manera casual, a través de una compañera de trabajo.
La verdad es que cuando leí el nombre del curso “Ayuda a tus hijos a crecer” no me lo pensé, me lancé directa a apuntarme.
Había leído mucho sobre el tema de los hijos y he ido a varias intervenciones sobre como imponer normas, límites, como negociar…., algunas me han gustado y otras las borraría.
Cuando llegué aquí no traía ninguna expectativa, como te he dicho, había visto, leído y oído tanto… pero el curso me encantó y además me enganchó, la dinámica es totalmente distinta a otros cursos que había hecho.
Sobre todo me he dado cuenta de que no soy un bicho raro, sino que yo cuento mis problemas o mis situaciones tal y como las vivo y tal y como son, y hasta ahora, salvo mi madre (por eso una madre siempre es una madre…), nadie, absolutamente nadie, me entendía, o al menos eso me decían, y yo hoy me pregunto, ¿por qué?, pues porque cada uno adorna su verdad y sus historias para que quede bien de cara a la sociedad.
Sin embargo, aquí encontré una ayuda extra, me hacía falta, no estaba en mi mejor momento, la verdad que tampoco estoy ahora al 100% pero me ha ayudado mucho este grupo, sobre todo todas y cada una de las aportaciones de mis compañeras que son estupendas y la monitora que con cada intervención da luz. Aquí es donde he visto vidas reales, con sus alegrías y sus penas.
He aprendido que todo sigue un ciclo y que no lo puedo cambiar, el cambio tengo que hacerlo yo, desde dentro, porque cada niño tiene su ritmo, no son todos iguales y no podemos cortarles las alas y que sean “pequeños adultos”, en este sentido me he relajado muchísimo, he aprendido a relajarme.
Mis sentimientos están a flor de piel, me emociona casi todo y la verdad es que no me siento tan tensa y enfadada, “lo que viene conviene” se está convirtiendo en mi lema de vida.
Las normas y los límites forman parte de la convivencia pero tengo que ser firme y coherente con lo que hago y con lo que le pido a los demás, he aprendido que debo escuchar al otro para comprender la situación poniendo acento en las cosas positivas y en cuanto a las negativas recordar siempre cuanto les quiero pero que este hecho en concreto me disgusta.
Si bien el refuerzo positivo lo practico con mi hija quiero llegar a hacerlo con los demás es muy beneficioso para ambas partes y suaviza mucho el conflicto.
Conflictos que son necesarios para el desarrollo de la personalidad del niño pero que también nos ayuda a los padres para ir creando un clima de confianza a través de las soluciones que busquemos siempre conjuntamente.
Lo que he aprendido es que aún tengo mucho que aprender pero aquí me han facilitado herramientas para poder lograr un buen trabajo.
El mayor descubrimiento del Curso Ayuda a tus Hijos a Crecer; ha sido conocerme a mí misma mejor, nunca me pare a pensar sobre cómo podría resolver un conflicto o lo importante que es alabar a la otra persona, escuchar activamente, conectar con mi niña interior (sigo en ello…).
Este grupo me ha aportado maduración y progreso en esta relativamente nueva faceta de mi vida que es la de madre.
Antes de realizar este curso, pase por malos momentos, los niños no traen libros de instrucciones ni manuales, y yo parecía que no sabía hacerlo, mi error, mirar a los demás, hablar demasiado, y creerme todo lo que me decían sobre lo maravillosos que eran los hijos de los demás…
Aquí descubrí que hay gente con mis mismos problemas u otros diferentes, que ríen pero que también lloran, que también sienten impotencia en algunos momentos, que son sinceras al contar sus problemas, cristalinas, sin adornos, sin medias tintas, y ese ha sido mi mayor descubrimiento ¡VOSOTRAS!, porque habéis conseguido que me encuentre mucho mejor y sea consciente de muchas cosas tanto de las positivas como de las negativas.
Muchísimas gracias.
lunes, 16 de mayo de 2016

Ellas (y II)

El rincón del optimista
Juan
Izquierda, mi abuela Albina; derecha, mi abuela Agripina.
Mis abuelas materna y paterna no se parecían casi en nada y eso a pesar de que eran primas carnales (de padres hermanos), motivo por el que mis padres tuvieron que pedir bula papal para poderse casar por ser primos segundos. Ya sé lo que estáis pensando, en esa teoría de que los hijos de los matrimonios que son familia salen ‘tocados del ala’. Pues aquí tenéis la evidencia.
A mi abuela materna, Albina, la conocí siempre haciendo honor a su nombre, con el pelo superblanco, oronda de cuerpo y bonachona como pocos. ¿Te acuerdas abuelita, cuando te reías a carcajada limpia sentada en aquel banco de madera de la cocina cuyo respaldo pegaba en la pared, que a su vez hacía mover los cristales de la puerta de vuestra alcoba, la tuya y la del abuelito Juan? Pero qué buena eras… y qué tacaña. Siempre que te visitaba me dabas chocolate o galletas que comprabas a Ciano, el de Valverde Enrique, o alguna fruta que cogías al de Albires. Pero eso de soltar alguna pesetilla o algún durillo… No me importaba, te quería igual. Vaya paciencia que tuviste con el tío Pepe, cuando se ponía tan alterado fruto de la mezcla de la medicación y el vino. Te recuerdo migando pan para las sopas de ajo o la berza para el cocido con aquel cuchillo con la hoja tan desgastada que parecía ya aguja de tejer. Y tu enorme pachorra. Cómo me recuerdas a la vieja del visillo que ha popularizado el gran José Mota, pues para ahorrar luz te ponías a coser a la tenue luz de la ventana que daba a la calle. No se te pasaba ni un transeúnte.  Hasta controlabas quien subía y bajaba al coche de línea y eso que la carretera quedaba un poco distante, pero conservaste la vista de lejos y de cerca, mucho mejor que el oído que lo tenías algo bastante durillo.
La muerte vino a visitarte como seguro que todos deseamos: de bien mayor y sin avisar. Recuerdo que tuve que pedir permiso cuando estaba en la mili en Burgos por aquellos días de final de abril del 87 para venir a tu entierro. Me llamó mamá y me informó que el tío Pepe te había encontrado en el suelo del hornillo muerta de un infarto fulminante. Pobre Pepín, menudo susto. Seguro que te perdonó pronto por aquello sabiendo que no sufriste nada. Y así te reencontraste con el abuelo trece años después de su partida.
Pero en un par de cosas sí que se parecían las abuelas Albina y Agripina: en sus nombres con origen en la antigüedad; y en la barba espesa que les crecía a ambas (si una mujer se afeita cada día le sale la barba igual que a los hombres, doy fe). A mi abuela Agripina la recuerdo siempre muy delgada, enferma, soportando esa eterna depresión que en un momento dado se convertía en euforia. Paciente bipolar de libro. ¿Te acuerdas abuelita  cuando me dabas la propina que decías que esa iba a ser la última que me dabas y pasaron casi 40 años oyendo esa retahíla? Te recuerdo siempre agachadina, vestida de luto riguroso por la muerte del abuelo Nazario allá por el 78, todo el día sentada a la lumbre, poniendo paja y palos en la hornilla para calentar el puchero del cocido. Me encantaba ir a comer a tu casa sabiendo de antemano el menú: sopa de fideos, garbanzos y carne. O los días de fiesta que hacías aquellos huevos guisados tan ricos… No olvidaré nunca que tú me enseñaste a hacer el nudo de los cordones de las zapatillas y también a peinarme yo solo con raya a un lado. Es curioso que la casi ceguera que padecías la suplías con un tacto exquisito. Cómo ayudabas a papá, tu único hijo que sobrevivió de los cuatro que pariste. Estabas muy atenta para dar la luz de la cuadra cuando llegaba de las faenas del campo para atender el ganado. Luego hervías la leche recién ordeñada, fregabas, cocinabas, encendías la lumbre, preparabas todo lo necesario para hacer la matanza… Qué fuertes eran las cuerdas que hacía papá con los cabellos que sacabas tras peinarte cada mañana tu melena canosa acabada en moño. Si estabas en la etapa de bajón sólo te escuchaba aquel constante ¡Ay Dios mío!, pero si habías logrado ‘espantar la mosca’ eras la mejor reportera del mundo, pues comenzabas a encadenar una pregunta con otra sobre nuestras vidas y la de nuestro entorno que te enterabas de todo en un santiamén. Las mejores respuestas de una entrevista se logran haciendo buenas preguntas, sin dejarse nada en el tintero. Esa máxima de mi profesión creo que la aprendí también de ti. Gracias abuela.
De nada sirvieron tus llamadas de atención queriendo precipitar tu partida porque llegó cuando tenía que llegar. Fue en 1996 y decidimos velar tu cuerpo en casa, a la antigua usanza. Aquella noche fue muy especial. Recuerdo haber reído, rezado y llorado como nunca en tan poco espacio de tiempo. Aquello fue un velatorio y no lo que se hace ahora en los tanatorios, ¿no te parece?
Pues eso, abuela Albina y abuela Agripina, que se agradece tanta enseñanza y de tan buena calidad. Yo me alegro mucho de haberos conocido, porque ya sabéis lo que dice el refrán: ‘Quien no conoció abuela, no conoció cosa buena’.
Y que se os añora y que se os quiere.
Asín sea.
domingo, 15 de mayo de 2016

Señales

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena
Señal confirmatoria, foto Mariaje 
Cuando caminamos buscamos señales confirmatorias de la ruta. Cuando viajamos, mapas y planos que nos den seguridad. Cuando visitamos lugares nuevos, guías que nos orienten (personales o virtuales, da igual). Cuando exploramos por nuestra cuenta, pistas para no perdernos.
Estamos rodeados de señales. Y las buscamos una y otra vez.
Pero, a veces, buscamos tantas que nos confunden. O están tan claras que nos asustan. O se contradicen. O no las vemos porque son muy pequeñitas o porque no son vistosas. O, simplemente, porque no queremos verlas y preferimos ignorarlas haciéndonos los tontos.
Cierto es que nuestra ansiedad nos juega malas pasadas y puede ocurrir que interpretemos de modo incorrecto las señales que vamos encontrando en nuestro caminar cotidiano. Pero ello no impide volver por el camino fallido una vez que nos hayamos dado cuenta del error. El reconocimiento y el retorno será un nuevo aprendizaje. Y, por mucho que hubiésemos andado, la vuelta no tendrá nada que ver con la ida.
Las señales nos indican, nos confirman, nos dan seguridad o nos la quitan. Siempre nos ayudan. Y es casi imposible no verlas.
Emitimos y recibimos un montón de ellas al día. Miramos, vemos, olemos, tocamos, escuchamos, pensamos, sentimos, transmitimos energía del tipo que sea, sonreímos… No estamos asépticamente protegidos ni nos movemos en territorios neutros. Todo (y todos) a nuestro alrededor son señales
¿Cómo, entonces, somos tan reacios a escucharlas y a tenerlas en cuenta? ¿Por qué las ignoramos o las menospreciamos tan alegremente?
sábado, 14 de mayo de 2016

Perdóname


¡Cuántas veces, a lo largo del día, necesitamos decirlo!
¡No tengas miedo!
Pedir perdón es de personas que reconocen sus debilidades.
No hay amor sin perdón.
Disfruta de la canción

viernes, 13 de mayo de 2016

Una sonrisa
para los niños


¿Nos ayudáis a lanzar miles de besos a los niños hospitalizados?
Aladina y otras seis entidades que hacen una labor maravillosa para mejorar la vida de los niños, nos hemos unido a la iniciativa de Atresmedia: conseguir que el día 13 de mayo se convierta en el día del niño hospitalizado. Para ello, y con la colaboración de la cantante Conchita, hemos grabado este divertido vídeo ¡Y QUEREMOS QUE TODO EL MUNDO LO VEA!
Hoy, día 13 de mayo, haremos un lanzamiento masivo de besos en varios hospitales ¿Calentamos motores? ¡Comparte este vídeo para lanzar tu beso solidario!
Es importante pinchar el video, las donaciones son por visualización


Hoy también, este blog, se hace eco de otra buena iniciativa

LEÓN TOMA CAFÉ DE COMERCIO JUSTO
13 DE MAYO

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El viernes, 13 de mayo, un año más, y ya van siete, el grupo de trabajo ‘León Ciudad por el Comercio Justo’, en colaboración con el sector hostelero de León, os invita a conocer y participar del Día del Café, para celebrar el Día Mundial del Comercio Justo.
54 cafeterías de nuestra ciudad, ofrecerán un exquisito café, 100% arábica, de excelente calidad y al precio de siempre, pero producido bajo los criterios de justicia y protección medio ambiental. En cada establecimiento se podrá ver un cartel interior y otro exterior informando de la actividad así como servilletas con un mensaje de apoyo al comercio justo.
Mediante esta actividad, nuestra ciudad se suma a la celebración del 30 aniversario del Comercio Justo en España e invitamos a la ciudadanía a hacer una foto en una de las cafeterías participantes y subirla al Facebook con el hashtag #leonjusto #SoyComercioJusto. La foto que el Grupo de Trabajo considere más original recibirá un lote de productos de Comercio Justo.
Esta actividad es referencia en toda España dentro de la promoción del Comercio Justo gracias, en gran medida, a la buena aceptación y gran participación de la hostelería leonesa y de todas las organizaciones pertenecientes al grupo de trabajo, que de esta forma demandan un mundo mejor mediante el Consumo Responsable y el Comercio Justo.
Con esta actividad de sensibilización se pretende acercar a la ciudadanía los productos de Comercio Justo e informar sobre la existencia de productos “más sostenibles” producidos bajo criterios éticos, sociales y ambientales con los que poder realizar un consumo responsable y saludable.
El café es uno de los productos bandera de este movimiento, pero en León, se puede encontrar una gran variedad en muchos establecimientos, además de contar con varias tiendas especializadas en este tipo de comercio. 
No dejéis de colaborar, es tan fácil como pedir en vuestro establecimiento habitual un café de comercio justo, informaros y disfrutadlo.

Este año apoyan esta iniciativa los siguientes establecimientos:
1.       BAR EL COLIBRÍN (FERNANDO GÓMEZ REGUERAL, 2)
2.       BAR MESON AVELLANEDA (SANTOS OVEJERO, 37)
3.       BAR BELMONDO (SAN LORENZO, 1)
4.       CAFÉ BAR CADILLAC (LOPEZ DE FENAR, 19)
5.       CAFÉ BAR LAS TORRES (ALVARO LOPEZ NUÑEZ, 25)
6.       CAFETERIA DEL  AUDITORIO (AVDA. REYES LEONESES, 4)
7.       CAFÉ TÉ ATE (JULIO DEL CAMPO, 11)
8.       CAFETERAPIA (SANTA NONIA, 10)
9.       CAFETERIA CANTABRIN (ALFONSO V, 6)
10.    CARLA PAN & CAFÉ (PARROCO PABLO DIEZ, 267)
11.    CAFÉ EL RINCON DE MAX (AVDA. SAN JUAN DE SAHAGÚN, 24)
12.    CATERIN ISAMAR (ALFEREZ PROVISIONAL, 2)
13.    BAR PASAJE (ORDOÑO II, 33)
14.    BAR PISCINA MUNICIPAL PALOMERA
15.    CAFÉ SAN MARCELO (LEGION VII, 3)
16.    CAFÉ SNACK BAR ZIELO (VIRGEN DEL CAMINO,2)
17.    CAFÉ EL TRILLO (SUERO DE QUIÑONES, 4)
18.    CAFÉ BAR NOA (ROA DE LA VEGA, 3)
19.    SONRIE CAFÉ Y TE (SEÑOR DE BEMBIBRE, 16)
20.    CAFÉ CRISTAL (BURGO NUEVO, 10)
21.    TETERÍA HOUBI (SIERRA PAMBLEY, 5)
22.    CAFÉ BAR RUA 11 (RÚA, 11)       
23.    CAFÉ PLAZA (FUERO, 19)
24.    CAFETERIA DE UGT (GRAN VÍA DE SAN MARCOS, 31)
25.    CAFETERIA RAITAN  (SUERO DE QUIÑONES, 27)
26.    CERVECERIA ODIN (BURGO NUEVO, 34)
27.    EL HORNO DE CHONI (SAN CLAUDIO, 2)
28.    CAFÉ BAR DON CORLEONE (COVADONGA, 8)
29.    BAR RESTAURANTE RÚA NOVA (RENUEVA, 17)
30.    RESTAURANTE CENADOR RÚA NOVA (RENUEVA, 27)
31.    BAR TOSCANA (AVDA. PADRE ISLA, 43)
32.    RESTAURANTE LA COPLA (RENUEVA, 20)
33.    HOSTAL SAN MARCOS (PLAZA DE SAN MARCOS)
34.    RESTAURANTE TIBERI (JOAQUÍN COSTA, 4)
35.    EZEQUIEL DEGUSTACIÓN (ROA DE LA VEGA, 4)
36.    CAFÉ BAR EL RINCÓN DEL VALLE (PADRE ISLA, 43)
37.    CAFÉ VIA RUA  (RÚA, 6)
38.    ECOLMADO (BAR-ECOTIENDA - CALLE SACRAMENTO, 8)                      
39.    CAFETEANDO (AVDA. DE ROMA, 5)
40.    BAR RESTAURANTE STO. MARTINO (PLAZO SANTO MARTINO, 9)
41.    RESTAURANTE L'UNION (C/. FLÓREZ DE LEMOS, 3)
42.    CONFITERIA FUENSANTA (GRAN VÍA DE SAN MARCOS, 37)
43.    CONFITERIA FUENSANTA (BALDOMERO LOZANO, 8)
44.    CAFETERIA LA ISLA (AVDA. PEREGRINOS, s/n)
45.    CAFÉ-COPA RINCÓN DEL BUHO (REGIDORES, 5)
46.    BAR PLAN B (SERRANOS, 38)
47.    CAFÉ BAR VYCHIO 13 (ÁLVARO LÓPEZ NÚÑEZ, 13)
48.    CAFÉ BAR NEVADA (SAN LORENZO, 4)
49.    CAFÉ  ODETTE (SANTIESTEBAN Y OSORIO, 4)
50.    BAR TRIBECA ( PASAJE BURGO NUEVO)
51.    CAFÉ LA COLONIAL (JOSE MARIA FERNÁNDEZ, 22)
52.    CAFÉ BAR MISSISIPPI  (RENUEVA,38)
53.    CAFÉ BAR EL RINCON DE HUGO (PLACIDO HERRERO, 4)
54.    CASA DE CULTURA DE VILECHA

¡Qué disfrutes de un buen café!