El conocimiento y la habilidad suman, pero la actitud multiplica.
Victor Küppers
jueves, 14 de diciembre de 2017

Vida

Mónica Cavallé


No es posible escapar de la Vida.
Nadie puede concebirla como algo “Otro”, distinto del mundo y de sí mismo. Somos la Vida. O, más propiamente, Ella nos es.
No hay que demostrarla; su realidad no precisa ser objeto de sesudas discusiones filosóficas ni de disputas teológicas.
Nadie puede negarla, porque es la misma esencia y realidad de quien la niega. Si no puede ser conocida como un objeto, no es por su lejanía o extrañeza, sino por su absoluta cercanía. ¿Cómo puede el pensamiento comprender Aquello que piensa en él? ¿Cómo el ojo puede ver Aquello que ve a través de todos los ojos y que posibilita y sostiene la visión?…
No es un Ideal supremo que alcanzar, porque todo está permeado por Ella; y Ella, a su vez, no tiene más fin que Sí misma.
No puede ser objeto de un credo, porque lo más evidente y directo no precisa ser objeto de fe.
No requiere de ritos que mendiguen su atención, porque nuestro rito y nuestra petición son ya de hecho una manifestación de la Vida. El único ritual que le es acorde es aquel que la celebra y que, al hacerlo, permite comprender Su íntimo sentido, porque la Vida es una constante celebración de Sí misma.
La Vida no es lo sagrado frente a lo mundano o lo profano, porque la Vida es todo y es indisociable de sus manifestaciones. El vuelo de un ave es sagrado si se sabe ver en él una expresión de la Vida. Una brizna de hierba también lo es, porque su esencia, el Tao, es inmortal. Y no es más sagrado un templo que la intimidad de nuestro dormitorio, la calle por la que diariamente transitamos o un valle sesteando al Sol, siempre que se comprenda que todos esos espacios son símbolos del único Espacio en el que todo acontece: la Vida.
miércoles, 13 de diciembre de 2017

Entrevista
a Juan David Nasio, psiquiatra y psicoanalista argentino

Revista Psicología, 2017


“Lo que cura es la relación entre un analista y su paciente”

El prestigioso psiquiatra y psicoanalista argentino Juan David Nasio, radicado en Francia desde hace casi cincuenta años, traductor al español de los escritos de su maestro Jacques Lacan –con quien se formó–, describe en qué piensa cuando escribe un libro: “En un chico joven de dieciocho años y también pienso en mis maestros”. Así lo expresa en la entrevista con PáginaI12. “Primero hay que tratar de pensar bien y luego lo difícil es escribir lo que uno piensa”, agrega. Nasio acaba de publicar un nuevo libro: ¡Sí, el psicoanálisis cura! (Editorial Paidós), en el que reflexiona sobre los aportes del método empleado en su vasta trayectoria como terapeuta, las condiciones que tienen que darse para la cura –diferenciando la noción de cura tal como se la emplea en la noción binaria enfermo-sano–, cómo debe posicionarse un analista para lograr la eficacia del tratamiento y cómo emplea su inconsciente instrumental, entre otros aspectos nucleares acompañados por los ejemplos de ocho casos clínicos. Nasio presentará su nuevo libro este sábado con una serie de conferencias que durarán toda la jornada. 
–A su nuevo libro usted lo titula: ¡Sí, el psicoanálisis cura! ¿De qué depende?
–Primero es un viejo título que estaba presente en mi espíritu y que por fin pude realizarlo. Es la experiencia que he tenido siempre de que primero que nada el psicoanálisis es un tratamiento. Freud decía que el psicoanálisis es una doctrina, un método de investigación y un tratamiento. El daba los tres elementos a la par. Yo también, pero la evolución del psicoanálisis en Francia, en Argentina, en Italia y en otros países es tal que se ha dejado un poco de lado que el análisis es primero que nada para curar y que el psicoanalista es un clínico.
–¿Es el psicoanalista el que cura a su paciente o es el paciente que logra su cura gracias a la terapia psicoanalítica?
–Es el psicoanalista que lleva a su paciente a las mejores condiciones para que se cure. ¿Qué es lo que cura en el análisis? Es la relación. Pero si yo digo: “Lo que cura en el análisis es la transferencia”, es una frase llana. Lo que cura en el análisis es la relación repetida, regular, intensa, afectiva, esclarecedora entre un analista y su paciente. Lo que cura es eso. Y, en particular, el analista tiene un rol muy especial para ayudar a la curación que es el poder encontrar al sujeto no afuera sino adentro de él. Esa es la idea principal del libro.
–¿Cómo se da cuenta usted en las entrevistas preliminares si el paciente que tiene enfrente es pasible de ser analizado?
–Lacan dijo: “El psicoanálisis es lo que se espera de un psicoanalista”. Yo traduzco esa frase diciendo: “Todo paciente que viene a mi consultorio es analizado porque yo soy analista y porque lo voy a pensar como analista”. Aunque se trate de un psicótico grave, aunque a veces ocurre que pueda prescribir medicamentos, mi actitud, mi manera de escucharlo, de recibirlo y de mirarlo es analítica porque yo soy analista. El análisis no un método que uno puede elegir a diferencia de otro. Es un modo terapéutico de un profesional que se ha forjado, se ha moldeado con ese método.
–El analista trabaja sobre todo con su inconsciente, pero no desde la pasividad, sino con una estrategia y una táctica. ¿Cómo se construye?
–Yo creo que no hay una estrategia sino una dirección de querer encontrar en el otro todo lo que es positivo en él y que lo ayude. No quiero cambiar nada en el paciente. No quiero sacarle cosas al paciente. Quiero hacer que el paciente descubra lo que él ya tiene en él y que eso al descubrirlo lo ayude. Y lo que él ya tiene en él es algo positivo. Todo ser tiene un núcleo sano muy rico. Y mi dirección es esa: revelar al paciente lo que es de él, mostrárselo y que él, al descubrirlo, esté más aliviado, que esté mejor.
–¿Cómo trabaja usted el fin de análisis teniendo en cuenta que afirma que ningún paciente se cura completamente?
–No hay ningún tratamiento ni ningún método que cure completamente y que cure a todo el mundo. Lo mejor que puede llegar una actitud terapéutica es a que el 60 por ciento de los pacientes que uno recibe se mejore. Ya el 60 por ciento es formidable. Y no podemos decir que uno cura enteramente al paciente. Yo recibo cartas que me dicen: “Dr. Nasio, muchas gracias, mi vida ha cambiado después del trabajo que hemos tenido”. O bien, pacientes que habían tenido problemas de pareja y me envían las fotos de los chicos que nacieron. Es decir, una serie de testimonios numerosos porque no son uno de tantos. Y yo pensaba que esto hay que hacerlo saber porque se piensa que el psicoanálisis es una cosa abstracta, que no nos preocupamos si curamos o no o si la persona va bien o no. El psicoanálisis no es una aventura intelectual. Estoy total y profundamente contra esta idea. No es una aventura intelectual: es un compromiso afectivo, fuerte, con una visión que es que la persona se sienta mejor. Para eso viene a verme. Yo quiero responderle a eso. Quiero ser útil. Si traduzco esto a los términos de Lacan diría que quiero ser el objeto pequeño a. Es lo mismo, salvo que en vez de decir: “Quiero ser el objeto pequeño a”, digo: “Quiero ser útil”. Quiero que el paciente se sirva de mí.
–¿Cómo se juega el deseo del analista y el amor en tanto esta creación de vínculo, afecto o lazo?
–El deseo son dos. El deseo del analista, que Lacan lo ha hecho una entidad, yo prefiero explicitarla. Y decir que hay dos deseos. Uno es el deseo de ser el objeto. Dos: el deseo de poder entrar en el otro. El deseo más ferviente es el poder entrar en el otro. En mi libro señalo que para alcanzar el nivel profundo de escucha el analista debe ante todo y sobre todo querer entrar en el mundo interior y silencioso del paciente. Esto es fundamental. En una palabra, la premisa absoluta para que nuestro paciente alcance la curación es que nosotros tengamos el firme deseo de vivir lo que él vive interiormente y despertar su propio deseo.
–En relación al tema de las depresiones, ¿cree que esta crisis de ideales y valores que vive el mundo puede afectar el comportamiento singular de un individuo y llevarlo a pensar que no vale nada?
–Sí. Primero pienso que la depresión no es una enfermedad en sí. No es una afección en sí. Es el síntoma de otra afección que se llama neurosis. Para mí, la depresión es el síntoma de la descompensación de una neurosis. Ahora bien, la neurosis comporta una ilusión, vive una ilusión excesiva de sí mismo. Tiene un narcisismo exacerbado. La depresión es la pérdida de esa ilusión de sí mismo. Yo estoy acá, trabajamos y hablamos: implícitamente yo tengo ganas de vivir, vivo y ustedes también. Y lo que nos interesa es lo que estamos haciendo. Sin darnos cuenta, estamos proyectándonos en permanencia hacia adelante, al futuro. Y tenemos la ilusión implícita, latente, de que vamos a poder, que vamos a luchar. Es nuestra ilusión de seguir, nuestro deseo de vivir. La depresión es la pérdida de esa ilusión. Efectivamente, en nuestra sociedad hay un contexto humano donde las ilusiones se pierden. No es un contexto para guardar la ilusión, es un contexto que ataca las ilusiones. Vivimos en una sociedad que se ha convertido en que hay que ser lúcido. Hay que estar siempre con el destello de lucidez y de afirmación clara de la realidad. Es como que hemos perdido esa connotación de ilusión. Por supuesto, en el caso de la neurosis la ilusión es enferma. Nosotros tenemos una ilusión que es un poco infantil, un poco adaptada. Pero aunque sea la ilusión enferma o la nuestra infantil neurótica más o menos normal, la sociedad no quiere la ilusión, no mantiene la ilusión.
–¿Qué diferencias señalaría, en términos sintomáticos, entre la depresión tal como la menciona y la melancolía?
–La melancolía es una psicosis. En cambio, la depresión no. La depresión es como una fiebre. Es el acceso de fiebre en alguien que tiene una neurosis que se descompensa. De la misma manera en que hay accesos de fiebre en una bronquitis que se agrava, la depresión es como un acceso de fiebre en una persona neurótica muy fragilizada. La melancolía no es lo mismo. En la depresión, el yo está unificado, infatuado, sufrido, está en pelea con el superyó, hay conflictos. En la psicosis el yo está roto. Hay una fragmentación. Y en la melancolía hay una psicosis que consiste en un delirio de indignidad; es decir, “yo soy un indigno y me hago un delirio diciéndome: ´Me tengo que matar, no puedo vivir. Yo he hecho cosas graves, he hecho daño a mi madre, a mi hijo, al mundo. No puedo vivir, me quiero matar´”. Eso se llama delirio de indignidad. Esto no es la depresión. El depresivo dice: “Yo soy un inútil, un fracasado, no tengo ganas de nada, no he sabido hacer, ni defenderme. No he sabido hacerme querer”.
–En relación a la depresión en los jóvenes, ¿cree que la idea de la necesidad de éxito que promueven las publicidades y los medios puede afectar especialmente a un adolescente con sensibilidad al fracaso?
–La depresión en los adolescentes, en particular, no se manifiesta de la misma manera que la depresión en el síndrome depresivo tipo, que conocemos en el adulto en particular. En el joven, la depresión se manifiesta de una manera enmascarada bajo la forma de comportamientos antisociales, agresivos y de gran susceptibilidad. Cuando escuchen hablar de un joven que está agresivo, o que es delincuente, que hace daño, puede decirse que es alguien que está triste, que está deprimido y que la depresión toma la forma opuesta de ataque y de agresividad.
–Usted señala en el libro que la tristeza depresiva esconde odio.
–Claro, exactamente. La tristeza depresiva esconde odio y, al revés, el odio esconde la tristeza. Son dos familiares, son dos hermanos la tristeza y el odio. Están muy juntos siempre.
–¿No se produce una dualidad en el depresivo que, como dice usted, tiene odio escondido pero que también siente culpa?
–Sí, claro. El depresivo tiene un odio porque ha sentido que le han hecho daño. El se inventa esa idea, él se cree que lo han herido, lo han humillado, lo han abusado o lo han abandonado. Diferentes ataques. El se considera injustamente atacado. A partir de allí va a tener un rencor, rabia contra aquel que supuestamente lo hirió. A veces no es una persona exterior. En general, son los allegados: la familia o los más cercanos. Tiene un rencor y, además, tiene una rabia contra él mismo, como una culpabilidad crítica, una autocrítica hacia él mismo superyoica por no haberse sabido defender, por no haber sabido ser fuerte, por no haber tomado la actitud más adecuada en el momento justo. Por haber sido tan débil, se ataca él mismo. Entonces, hay un rencor contra el otro y una rabia contra sí mismo.
–¿Cualquier persona en un estado depresivo severo puede llegar a matarse o sólo un psicótico puede realizar el pasaje al acto?
–Cuando alguien se mata, en general, hay allí una tendencia psicótica que ha tomado delante. Una cosa interesante de decir: el suicidio siempre es un fantasma. Cuando alguien se mata, se mata con un fantasma en la cabeza. No se mata diciendo: “Quiero morir”. Hay algunos que lo dicen. Pero, por ejemplo, supongamos un esquizofrénico que se defenestra; es decir, que va a la ventana y se tira. Cuando a ustedes les cuentan que ha habido un joven de dieciocho años que se tiró de la ventana y se mató, ustedes pueden estar seguros de que esa persona es esquizofrénica. Dígame cómo él se ha suicidado y yo le diré qué enfermedad ha tenido. Eso un psiquiatra legista lo sabe perfectamente bien. El tipo de suicidio permite saber cuál es el sufrimiento delante. Pero lo que quiero decir es que toda persona que hace una tentativa de suicidio o un suicidio efectivo siempre está animado por una idea, un fantasma o, a veces, un delirio, como el delirio de la indignidad, donde la persona tiene el delirio de que no puede vivir en este mundo.
–¿El pasaje al acto sería la defensa contra una intrusión?
–Claro, es decir, él se mata porque no puede aceptar sentir vivir. Es indigno de vivir.
–Sabe que se mata pero no sabe que se va a morir, ¿no?
–Hay varias formas. Por ejemplo, el chico de dieciocho años esquizofrénico que sube a la ventana y se tira no quiere morir. Quiere sacar el cuerpo. Es el cuerpo que lo molesta. Quiere matar el cuerpo, pero no matarse él. El delirante indigno se quiere matar porque es insoportable vivir con el sentimiento de una culpabilidad tan delirante, tan loca. Entonces, se tiene que matar para no pensar. Pero no es para morir, es para no pensar más. Y hay otros. Pienso en algunos pacientes histéricos que se matan sin querer. Mi maestro en psiquiatría me decía: “El problema de los histéricos que van a hacer una tentativa de suicidio es que no quieren morirse, quieren dormir y, sin querer, se matan”. En una palabra, toda tentativa de suicido, todo suicidio está animado por un fantasma; segundo, ese fantasma no siempre es para morir, para desparecer; en general, es para dormir, para sacarse el cuerpo en la esquizofrenia, para no sentir más la culpabilidad, como en el caso de la melancolía. Es siempre una idea que anima el acto.
–¿Se puede pensar la histeria en el siglo XXI tal como la concebía Freud o se trata de patologías que se modifican con el paso del tiempo?
–Se han modificado con el paso del tiempo. La histeria de hoy no es lo mismo que en el siglo XIX o principios del XX. La histeria de conversión significa que un estado de emoción nociva se convierte en una manifestación somática. Por eso se le llama histeria de conversión. Sin embargo, es cierto que hoy la histeria es más el problema del amor. Y hoy definimos a un histérico como el sujeto que sufre del amor. El obsesivo sufre del reconocimiento, del hacer. Y el fóbico sufre del vínculo y de la dependencia, de la presencia. Son tres problemáticas diferentes. Cuando un paciente le habla de amor, es un histérico. Cuando un paciente le habla de lo que puede hacer, no puede hacer, los problemas con el jefe, que no llega y que quisiera, es un obsesivo. Y cuando otro paciente le dice: “Ay, quiero ser autónomo y estoy cansado porque dependo mucho de mi compañera o mi compañera depende de mí”, ese es un fóbico.  
–¿En qué aspectos se puede asegurar que el psicoanálisis ha evolucionado desde su concepción?
–Yo soy un psicoanalista y siento que yo cambio y evoluciono. Y estoy contento con esta evolución porque me doy cuenta de que trabajo de un modo que no es exactamente el mismo que trabajaba hace treinta o cuarenta años. Me he modificado, estoy más elástico, más abierto, más seguro de mí mismo, más eficaz, más lúcido, comprendo mejor al paciente, lo comprendo mucho más rápido. Entiendo por qué Lacan hacía sesiones de cinco minutos. Puedo decir que no lo hago como Lacan, pero en cinco minutos sé del paciente y le puedo decir cosas esenciales porque tengo 52 años de oficio. Entonces, cuando uno tiene 52 años de oficio y ve un paciente entrar, lo mira y ya tiene una intuición. Y la mayor parte de las veces no se equivoca. Entonces, es más rápido, más eficaz, más humano también, más respetuoso del paciente, más respetuoso de su persona. En fin, yo he evolucionado. Quiere decir que el psicoanálisis también. Soy un signo del psicoanálisis. No soy el único, pero soy un psicoanalista más y me tomo como un signo de la evolución del psicoanálisis. 
–Hace diez años se realizaron unas jornadas en la Facultad de Psicología de Rosario, su ciudad natal, tituladas “Por qué el psicoanálisis aún”. Diez años después, ¿por qué el psicoanálisis aun?
–El psicoanálisis es en acto y mientras nos hable de nosotros nos vamos a interesar. ¿El psicoanálisis aun? Sí, mientras la gente, los jóvenes sobre todo sientan que el psicoanálisis habla de ellos o de él –porque esto es muy individual–, el psicoanálisis aun. Mientras los jóvenes sigan sintiendo o pensando que el psicoanálisis habla de ellos, entonces habrá psicoanálisis aún.
martes, 12 de diciembre de 2017

Las enseñas
de la naturaleza

El rincón del psiquiatra
Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra


De forma sintética, podemos decir que la gran lección que nos transmite la naturaleza es que la adaptación es el principio básico de la felicidad. Una adaptación entendida en un doble movimiento: transformación y cambio de uno mismo, y de la circunstancia que ha producido el desequilibrio y consiguientemente la angustia. Repasemos las tres lecciones mas importantes:
1.- Conseguir la armonía dentro de la diversidad: es la lección principal: la lluvia y el sol, la montaña y la llanura, el día y la noche, el frío y el calor, configuran un conjunto diverso, pero armónico. En eso consiste la felicidad: en  la capacidad de armonizar las situaciones más diversas: vida y muerte, salud y enfermedad, alegría y tristeza. Si lo diseccionamos y nos quedamos con un sólo aspecto (generalmente el más negativo) facilitaremos la aparición de vivencias adversas: depresión, ansiedad, etc.
2.- La necesidad del ritmo: en la naturaleza no existe el estrés: todo está medido y programado, incluso los grandes fenómenos climatológicos: cuando  aparece la "tormenta" después viene la calma. Deberíamos copiar  ese movimiento rítmico de la naturaleza. El hombre, por contra,  a veces no sabe parar y solamente descansa con más trabajo. Incluso su contacto con la propia naturaleza lo convierte en trabajo y en definitiva en estrés. Un ejemplo: la persona que en los fines de semana se marcha a la casa que tiene en el campo, pero no disfruta ni del sol ni del paisaje, pues tiene que podar los árboles, cortar el césped, plantar unos rosales y todo ello en un tiempo record, pues hay que volver pronto para no encontrar la caravana de regreso. Esa persona se ha puesto en contacto con la naturaleza pero lleva el mismo traje de la gran ciudad: las prisas.
3.- Todo es aprovechable: en la naturaleza no existen "buenos" ni "malos". Todo está al servicio del  universo, en general. Tanto el águila imperial, como el pajarillo del bosque, o el gusano de seda, todos son necesarios para mantener el equilibrio ecológico. Los hombres deberíamos aprender que la dicotomía  entre tontos e inteligentes, blancos y negros, amo o criado, por poner sólo algunos ejemplos,  no tiene sentido. Cada uno de nosotros tenemos una misión que cumplir en este gran universo que es la tierra: nadie es imprescindible, pero todos somos necesarios para que el universo humano siga adelante. El gran reto es que cada uno de nosotros debe encontrar su sitio y comenzar a elaborar su propia felicidad, ya sea en el campo o en la gran ciudad.
lunes, 11 de diciembre de 2017

Grupo de Autoestima



Las posibilidades las tenemos, a veces están nubladas 
Amigos del grupo, quiero llamaros hermanos, queridos hermanos, porque así os siento, porque os considero un grupo maravilloso, os tengo como hermanos, me siento integrada en este grupo como en una gran familia.
Digo familia porque cada martes, ya entrada la tarde, así os he considerado, una familia en la que me sentido escuchada, me habéis tranquilizado y me habéis dado ese calor familiar que cada uno de estos días me habéis brindado todos. Todos lo habéis hecho y así lo quiero compartir y manifestar. Por estos encuentros, por estas reuniones, por haberos conocido, solo por esto ya merece la pena vivir plácidamente. ¡Que otros no se lo pierdan! ¡Aquí se aprende a vivir!
También quiero agradecer a mi gran maestro del alma y digo del alma porque cada martes de 7 a 9 me escuchabas con paciencia, atento a mis inquietudes y malestares, en esa escucha activa que hemos practicado en varias sesiones. Po esto, muchas gracias. Gracias a todos los que, aquí y ahora, habéis hecho grupo conmigo, a mi psicóloga, al Teléfono de la Esperanza porque me ha dado esperanza, ganas de vivir en paz, sin culpabilizarme, sin machacarme cada día ni en cada decisión que tomo. Tengo que seguir trabajando mi autoestima, tengo que creerme, de verdad, que las enseñanzas de cada uno de esos martes puedo aplicarlas en mi vida, soy consciente que tengo un gran trabajo por delante, pero quiero seguir avanzando. A todos, gracias porque hoy estoy aquí, en este lugar que tanta paz me está dando.
Espero poder ayudar algún día a otras personas que como yo están sufriendo, darles un aliento y que sepan, que sepamos que se puede seguir adelante. Eso ya es mucho.
Mil gracias Herminio, mil gracias compañeros de grupo, mil gracias al Teléfono de la Esperanza. Y a todos los que dudan de acudir o no saben qué es el Teléfono, yo os puedo asegurar que aquí se ama. El Teléfono es una puerta abierta a todos los que quieran traspasarla: siempre está abierta.
Ana


Hay que buscar el punto adecuado y eso lleva esfuerzo y trabajo
No conocía el  teléfono, ni sabía que existía, este verano en un mal momento de mi vida una buena amiga me dijo que si necesitaba ayuda era un buen sitio para ir a buscarla.
Fui. Llegue allí en un  estado de ansiedad considerable, no recuerdo el nombre de la persona que me abrió la puerta, pero si recuerdo que sus palabras me reconfortaron en ese primer encuentro.
A partir de ese momento esa puerta se abría para mi todos los martes a las 7 de la tarde, durante 2 horas la vida era diferente, ese grupo de personas pasó a formar parte de mi vida, una parte importante y vital, con ellos he crecido emocionalmente durante estos meses.
A todos ellos pero en especial  a nuestro coordinador quiero darles las gracias.
Muchas gracias Herminio por tu labor, por tus palabras, por hacer que hurgue en mis entrañas y hacerme ver lo que llevo dentro para poder poco a poco afrontarlo.
Por la puerta del teléfono entró una persona destrozada y en solo un par de meses esa persona es mucho más fuerte y segura, me queda mucho por hacer pero gracias a todos vosotros ya estoy en el camino. 
Soraya
domingo, 10 de diciembre de 2017

En ambiente hostil

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena

Algunas personas nacen en un ambiente hostil, donde la falta de cuidados o los abusos o la ausencia de besos y caricias configuran una infancia triste y descarnada que, sin embargo, no determina que el resto de la vida vaya a ir igual de mal. Ahí tenemos, por ejemplo, al pianista James Rhodes.

Otras personas viven infancias felices, pero en su adolescencia reciben la hostilidad de compañeros, de ambientes, de entornos asfixiantes que les va moldeando un carácter oscuro y complicado. Lo que tampoco determina que su vida se reduzca a eso. Con frecuencia se conocen casos de bullying sufrido por gente más o menos conocida.

En determinados casos, es el entorno laboral lo que se convierte en hostil. Y, así, tras un infancia y adolescencia cómoda, nos damos de bruces con un trabajo esclavizante, mal remunerado, estresante o que nos impide vivir plenamente. No hacen falta ejemplos.

Y, por último, a quien se ha librado de la hostilidad en su vida, puede llegarle la época hostil en la vejez, al verse solo o abandonado por los suyos o enfermo o dependiente o falto de cariño y atención. Ejemplos tampoco cito porque hay bastantes a nuestro alrededor.

En cualquier caso, todos pasamos por épocas hostiles en nuestra vida. Es cierto que unos más que otros, pero en general todos, en menor o mayor medida. Son etapas en las que el dolor y el malestar nos nubla los sentidos y ni vemos ni oímos ni hablamos ni palpamos otra cosa que no sea la desesperanza más acartonada y ácida.

Pero, sabemos o intuimos o queremos agarrarnos a que no existe el determinismo, a que todo pasa, a que la vida es fluir y que, al final, siempre, siempre, siempre hay luz.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Miedos

Jeff Foster


El 99.99999% de tus miedos 
viven solo en tu imaginación, 
en la anticipación y en la memoria.

Incluso si lo “peor” llegara a pasar, 
te encontrarás a ti mismo resolviéndolo en el momento, 
respondiendo desde un lugar de presencia.

En este momento no tienes nada que resolver. 
Ya lo harás en su momento.

Y quién sabe: 
Lo “peor” podría convertirse 
en tu más grande maestro, 
en tu más profundo llamado a despertar, 
en una invitación a la clase de coraje 
que jamás te imaginaste llegar a tener.

El miedo no es tu enemigo, 
sino una señal.

Respira en el momento. 
viernes, 8 de diciembre de 2017

Mujeres


Hoy, en el día de la Inmaculada, va nuestro homenaje a las mujeres, a las madres.
Escucha el siguiente video... déjate embeber por él.
jueves, 7 de diciembre de 2017

Otra realidad
de los institutos

Publicado en el Periódico El Español 2017

Director del Instituto, con un profesor y un alumno
Esta profesora no entra en una cárcel, sino en un instituto: un día con los valientes que enseñan en las Tres Mil Viviendas
Amenazas de muerte, agresiones e insultos en el colegio Antonio Domínguez Ortiz, "un gueto dentro del gueto". Cuando el director llegó al centro un alumno le hico el gesto de cortarle el cuello. Sólo 5 alumnos irán a Selectividad. En 3 años nadie ha aprobado la PAU.
Suena el timbre en el instituto Antonio Domínguez Ortiz de las Tres Mil Viviendas de Sevilla. Apenas nadie espera en la puerta del centro. Algunos alumnos, pocos y puntuales, atraviesan la verja de entrada, flanqueada por muros altos y acabados en una alambrada de espinas. El resto irá entrando a cuentagotas. Como zombies. Ya dentro, un profesor les da los buenos días apostado en una segunda puerta de hierro forjado. Está de guardia, evitando que quienes han entrado salgan para hacer pellas. Algo habitual entre ellos. La bandera del pueblo gitano ondea junto a la española, la andaluza, la europea y la sevillana sobre la entrada. El 96% del alumnado es calé. Desde dentro se ve el exterior a través de unas ventanas con barrotes gruesos. Todo tiene un aspecto carcelario, a pesar de los murales multicolor hechos con cartulinas: puertas de acero con pequeñas ventanas con cristales rotos, vigilancia intensiva en los pasillos, cámaras de seguridad en las esquinas, patadas y puñetazos marcados en las puertezuelas de los despachos. Suenan portazos metálicos. Y gritos, muchos gritos.
“No nos queremos dar cuenta, pero esto es Vietnam”. Habla Carlos, profesor de Biología y uno de los miembros del Departamento de convivencia del centro, de los llamados de educación compensatoria o de difícil desempeño, por la situación de marginalidad que lo rodea, por tener alumnado en situación de desventaja social o procedente de minorías étnicas.
Carlos, como el resto de sus compañeros, se pasea por los pasillos con un llavero asido al cinturón. Todo está bajo llave. También el baño. Hoy le toca estar de guardia, una labor por la que rotan los 33 docentes de este centro en el que estudian 277 alumnos.
De repente, lo reclaman para que intervenga. Un alumno ha ido más allá. Ambos se sientan frente a frente en una mesa. Ezequiel —pongamos que se llama así— acumula seis partes en dos días. “Le has dicho a tu profesora, y leo textualmente, ‘Pocos pelos, qué gorda estás, que tiene una mierda de sueldo, que es una desgraciada en su vida…’ ¿Sigo?”, reprende el responsable de convivencia. El sermón continúa pese a los reproches y la defensa del zagal, un niño de apenas 12 años. Tosco y con el verbo beligerante.
“Llegará el tiempo en el que yo me vaya —recrimina el maestro— y tú te quedarás aquí. Entonces seréis tú y tus primos, y todas las familias, los que tengáis que llevar el barrio para adelante. Sin ayuda. Tú eliges. Puedes ser camello, chapero o chatarrero. Pero también puedes ser lo que tú quieras ser. Estudiar y trabajar en un taller, de camionero, hacer un ciclo superior… y tener una vida mejor. Tú eliges”.
 “¿DE QUÉ ME SIRVE EL TÍTULO?”
“¡¿De qué me sirve el título en el mercadillo, maestro?!”. Y la conversación se da por zanjada. Una de tantas. Así es el día a día en el Domínguez Ortiz de las Tres Mil.
Las llaves sujetas permanentemente a la ropa es una características de los profesores del Domínguez Ortiz. Foto: Fernando Ruso.
El instituto, el más cercano a Las Vegas, la zona de mayor marginalidad del Polígono Sur de Sevilla, es “un gueto dentro de un gueto”. Así lo define el director del centro, Manuel Gotor, próximo a jubilarse y con experiencia docente suficiente como para comparar y hablar con autoridad. Físicamente recuerda a Manuel, el flamenco que hizo dúo con Lole. Barba cana, larga y poblada, prominente barriga y un tono de voz grave. Se hace respetar.
Todavía recuerda el día que llegó a su despacho. Ahora dice que fue broma, pero sucedió así. Un niño se paró en la puerta y desde allí le preguntó: “¿Tú eres el nuevo director?”. “Sí, sí”, contestó Manuel. “Me hizo un gesto, como si me fuese a cortar el cuello". Y se fue. Sabía a donde venía, pero el gesto me llamó la atención. A pesar de ese inicio nunca sentí miedo”, subraya Gotor.
Alambrada en el perímetro de este Instituto de las Tres Mil Viviendas. Fernando Ruso
El profesorado que acaba impartiendo clase en centros como el Domínguez Ortiz es voluntario y participa en bolsas específicas para acceder a este tipo de plazas. El principal motivo es la conciliación familiar, huyen de destinos lejanos en la vasta geografía andaluza. Así llegaron muchos. También Celia, la profesora de Inglés.
“Me llamaron para una vacante en el Polígono Sur y me dijeron que tenía cinco minutos para pensármelo. Recordé —evoca— en el año que eché yendo y viniendo desde Sevilla hasta Málaga, mi último destino, y en mis hijos. Y acepté”.
Celia Méndez, de 39 años, ya había estado en otros centros de educación compensatoria. Pero en el Domínguez Ortiz es distinto a los demás. “No tiene nada que ver, estamos en un entorno de exclusión social, económica, emotiva, afectiva, cultural, académica… Es una doble exclusión, la de su etnia y la del barrio”, insiste la enérgica maestra, que explica en clase el cómo usar el will y el won’t para conjugar el futuro en Inglés.
ESTRECHO VÍNCULO ENTRE PROFESORES Y ALUMNOS
Y, de momento, el suyo, su futuro, pasa por seguir en las Tres Mil. “Adquieres un compromiso con el centro, con los compañeros y, sobre todo, con el alumnado”, subraya. De hecho, las tasas de absentismo laboral entre los docentes apenas roza el 4%, mucho menos que en otro tipo de centros.
“Me vine cargada de miedos, clichés, prejuicios, estereotipos… —enumera— de todo lo que se habla de las Tres Mil. Y, sí, eso es parte del barrio, pero el Polígono Sur es mucho más que eso”.
Celia Mendez, tutora de segundo de bachillerato y profesora de inglés. Fernando Ruso
Más de 50.000 habitantes conviven en el Polígono Sur, una zona residencial creada en el año 1977 y compuesta por seis barrios. De ellos, el más conocido es las Tres Mil Viviendas, donde la tasa de desempleo se dispara hasta el 80% y se registra un analfabetismo en adultos del 26%, según datos del Comisionado del Polígono Sur de la Junta de Andalucía. Este organismo estima que unas 280 personas del barrio sólo comen una vez al día.
La zona más conflictiva de las Tres Mil se conoce como Las Vegas, donde la droga controla los edificios de hasta ocho pisos. Ahí viven familias y niños, de los que el 12% están sin escolarizar. Junto a las Tres Mil también están Los Verdes, una zona de viviendas donde se realojó en 2004 a familias chabolistas con problemas de convivencia. Es otro punto caliente en la venta de drogas. Allí murió en 2013 una niña de siete años por una bala perdida en un intercambio de disparos entre dos familias del barrio.
LA VIOLENCIA DEL BARRIO SE TRASPASA LAS AULAS
“En las Tres Mil se mueve mucha droga y los clanes familiares se trasladan a los niños”, confirma Carlos, uno de los componentes del Departamento de convivencia. Recuerda un día en el que la cosa acabó a puñetazos y con los extintores volando. “No miden las consecuencias de sus actos”, explica a EL ESPAÑOL. Esa vez, los implicados terminaron llamando a sus familias, que llegaron al centro con los ánimos caldeados. “Lo pasamos muy mal”, confirma.
El director Manuel Gotor junto al profesor Carlos Becerra en la puerta del Instituto. Fernando Ruso
“Aquí, cualquier profesor puede ver en un único curso todo el abanico de problemas y complicaciones que te podrías encontrar en otros centros en toda tu vida laboral. En cualquier sitio hay niños disruptivos, pero aquí…”, defiende Carlos, que maneja a los zagales resuelto y con la confianza de seis años de experiencia en el Domínguez Ortiz.
“No sé si somos de otra pasta —puntualiza Celia—, pero te tienes que hacer de otra pasta”. “Para esto no te preparas, porque esto no te lo esperas”, sigue Carlos. “Me gusta verle las caras a los profesores que llegan nuevos, se pasan los cuatro primeros meses con cara de asombro. Hasta que te acostumbras”, bromea el maestro.
Su compañera María José Parejo es más benévola: “No se puede juzgar a un profesor por su primer año, porque lo pasas mal”. “El centro genera mucha tensión, que no conviene llevarse a casa —relata la profesora de Matemáticas—, por eso la labor de apoyo entre los propios docentes es imprescindible. A mí me gusta escucharlos, soy un poco su sostén y me encargo de que tengamos respiros, porque sin ellos sería muy difícil sobrellevar el día a día”.
Carlos explica cómo ha aprendido a leer el lenguaje no verbal para saber si le van a pegar o es una más de tantas bravatas. Son habituales las amenazas de muerte. “Me han llegado a decir que me entre un mal cáncer”, refiere. Desde el coche llegó a ver cómo un alumno se le acercaba con una piedra en la mano. “Creía que me rompía la luna, pero ahí ¿qué haces? Pues te pones las manos detrás y esperas a que pase la tormenta. Hay que tener muy claro que tienes el control, que eres el adulto”, explica.
“HICIERON EL AMAGO DE MASTURBARSE DELANTE DE UNA PROFESORA”
Y si eres profesora, mucho peor. “Son muy machistas, tanto ellos como ellas”, confirma Carlos, que sigue enumerando comportamientos "disruptivos", como los llaman los docentes del centro. “Les faltan al respeto, a su autoridad, le insultan… Y este año hemos tenido a unos niños que hicieron el amago de masturbarse delante de una profesora”. Y fueron expulsados.
Muchos alumnos del Domínguez Ortiz acuden obligados a la escuela para que sus familias puedan cobrar el salario social, que entre los requisitos incluye la escolarización de los menores. En España, la educación es obligatoria hasta los 16 años. Y en el centro recuerdan que ha habido casos en los que ha actuado la Fiscalía para retirar la custodia a sus padres.
El absentismo del instituto ronda el 20% de media. “Pero hay días en los que supera el 50%”, confirma el director. Lo que supone un grave problema para el profesorado, obligado a cumplir con una programación didáctica.
Alambrada en el perímetro de este Instituto de las Tres Mil Viviendas. Fernando Ruso
“Esa es la principal diferencia entre nuestro centro y otros normalizados”, asegura el profesor de Inglés, Antonio Rafael Morales, con 33 años de experiencia a sus espaldas. “Aquí es muy difícil alcanzar los objetivos académicos porque se impone la cultura de un barrio marginal, donde la escuela no se ve como algo provechoso”, explica Morales, también responsable de la biblioteca.
“Inculcarle el valor de los estudios a estos alumnos y a sus familias es muy difícil. Eso ya viene dado en un centro normalizado, pero aquí hay que convencerlos. Porque ellos ven que su futuro no pasa por la escuela. Y esa labor es realmente agotadora, pero también muy satisfactoria cuando vivimos los éxitos, que no son comparables a los de otros centros, y nos generan una satisfacción enorme”, radiografía Morales con una verborrea aliviadora.
Sólo el 18% del alumno de Primero de ESO acaba 4º sin haber repetido ningún curso. A la universidad apenas llega nadie. Los profesores apuntan un nombre, Nino, que sí acabó la carrera de Magisterio. En tres años ninguno de los egresados ha aprobado la Selectividad. Este año se presentan cinco. “Y estamos con las carnes abiertas”, narra el director.
LA ESPERANZA DEL DOMÍNGUEZ ORTIZ
Los cinco son Virginia, Juan Carlos, David, Josué y Alba. Sus edades oscilan entre los 18 y los 23 años. Quieren ser maestros, criminólogos, expertos en aeronáutica, psicólogos. Todos han repetido alguna vez. Y han superado las tentaciones del barrio, un agujero negro que consume las ganas de hincar los codos.
Los cinco alumnos del Domínguez Ortiz que se presentarán a selectividad. Dos de ellos accederían a la universidad de Loyola gracias a una beca en caso de lograrlo. Fernando Ruso
“Los chavales vienen asalvajados de la calle, y con la expectativa de querer vender droga, de ser narcotraficantes”, explica Virginia, una de las últimas alumnas en salir del centro, que este lunes se enfrenta a las pruebas de la Selectividad. “Lo que se ve en el barrio es que el que tiene dinero y vive bien es el que trafica con droga —sigue—; y los profesores tratan de cambiarle la mentalidad a un niño que está viendo como sus amigos tienen una moto con doce años y un montón de cosas que él no tiene por no vender droga”.
“Y para eso hay que estar muy preparado”, replica Alba. “Los profesores le echan dos huevos”, apunta Josué, que explica a EL ESPAÑOL que ellos son un ejemplo para el resto de alumnos. También para el barrio.
A ninguno de los cinco les cabe duda. Si logran pasar el filtro de la Selectividad será por el constante apoyo de sus profesores. “Te llaman, te buscan, te incitan…”, explica David. “Te apoyan hasta en tus problemas de familia”, apostilla Virginia. “Son un pilar fundamental”, apunta Alba. “Y eso que hemos visto de todo: humillaciones, insultos, varias agresiones. Hasta como tiraban a una profesora por la escalera”, recuerda Virgina.
“Este trabajo quema, es agotador, te exige mucho y los chavales se merecen que lo demos todo”, insiste el director. “No le recomiendo a nadie que esté en este centro más de ocho años. Es muy duro, pero engancha”, concluye. Él se jubilará en apenas un año. Y dejará a sus compañeros en la brega de cada día.
“No me planteo irme”, advierte Celia. “Aquí aprendo mucho, de los alumnos y del resto de mis compañeros”. Tanto que junto con otros docentes ya prepara su participación en el primer Congreso Internacional de Innovación y Tendencias Educativas INNTED 2017, que pretende convertirse en un espacio de encuentro, reflexión e intercambio en torno a la innovación y la mejora educativa.
Son las tres de la tarde. Para Celia, Manuel, María José, Carlos, Antonio o Luis, el jefe de Estudios, llega el final de la jornada laboral. Sus rostros contrastan con los que tenían a primera hora. Pero en ellos se ve cierta sensación de satisfacción. De haber superado otro día más.
“No sé qué haré —zanja Luis— cuando me vuelva a mi centro, totalmente normalizado. Quizás me aburra, pero seguro que después de mi paso por el Domínguez Ortiz seré un maestro mucho mejor”.


Rejas en el Instituto
miércoles, 6 de diciembre de 2017

Amarse




Cuánto más te ames, menos amor necesitarás. Por lo tanto, al no necesitarlo, no construirás ni sostendrás relaciones conflictivas. Sólo vendrán a tu vida personas de luz y sabiduría, y si no fuera así, se marcharán rápidamente. Al no necesitar amor te expresarás siempre como deseas y seguirás a tu corazón todo el tiempo, ya que no tendrás miedo al rechazo, ni al juicio, ni a la soledad, ni a la carencia o al abandono. Como tu corazón estará lleno de ti, sentirás que el mundo entero es más pequeño. Sentirás que el mundo está dentro de ti y no tú dentro de él. Todo lo disfrutarás en su justa medida. Saldrás al cine, a cenar, harás deporte y otras actividades, pero nada, absolutamente nada, te dará un placer mayor que cuando cierras los ojos y sientes ese amor en tu corazón; ese amor que te ganaste tras años de sanar y aceptar tus heridas; tras años de permanecer en silencio; tras años de hacer lo que viniste a hacer a este mundo sin distraerte: evolucionar. De eso se trata el camino espiritual: de no distraerte. 
Si te distraes, procura siempre que sea a plena conciencia. Elige la distracción pero nunca permitas distraerte inconscientemente y engañarte con que la felicidad está afuera. Usa al mundo pero no permitas que te use a ti. Disfruta de todo pero no necesites nada. Tienes que lograr vivir de tal manera que puedas prescindir de las personas y de los objetos. Esa será la prueba de que has recuperado el contacto con tu alma.
martes, 5 de diciembre de 2017

Fiesta de Navidad




Un encuentro sabroso
Siempre es grato juntarse las personas que se aprecian y se quieren y juntas mirar en la misma dirección.
Siempre es una satisfacción compartir la comida y los anhelos.
Siempre llena nuestro espíritu de concordia compartir esperanzas y alegrías.
Siempre es hermoso sentirnos unidos en el camino de la esperanza.
Siempre es grato contar un chiste, cantar una canción, ensayar una adivinanza.
Siempre es grato sentir que está más cerca el día en que tendremos nuestra propia casa.
Siempre es agradable compartir el baile entre todos y los sueños y la vida.
Todos estos sentimientos se unieron en León el día 2 de diciembre al celebrar nuestra fiesta navideña de familia telefonera, como se puede ver en las fotos que se despliegan.
lunes, 4 de diciembre de 2017

Taller de meditación

Maite


Mi experiencia del taller de meditación la puedo resumir en los siguientes aprendizajes:
Escuchar lo que mi yo interno me dice.
Llegar a la calma, la serenidad y el sosiego desde lo más profundo de mi.
Observar conscientemente lo que acontece sin juzgar ni querer cambiarlo.
Acoger mis grandezas y mis miserias aceptando que son mías.
Compartir miradas, abrazos, caricias llenas de mensaje, transmitir y recibir sentimientos a través de los sentidos.
Decir tanto sin pronunciar una palabra.
Reencontrarme con mi niña interior, escucharla y abrazarla.
Aprender a estar más consciente, más centrada, viviendo cada momento con más detalle y provecho.
En una palabra VIVIR VIVA, es para mi la palabra "MEDITAR", después de haber hecho este taller en el que he tenido calor humano, cercanía, complicidad y del que quedo profundamente agradecida tanto al coordinador- Valentín-  como todas mis compañeras.

domingo, 3 de diciembre de 2017

No me juzgues

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena
Desolación. Foto Jesús Aguado
No quiero que me juzgues cuando te hablo de un determinado comportamiento que tuve o voy a tener. Ya sé que no lo dices con palabras, que no me cortas, que no me aconsejas, pero tu dura mirada me habla de crítica, de censura, de juicio.
No quiero que me digas si está bien o mal aquello que te cuento para poder escucharme a mí misma. Si necesitara tu opinión te la pediría honestamente, pero, de momento, solo te he pedido escucha.
No quiero tener que recurrir a excusas más o menos válidas por no atreverme a defender mi opinión ante tu argumentada y férrea crítica. Hago lo que veo o intuyo en cada momento, como lo haces tú, aunque los resultados sean tan distintos.
Nos suena ¿no?
Seguramente todos hemos experimentado alguna vez ese aplastante y desagradable sentimiento de sentirnos juzgados (no escuchados) criticados (no comprendidos) y etiquetados (no entendidos). Buscando serenidad, encontramos guerra. Buscando liberación, encorsetamiento. Buscando acogida, un descarnado y demoledor espejo de nuestro dolor.
Y seguramente, en tales situaciones, hemos decidido cambiar de estrategia y no acudir a quien nos juzga de esa forma. Buscarnos la vida de otra manera.
Entonces ¿por qué nos asombra que otros hagan lo mismo ante nuestra falta de escucha? ¿Por qué nos molesta que no acudan más? ¿Por qué creemos que nosotros no juzgamos ni etiquetamos ni aconsejamos sibilinamente?
Tal vez, antes de lanzar proclamas sobre el escaso reconocimiento y agradecimiento de quien acudió una vez a nosotros, convendría revisar nuestra forma de escuchar. A ver si descubrimos algo ahí.
sábado, 2 de diciembre de 2017

Ponle humor




Se ha provocado un incendio en el zoo... Sospechan de las llamas.
Aparece un pez en una sala de cine... Se podría decir que era un mero espectador.
Cliente mata al abogado que le defendía... Debió de perder el juicio.
Hospital agota las existencias de anestesia... Se acabó lo que sedaba.
Mueren varios matemáticos... Se cree que por un ajuste de cuentas.
Hombre deja a su mujer culturista por una zaragozana...  Más vale maña que fuerza.
Agotadas las existencias de cigarrillos en el país... Se teme que la gente pueda pasar apuros.
Afroamericano se pelea con toda la plantilla de una tienda de ropa... ¡El negro pega con todo!
Sara Carbonero declara que odia a su suegra... Seguramente le saca de sus Casillas.
Los padres de Pau Gasol se fueron de viaje de novios al camino de Santiago... Se dice que hicieron un alto en el camino.
La NASA sufre un recorte de presupuesto... Se ve que no están para tirar cohetes.
viernes, 1 de diciembre de 2017

Rejuvenecer

El rincón del optimista
Juan


Qué contentos nos ponemos cuando alguien nos dice: “Qué joven te encuentro”; “Parece que por ti no pasan los años”. Esto no deja de ser un poco ilusorio, pues sabemos que el tiempo pasa inexorablemente, que todos envejecemos, que el camino tiene una meta final. Hay que ser conscientes de ello.
Algún libro y guion cinematográfico ha tratado el asunto del envejecimiento invertido, es decir, que naces viejo y con el paso del tiempo vas rejuveneciendo. Qué bonito sería, ¿verdad? A mí me gusta echarle imaginación en este campo y afirmo con rotundidad que la edad no está en el DNI sino en la cabeza. Lo digo sobre todo cuando cumplo años porque, la verdad sea dicha, me sigo sintiendo joven. No me preocupa cumplir años ni tampoco me agobia el paso del tiempo. Más bien disfruto de ello. La mejor prueba de lo que digo es que en muchas ocasiones me olvido de la edad exacta que tengo y me veo en la necesidad de hacer números teniendo en cuenta el año en el que nací y en el que estamos ahora.
La infancia y la juventud fue tan bonita, guardamos tan buenos recuerdos de aquellas etapas (al menos la mayoría, imagino) que tenemos deseos ardientes de regresar a aquellos momentos felices que vivimos. Asumimos que nos estamos haciendo mayores. Lo comprobamos cuando vemos fotos de años atrás. No podemos por menos que comparar los cambios que se han producido en nuestra cara, en nuestro cuerpo, con la aparición de pliegues, de arrugas, de canas…
Insisto en la idea del rejuvenecimiento. Mi tío Pepe leía diariamente las esquelas del periódico y cuando alguien moría con 60 u 70 años decía: “Qué joven”. Sé perfectamente que vamos para viejos, que caminamos hacia la meta de la muerte, pero aun así estoy convencido (espero que tú también) de que nuestra juventud no ha pasado del todo. No es una resistencia a lo inevitable, es simplemente engrasar neuronas, sonreír, mantener la mentalidad positiva/optimista para ‘fabricar’ endorfinas de esas que producen la felicidad, las de la eterna juventud. Y así tendremos la garantía de que moriremos jóvenes.
jueves, 30 de noviembre de 2017

Todo pasa

Enrique Martínez Lozano


Tú no eres nada de lo que pasa; eres “Eso” en lo que todo pasa.
Sabemos que todo es impermanente, porque hay “Algo” que es estable.
Todo pasa, porque hay “Algo” que no pasa.
Lo real no cambia; lo que cambia no es real.

Un estudiante fue hasta su profesor de meditación y le dijo:
̶ ¡Mi meditación es horrible! Me distraigo completamente, mis piernas me duelen, o estoy constantemente quedándome dormido. ¡Es horrible!
̶ Ya pasará–, dijo irónicamente el profesor.
Una semana después, el estudiante volvió hasta su profesor:
̶ Mi meditación va de maravillas. Me siento tan consciente, tan apacible, tan vivo… ¡Es maravilloso!
̶ Ya pasará–, contestó irónicamente el profesor.
Es bueno recordar que todo pasa. Las emociones no son permanentes. Hay momentos de alegría y momentos de tristeza. El camino es aceptarlo como parte de nuestra naturaleza.
*****************
Cuenta una leyenda que hace muchos años, un Rey de un poderoso reino convocó a sus sabios y consejeros, y les dijo:
— He encargado a mis joyeros un precioso anillo, en el que deseo grabar una frase que me ayude e inspire en mis momentos desesperados. Una frase que me ayude a tomar decisiones. Una frase que me ayude cuando me sienta perdido. Una frase que me ayude a ser un Rey más justo, sabio y compasivo
Sus asesores y consejeros, los sabios más cultos del reino, se dispusieron a escribir las frases más extraordinarias. Pero el Rey las rechazaba. No le llegaban. No eran suficiente.
Como suele ocurrir en las leyendas, apareció, de no se sabe dónde, un anciano, humilde, pero que de algún modo transmitía seguridad y sabiduría. Le dijo:
— Majestad, ha llegado a mis oídos que busca una frase, la frase que le sirva en las situaciones complicadas de la vida.
— Efectivamente, contestó el Rey.
— ¿Crees que puedes ayudarme?
— Tengo la frase en este papel.
El Rey, raudo e impulsivo, se dispuso abrirlo; pero el anciano le dijo que no podía leerla hasta que estuviera en una situación desesperada. Sin saber muy bien por qué, pero sintiendo la certeza de que debía seguir el consejo del anciano, guardó el papel, y además le ofreció al anciano ser su acompañante.
Unas semanas más tarde, el Rey se vio metido en una gran emboscada. ¡Estaba desesperado! ¡Huía con su corte por el bosque, tratando de escapar de quienes le perseguían! Pararon en un claro, miró al anciano, que a su vez le miraba tranquilo y confiado, y recordó el papel. Lo sacó, lo leyó. Decía: “Esto también pasará”.
El desconcierto que sintió en un primer instante, poco a poco se transformó en calma y confianza. ¡Efectivamente! ¡Esto también pasará! El Rey estaba entusiasmado. Casi de manera automática respiró profundamente, aliviado.
— ¡Gracias, gracias!, le repetía una y otra vez al anciano. Esta es la clave. ¡Por fin!
A lo que el anciano respondió, sonriendo, lleno de amor y compasión: “Esto también pasará”.

Aunque no lo creamos, aunque estemos en un el peor de los momentos, hemos de tener la certeza de que todo pasa. Lo único que permanece es el cambio, como dijo hace ya mucho tiempo el sabio griego. Todo pasa. Ese momento terrible pasa. Pero ese momento de extrema excitación y placer también pasa.
No existe el placer sin el dolor. Ni la alegría sin la tristeza. Ni el valor sin el miedo. Es la VIDA. La VIDA en la que TODO PASA, y por la que todo pasa.
Esto que tanto te preocupa ahora… también pasará… Y eso que tanto te gusta ahora… también pasará.

Y en todo momento recuerda:
 Tú no eres nada de lo que pasa; eres “Eso” en lo que todo pasa.
Sabemos que todo es impermanente, porque hay “Algo” que es estable.
Todo pasa, porque hay “Algo” que no pasa.
Lo real no cambia; lo que cambia no es real.
miércoles, 29 de noviembre de 2017

Erling Kagge: Silencio

La vanguardia 2017

Erling Kagge, explorador polar, escritor, abogado y editor
Nací y vivo en Oslo. Tres hijas. Desde la perspectiva noruega tengo preocupaciones pequeñas porque somos pocos, estamos a salvo y compartimos un país grande, pero respecto al mundo siento ansiedad por el medio ambiente y la paz. Si pasas tiempo en la naturaleza, es difícil no creer en algo más poderoso. 

Guardar silencio
Ha sido el primero en completar el desafío de los tres polos. Caminó solo durante 52 días hasta el polo Sur, hasta que vio la infinidad de colores de la nieve y los relieves en ese mundo plano. Sabe lo que es ser diminuto ante la inmensidad, fundirse literalmente con la naturaleza y convertirse así en inmenso. Sabe guardar silencio, ese bien tan escaso y necesario. En su vida diaria es editor y escritor, conoce lo que es estar atrapado por los dispositivos modernos (móviles, watsaps...), la necesidad de llenar los huecos con cháchara y ruido, lo fácil que resulta vivir entretenido, alejados de nosotros mismos. Acaba de publicar El silencio en la era del ruido (Taurus), reflexiones de un hombre que ha hallado su propio silencio.

El silencio, ¿otra dimensión?
Es algo muy arraigado en nosotros, una necesidad que deberíamos atender.
¿La ignoramos?
En este mundo actual tenemos que escoger entre el silencio y el ruido, y la opción fácil es el ruido que te permite vivir con los demás, con tus dispositivos electrónicos y escapar de ti mismo.
Cuénteme su caso.
Cuando era niño el silencio equivalía a nada, a momentos de aburrimiento y tristeza. Pero haber caminado solo por el polo Sur durante 50 días con sus 50 noches...
¿Sin contacto alguno?
Sin internet ni teléfono ni radio, y no vi a ningún ser vivo. Allí empecé a percibir que la mente es mucho más amplia que el universo.
¿…?
Te das cuenta de lo pequeñito que eres, es una lección de humildad, pero a la vez te sientes grande porque percibes claramente que formas parte de todo eso que te rodea, parte esencial. Heidegger lo expresó así: el mundo desaparece cuando te fundes con él.
Maravillarse es una de las formas más puras de felicidad.
Hemos nacido para maravillarnos, pero a medida que crecemos vamos perdiendo esa capacidad. En la escuela básicamente lo que te enseñan es a que contribuyas a aumentar el PIB.
Esa sensación de que uno puede ser más amplio que el universo resulta difícil en la ciudad…
Yo creo que muchos se infravaloran, precisamente porque no acceden a su silencio. El ruido está constantemente disponible, a veces no reconocemos el ruido de tanto que hay.
Ruido auditivo, visual e interior.
Ruido es todo lo que te aparta de ti mismo, pero somos seres sociales, así que aislarse de vez en cuando requiere esfuerzo.
¿Al silencio hay que dejarle hablar?
Sí, y lleva inherente una suerte de poderío, es como un mar o como una extensión nevada. Uno se maravilla ante ese poderío si es que no le teme.
¿El estado normal del cerebro es el caos?
Te das cuenta de ello cuando sales de la rutina de siempre y te quedas en silencio, en un cuarto, solo, sin propósito, sin nada que contemplar; entonces se manifiesta el caos. He comprendido que muchos de los problemas que tengo residen precisamente en, como decía Pascal, no saber estar quieto y en silencio.
El silencio está bajo presión.
Para controlar ese caos necesitas silencio. El otro día leí la expresión Brain hacking y es lo que pasa: nos hackean el cerebro con mensajes repetitivos. Ya sabemos que no hay dietas milagrosas, pero seguimos creyendo que es posible.
Es ruido en forma de expectativa.
Entramos en un dopamina loop porque resulta más gratificante mantener la esperanza y seguir buscando que contentarse con haber alcanzado lo que uno quería.
Nuestra capacidad de concentración se va reduciendo.
Según un estudio, tenemos menos capacidad de concentración que los peces de colores. Hemos bajado de 12 a 8 segundos en 15 años. Pero el silencio no es pensar, el silencio es sentir.
“La vida es larga si sabes usarla”.
Hace dos mil años Séneca ya decía que todo el mundo existe pero muy pocos viven. La vida es larga siempre y cuando nos escuchemos más a nosotros mismos y miremos al frente. Pero si vivimos entretenidos con los dispositivos, la televisión y pegados a otros la vida se hace corta.
Qué sensación atesora de sus momentos de soledad y silencio…
En el día a día tengo clara la percepción de dónde termina mi cuerpo, pero cuando estoy perdido por los bosques noruegos, al cabo de dos semanas ese límite físico desaparece, tu cuerpo se adentra en el entorno y formas parte de él.
¿Desaparece la soledad?
Estableces un dialogo con lo que te rodea y te llegan respuestas a preguntas que ni siquiera eras consciente de que habías formulado. Hay un universo que se extiende hacia fuera, otro se extiende hacia dentro.
Recorrer las cloacas de Nueva York es una experiencia bien distinta.
Ves con claridad como todo lo que pasa arriba se refleja abajo, el exceso de consumo y toda esa flora artificial de cables y tuberías. Nuestra inmensa mierda tiene incluso cierta poesía.
¿Por qué se fue a explorar las cloacas?
Pasaba problemas con la madre de mis hijas y tuve esa necesidad de escapar del mundo, y allí me sumergí: dormí y viví durante cinco días, quizá fue un reflejo de mi estado de ánimo.
Los momentos reveladores de su vida ¿han sido sin palabras?
Sí, porque cuando no hay palabras la realidad y la verdad afloran a la superficie. Hace una semana compartí ascensor con una pareja de ancianos, ella le arreglaba con cariño la pajarita y él la miraba agradecido y embelesado a los ojos.
...
Pensé que seguramente habrían pasado infiernos en su relación, pero en aquel silencio era obvio que se amaban. Muchas de las cosas importantes no se pueden explicar con palabras.
La eternidad en el instante, ¿es su anhelo?
Esos momentos sin tiempo... Sí, la eternidad y el instante van de la mano. Creo que en la vida más que de sumar se trata de restar. Cuanto tenemos, lo llevamos dentro.
martes, 28 de noviembre de 2017

Saber decir NO

Hugo Finkelstein
Psicólogo tucumano


No 
No es no, y hay una sola manera de decirlo.
No.
Sin admiración, ni interrogantes, ni puntos suspensivos.
No, se dice de una sola manera. 
Es corto, rápido, monocorde, sobrio y escueto. 
No. 
Se dice una sola vez, 
No. 
Con la misma entonación, 
No. 
Como un disco rayado, 
No. 
Un No que necesita de una larga caminata o 
una reflexión en el jardín no es No. 
Un No que necesita de explicaciones y justificaciones, 
no es No. 
No, tiene la brevedad de un segundo. 
Es un No, para el otro porque ya lo fue para uno mismo. 
No es No, aquí y muy lejos de aquí. 
No, no me deja puertas abiertas ni entrampa con esperanzas, 
ni puede dejar de ser No, aunque el otro y el mundo 
se pongan patas arriba. 
No, es el último acto de dignidad. 
No, es el fin de un libro, sin más capítulos ni segundas partes. 
No, no se dice por carta, ni se dice con silencios, 
ni en voz baja, ni gritando, ni con la cabeza gacha, 
ni mirando hacia otro lado, ni con símbolos devueltos; 
ni con pena y menos aún con satisfacción. 
No es No, porque no. 
Cuando el No es No, se mirará a los ojos y el No se descolgará 
naturalmente de los labios. 
La voz del No, no es trémula, ni vacilante, ni agresiva y no deja duda alguna. 
Ese No, no es una negación del pasado, es una corrección del futuro. 
Y sólo quien sabe decir No puede decir Sí.
lunes, 27 de noviembre de 2017

“Me paso el día pensando...”

Pax Vostrum
Beatriz


“Pensando…, me paso el día pensando…, y los vecinos mientras tanto…”   Algo así decía la canción de Alaska y los Pegamoides, ¿no?  Ah.., no, que era bailando…ja,ja,ja…   Bueno, se puede “adaptar” perfectamente.  “Pienso todo el día…, con o sin compañía…”
Así es como nos pasamos nuestros días. A todas horas haciendo elucubraciones, juzgando, interpretando, soñando, rumiando, dando vueltas a la realidad que tenemos delante… pero ¿viviéndola?, ¿de verdad la vivimos?
Para comprender la música hay que escucharla, pero mientras pensamos [Yo] estoy escuchando esta música, ya no la escuchamos de verdad.   Alan Watts – “La sabiduría de la inseguridad”.
Esto es lo que hacemos continuamente, en nuestros trabajos, con nuestra pareja, con nuestra familia, en nuestros hobbies.., pensamos sobre ellos, comparamos nuestro ideal con lo que tenemos, observamos la separación que hay entre lo que tenemos y lo que nuestra mente nos cuenta que es “ideal”, pero pocas veces, estamos en ellos, nos entregamos de veras…  Y así vivimos, pensando en vivir. Funcionamos con una sensación continua de no estar entregados al 100% a la vida, de no estar inmiscuidos en ella, de no estar viviendo plenamente.
Seguro que realizas o has realizado alguna actividad en la que se para el tiempo… en la que te olvidas de ti, en las que solo eres, y ¡qué maravilla! ¡qué relax! Eso es presencia. Eso es vivir la vida, y no pensar en la vida.
“Deja de pensar en la vida y resuélvete a vivirla”.
¿No te pasa a menudo? ¿No sientes que no entregas ni das todo lo que tú eres? ¿No te pasa que piensas mucho sobre ti, sobre lo que eres, sobre lo que puedes o no puedes hacer, sobre lo que deberías o no deberías de hacer, sobre lo que podrías o no podrías estar haciendo? ¿Sobre cómo serás más feliz? ¿Sobre cómo estarás mejor?
Te pongo un ejemplo en el que se ve muy claro esa falta de presencia en nuestra vida: estás a punto de tener una entrevista de trabajo y como estás pensando “estoy en una entrevista de trabajo”, “a ver qué pasa”, “qué nervios”, “lo haré bien”, “a ver si no me quedo en blanco”, “a ver si respondo inteligentemente, etc…,  ya no puedes entender al entrevistador ni implicarte plenamente con él, ni contestar ni mostrarte tal y como eres, ofreciendo y enseñando tu lado más auténtico…   Si estás pensando en la entrevista no puedes estar inmersa de veras en la entrevista.
Damos tanta importancia a lo que piensan los demás sobre nosotros, estamos tan preocupados haciendo adivinaciones de lo que los otros están pensando, estamos tan enfocados en los resultados que vamos a obtener de lo que hacemos, que no nos podemos concentrar en el proceso.
Hace algunos días, leía en un libro de Amy Cude (El poder de la presencia) lo siguiente: Denis Diderot, el filósofo y escritor francés del siglo XVIII, se enzarzó durante una cena en un debate sobre un tema que dominaba a fondo. Esa noche no estaba en su mejor momento, se sentía ausente, aislado, lleno de pensamientos, estaba cortado, preocupado por miedo a hacer el ridículo. En un momento dado, Diderot no supo qué argumentarle a su contrincante, no se le ocurrió ninguna respuesta inteligente. Poco después, abandonó la reunión. Mientras bajaba las escaleras, Diderot siguió recordando y recreando el humillante momento, buscando la réplica perfecta, buscando las palabras que le tenía que haber dicho. Nada más llegar al pie de las escaleras, le vino a la cabeza. ¿Debía dar la vuelta, subir las escaleras y volver a la cena con su aguda respuesta? Claro que no. Era demasiado tarde. El momento y la oportunidad habían pasado. Lo lamentó profundamente. Tenía la respuesta correcta, pero ¿por qué no apareció cuando “debía”? ¡Qué lástima no haber tenido la presencia mental para encontrar las palabras adecuadas cuando más lo necesitaba! Diderot, reflexionando sobre su experiencia escribió: “Un hombre sensible como yo, abrumado por la réplica de su interlocutor, se siente confundido y solo puede pensar con claridad de nuevo al llegar al pie de las escaleras”. De modo, que acuñó la expresión francesa l’esprit d’escalier: el espíritu de las escaleras.
¿Cuántas veces te ha poseído este espíritu de las escaleras?
¿Te imaginas poder dejar de pensar todo el tiempo, dejar de juzgar, dejar de buscar la mejor actuación en cada momento y funcionar de una manera natural y espontánea?
La presencia es despojarse de cualquier juicio, muro y máscara para crear una conexión verdadera y profunda con la gente o las experiencias.  La presencia es poder ser yo misma y no perder la confianza, pase lo que pase. La presencia es ser conscientes de todo lo que pasa en nuestro interior y ser capaces de expresarlo sintiéndonos en paz y sin miedo. La presencia es vivir sin dar vueltas a lo que tengo delante, solo vivir.  La presencia es entregarme a lo que es a cada momento sin que mi cabeza me lleve a ningún otro sitio.
La presencia es no pensar tanto en la vida y vivirla más.
¿Te animas a practicar el arte de la presencia para por fin soltar el dejar de pensar?
Te pongo la pegadiza canción de Alaska y los Pegamoides, practica cambiar el bailando por el pensando… , prueba a utilizarla como herramienta para desapegarte de tus pensamientos, no dejar que te dominen y entrar en presencia.  El baile es una buena manera de estar presente, así que mueve la cabeza, mueve el pie…, mueve la tibia y el peroné…
domingo, 26 de noviembre de 2017

Es lo que hay

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena

Destacando. Foto Jesús Aguado

Así terminó Ara Malikian el último concierto al que yo asistí. Dijo más o menos que él y sus músicos habían puesto corazón, alma y ganas y eso era lo que había. Y lo que había, doy fe de ello, era mucho, mucho.

Cuando uno da de sí mismo lo máximo que puede dar, los demás –a poco que estiremos la sensibilidad- captamos su compromiso, su ilusión y sus ganas de compartir y nos dejamos contagiar por la energía arrolladora de quien se ofrece de esa forma. Nos esponjamos, nos ilusionamos con él y vivimos intensos momentos de felicidad.

“Es lo que hay” se utiliza muy a menudo en nuestras conversaciones cotidianas. La mayor parte de las veces con un sentido limitante del término. Algo así como “hasta aquí llegamos” o “no busquemos más” o “no esperemos otra cosa”.

En algún caso lo que hay es tan mínimo, tan raquítico… que me resisto a creer que detrás de esa expresión no haya nada más.

¿De verdad no hay más que pasar de puntillas por la vida sin exprimirla? ¿No hay más que dormitar, esperando a que pase el tiempo, sin metas ni objetivos ilusionantes? ¿No hay más que buscar la mejor forma de parapetarnos en nuestra zona de confort para no asumir ningún tipo de riesgo?

Sinceramente, no lo creo.

Creo que todos tenemos capacidad suficiente para hacer grandes obras y podemos hacerlas. Otra cosa es la actitud de creernos lo que somos y lo que podemos hacer.

Y, en fin, sólo cuando nos damos plenamente, podremos decir “es lo que hay”. En los demás casos, cuando estamos a medio gas, mejor nos callamos.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Descubren
por qué funciona
la meditación



Meteora, un lugar para la meditación
Modifica las zonas cerebrales relacionadas con los objetivos de las técnicas empleadas
La práctica de la meditación modifica las zonas del cerebro vinculadas a la atención, las competencias socio-afectivas y socio-cognitivas dependiendo de las técnicas mentales empleadas, ha comprobado un estudio. Es la primera vez que se determina qué tipo de práctica mental produce qué efecto y cuáles son los procesos cerebrales implicados en cada técnica.
La meditación cambia la arquitectura de algunas zonas del cerebro y consigue mejorar las habilidades sociales y reducir los niveles de ansiedad, ha descubierto un nuevo estudio realizado por científicos del Instituto Max Planck de Ciencias Cognitivas y del Cerebro en Leipzig, Alemania, cuyos resultados se publican en Science Advances.
Ya se sabía que la meditación se desarrolla mediante una variedad de técnicas de entrenamiento mental que, en principio, pueden ser practicadas por cualquier persona. También se ha demostrado repetidamente que la meditación puede tener un efecto positivo en determinados aspectos de la salud y del bienestar. 
Sin embargo, hasta ahora, no estaba claro qué tipo de práctica mental produce qué efecto y cuáles son los procesos subyacentes de los efectos detectados, y es lo que aporta de nuevo esta investigación.
En esta investigación participaron 160 personas que realizaron tres programas de entrenamiento,  cada uno de ellos de tres meses de duración y centrados en un área específica de habilidades.
El primer programa estuvo dedicado los factores de conciencia y atención plena, en el cual los participantes realizaron técnicas básicas de meditación, respiración y atención a las sensaciones.
El segundo programa se centró en las competencias socio-afectivas, como la compasión, la gratitud, la empatía o la gestión de emociones difíciles. En este programa los participantes tuvieron que trabajar en parejas para compartir sus emociones.
Actividades socio-cognitivas
En el tercer programa, centrado en actividades socio-cognitivas, como la autopercepción y adquirir la perspectiva de los otros, los participantes aprendieron a tomar diferentes perspectivas de aspectos de su personalidad a partir de experiencias subjetivas, que compartían a través de ejercicios específicos y en parejas.
Las 160 personas realizaron los ejercicios descritos para cada grupo durante 30 minutos al día, seis días a la semana. Al finalizar cada programa, los científicos registraron el estado de los participantes mediante test psicológicos, la medición de la actividad cerebral a través de resonancia magnética y también mediante diferentes análisis para establecer niveles de estrés en el cuerpo, como la liberación de cortisol.
Al concluir el primer programa,  los investigadores observaron cambios en áreas en la corteza cerebral vinculadas a la atención, mientras que al acabar los otros dos, centrados en las competencias socio-afectivas y socio-cognitivas, se vieron mejoras en aspectos como la compasión o la toma de perspectiva, con cambios en las regiones del cerebro donde se desarrollan esas habilidades. 
Por último, mediante un examen de estrés psicosocial, se descubrió que la secreción de cortisol, la hormona del estrés, disminuyó más de un 51%, aunque solo tras acabar los dos programas centrados en desarrollar competencias sociales. No se percibió esa bajada al acabar el primer programa, destinado a fomentar la atención. Sin embargo, al terminar cada uno de los tres programas, sí se había reducido la percepción subjetiva del estrés.
Cambios estructurales en el cerebro
“Nuestros descubrimientos muestran claramente que el entrenamiento mental diario, breve y específico puede producir cambios estructurales en el cerebro, lo que a su vez conduce a una mejora en la inteligencia social”, explica la investigadora Tania Singer, en un comunicado del Instituto Max Planck. 
Singer destaca la relevancia de estos descubrimientos para el sistema educativo y la aplicación clínica, teniendo en cuenta que “la empatía, la compasión y la toma de perspectiva son competencias cruciales para el éxito de las interacciones sociales, la resolución de conflictos y la cooperación”.
Los resultados, concluye Singer, muestran que cualquier adulto sano pueden mejorar competencias sociales cruciales necesarias para el éxito de la interacción social y la cooperación reduciendo el estrés a través de la meditación, y que cada ejercicio mental tiene un efecto diferente en el cerebro, la salud y el comportamiento.
“Dependiendo de la técnica de entrenamiento mental que se practique, cambiarán de forma significativa estructuras cerebrales específicas y los marcadores de comportamiento vinculados a ellas “, destaca Sofie Valk, autora principal del artículo. La investigación ha girado en torno al ReSource Project.
Referencia 
jueves, 23 de noviembre de 2017

Pon alas a tu mochila

El rincón del psiquiatra
Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra


Recuerdo cuando mis hijos eran pequeños que el camino hacia el “cole” era toda una odisea. Tanto Javier como Cristina portaban sendas mochilas, donde además de los libros, cuadernos y bolígrafos llevaban el bocadillo para el recreo, los últimos cromos, un huevo kínder, pañuelos, goma de borrar, reglas, y un largo etcétera que convertía la mochila en una carga pesada. Era un signo de ser mayor el poder llevar esa pesada carga y “estaba mal visto” que los papás hiciéramos de portadores. La cosa se complicaba cuando Javier o Cristina querían llevar la mochila del otro. Un cierto día, en ese corto pero “largo” camino hacia el “cole”, Cristina encorvada por el peso de su mochila, se para, me mira y dice: “Papá, que bueno sería que la mochila tuviera alas…  “Hoy quiero pensar que también sería bueno que  la “mochila psicológica” que todos llevamos  cumpliera ese deseo: tuviera alas.
Cada ser humano es como mis hijos o esos peregrinos que acuden a la Meca o Santiago de Compostela con su mochila a cuestas: dentro están tanto objetos necesarios como los no tan necesarios, pero también nuestros sufrimientos y alegrías, esperanzas y desesperanzas, odio y amores, fantasías que se han convertido en la guía de nuestras vidas. En ocasiones, también, nos echamos a la espalda las angustias de nuestra pareja, de nuestro hijo o del vecino del quinto, en un intento por ser el salvador del universo. Mas la vida está construida para que cada uno lleve su “mochila” (esta es única e intransferible) lo que no evita que en algún trecho del camino de la vida podamos compartir la pesadez de la misma. Como un buen peregrino el ser humano debe aprender a carga su “mochila psicológica” de aspectos positivos y a descargar todo aquello inútil que lo único que produce es más pesadez.
Proponemos las siguientes acciones para poner “alas a nuestra mochila psicológica”:
1).- Tomar conciencia de las “piedras pesadas” que llenan nuestra mochila. Es necesario, pues, que hagamos un alto en el camino de nuestra vida y seamos capaces de vaciar la mochila y observar qué es lo que más nos hace sufrir o qué nos facilita la felicidad. Debemos conocer nuestras posibilidades y limitaciones reales para poder construir el edificio de nuestra salud mental. Es pues desde el conocimiento de uno mismo desde donde podemos cimentar una vida saludable.
2).- No tener miedo al cambio y aceptar la nueva sensación de una mochila ligera. En ocasiones el cambio no se produce, por el miedo a lo venidero: temor al futuro de una relación, un nuevo trabajo, otro hijo, etc.
En nuestra vida cotidiana nos puede pasar algo parecido: seguimos atados a muchas cosas (relaciones, trabajo, costumbres, concepciones de incapacidad para hacer tal o cual cosa, vivencias infantiles que han marcado nuestra vida  y la han determinado, etc.) y seguimos casi por inercia manteniendo comportamientos que nos hacen sufrir, o al menos no nos dejan ser felices.
4).- No tener ideas preconcebidas sobre el contenido de nuestra mochila: las cosas, las personas o los acontecimientos que nos rodean: es verdad que sufrimos con posibles reacciones de nuestros  compañeros o amigos;  pensamos que nuestros padres nos van echar la bronca por llegar tarde; o que nuestro jefe nos va a penalizar con la carta de despido; o que este turno de trabajo  tan bueno lo vamos a perder con la reestructuración de la empresa dentro de dos años, etc. Luego no se da ni lo uno ni lo otro, pero la amargura y la angustia ya han invadido nuestras mentes. Es una manera de ir cargando nuestra mochila de “futuribles”, que la mayoría de las veces no se producen, pero hinchan de forma exagerada nuestra mochila. Resultado: ansiedad anticipatoria, que es un sufrimiento estéril e inútil.
6).- Llevar una mochila de acuerdo a las posibilidades de cada uno: a veces, en la experiencia clínica, uno se encuentra con el sufrimiento más atroz simplemente por no saber graduar los objetivos. No es cierto que "el límite es el cielo", sino las posibilidades de cada uno. La angustia y el sufrimiento se producen porque no hay concordancia entre las aspiraciones y las propias posibilidades: no haber estudiado una carrera universitaria, no tener un mercedes o simplemente un trabajo de 8 a 3 h.
Los objetivos o metas de cada persona son acicate y estímulo cuando existe una correspondencia entre la meta y los medios; de lo contrario se producirá una fuerte frustración, que provocará malestar y sufrimiento.
7).- Siempre queda la alternativa de pedir ayuda a otro. En este caso sería conveniente la consulta a un familiar, amigo o compañero o incluso a un profesional de la psicología para que nos iluminara el camino, sabiendo que cada uno de nosotros debe llevar su propia mochila, pero sabiendo también que el compartir durante un trecho del camino la mochila pude ser de gran ayuda. De aquí se desprende la importancia del “nosotros” en el proceso de bienestar de cada uno.
Pon alas a tu mochila
El deseo de mi hija Cristina se puede hacer realidad con la “mochila psicológica”: potenciando las fortalezas. Así como no podemos vaciar totalmente la mochila del cole pues es necesario llevar los libros y cuadernos para las clases, sí podemos retirar todo lo superfluo y además dejar que el otro nos ayude o en el último instante llevarla en un carrito que sería el equivalente a las alas, que deseaba Cristina. En la “mochila psicológica” las fortalezas descritas por Seligman pueden ser las alas que faciliten, a pesar de las dificultades y sufrimientos, poder llevar una buena calidad de vida.