Yo no he nacido para un rincón: mi patria es el mundo.
Séneca
martes, 27 de junio de 2017

Medicina alternativa: ¿fraude o sabiduría? (y II)

Enrique Martínez Lozano
Psicoterapeuta


En el tema que nos ocupa, me parece que la postura obstinadamente cerrada a lo que habitualmente se nombra como “medicina o terapias alternativas” manifiesta ignorancia múltiple –y con frecuencia arrogante– en campos específicos de la ciencia, así como desprecio infundado de una sabiduría milenaria –china o india, en el caso de lo que estamos hablando–, sobre la base de un no confesado etnocentrismo que sigue sorprendente y virulentamente vivo.
En nombre de la “ciencia” –en realidad, del paradigma científico social y oficialmente aplaudido–, se desconocen, ignoran o desprecian los avances que se han ido produciendo en los campos de la ciencia física (cuántica), de las ciencias de la vida (de un modo particular, la epigenética) y de las neurociencias.  
Por lo demás, no es necesario ser un científico –ni siquiera un periodista dedicado a la divulgación científica– para saber que, como reza el título de un libro recomendable del físico Carlo Rovelli, “la realidad no es lo que parece”
Conscientes –y ese es su modo de avanzar– de que es la ciencia la que echa por tierra postulados “científicos”, como ha ocurrido con la emergencia de la física cuántica, sería bueno mantener despierto el espíritu crítico frente a cualquier promesa milagrosa, pero sin caer en el extremo opuesto que absolutiza nuestras “creencias” previas, por temor a que sean cuestionadas.
Cuando, desde Einstein, es una evidencia científica que materia y energía son, en última instancia, lo mismo, ¿qué rigor científico puede exhibir quien niega la eficacia de un tratamiento “energético”? Cuando la visión holística de lo real es algo científicamente comprobado, ¿quién podría poner en duda que todo repercute en todo –los pensamientos y las emociones en la salud física–, sin caer en una arrogancia ignorante?
Desde los experimentos de Vladimir Poponin hasta los de Konstantin Korotkov, pasando por todos los estudios acerca de la modificación del ADN –que podría ser reprogramado por palabras y frecuencias determinadas– y los campos de energía o biocampos, nos hallamos en un momento histórico de auténtica eclosión científica que, al menos, debería fortalecer nuestra apertura y nuestra humildad, sin caer en la credulidad infantil y sin cerrarnos a aquello que pueda producirnos, de entrada, “disonancia cognitiva”
Suena a arrogancia, a la vez que insulto a la inteligencia, afirmar con rotundidad que “no hay nada más”.  Y, sin embargo, ese parece ser el presupuesto implícito de los artículos a los que estoy haciendo referencia. Lo intelectualmente honesto y riguroso solo puede adoptar esta formulación: “No sé nada más”.
Es precisamente la reiteración de ese tipo de artículos en El País, así como el hecho de que todos ellos, sin excepción que yo conozca, adoptan ese mismo “tono” que, al tiempo que exige y presume de “rigor científico”, se mantiene anclado en un paradigma que ha empezado a quedar obsoleto en todos los campos –desde la física hasta la medicina–, lo que despierta en mí una tercera reacción: la sospecha de que, tras esas tomas de posición reiteradas, existan intereses ocultos, por parte de quienes no están dispuestos a perder las ganancias que les aporta el hecho de que todo siga como está. Me refiero, obviamente, a la poderosa red de laboratorios farmacéuticos y las tretas que utilizan para que sus mastodónticos beneficios no se vean menguados, aun a costa de la vida de multitud de seres humanos –recuérdese la película “El jardinero fiel”, basada en la novela homónima de John le Carré– y, por supuesto, frenando en todo lo posible aquellos descubrimientos científicos que cuestionan las bases “tradicionales” en que se asientan.
...la primera parte de esta reflexión fue publicada el martes pasado 20 de junio. Para recordarla puedes volver a leerla en este mismo blog.
lunes, 26 de junio de 2017

Soledad




Alguien dejó escrito esto en un muro de la ciudad
Es un juego de palabras para pensar
¿Qué es la soledad?
Invitamos a los amigos del blog que dejen su opinión.
¿Compartes la frase?
domingo, 25 de junio de 2017

Despacito

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena


Ahora que está tan de moda la canción, que se ha traducido a múltiples lenguas, que se han hecho diversas e inverosímiles versiones, que se ha adaptado su música a todo tipo de situación (por increíble que parezca) y que no hay nadie que no la haya tarareado alguna vez o varias… Ahora, podríamos tomarnos en serio no ya la letra sino el título.
En estos días de prisa por finalización de cursos, colegios, contratos, horarios… en que muchos de nosotros queremos terminar cuanto antes y como sea, nos vendría bien un poco de “despacito” para no agobiarnos y –lo más importante– para no agobiar a los que están a nuestro alrededor.
Estoy un poco harta de asistir a reuniones donde a los cinco minutos se empieza a meter prisa por acabar, donde se posponen acuerdos o toma de decisiones para un futuro mejor lejos que cerca, donde la ansiedad por escapar se palpa en el ambiente, donde no hay tiempo para otra despedida que no sea marchar corriendo.
Tanta prisa ¿para qué?
Tal vez si nos tomáramos la vida un poco más despacio, haciendo cada cosa en cada momento, dedicándonos a nada más que lo que nos ocupa en el presente, no viviríamos tan estresados, tan al límite, tan corriendo de un lado a otro –muchas veces, me temo, sin saber exactamente adónde–.
Y casi lo más triste de todo es que la prisa se convierte en actitud. Una actitud que nos acompaña en cada acción que realizamos. A ver si a fuerza de repetir y escuchar tantas veces “despacito” se nos va pegando algo de calma.
sábado, 24 de junio de 2017

Qué bonita la vida

Una canción que llega dentro
Para unos minutos y escúchala
Descubra tantas cosas bonitas que hay a tu alrededor

viernes, 23 de junio de 2017

Entrevista a Mercedes Martínez González


El Teléfono de la Esperanza de León ha propuesto al Presidente nacional de la organización el nombramiento de Mercedes Martínez como Presidenta de este Centro.
Por este motivo esta redacción se ha hecho eco de tan importante acontecimiento y ha pulsado el ánimo y el corazón de la propuesta.

¿Qué te ha motivado a presentarte como Presidenta?
Que el TE siga estando activo y al lado del que sufre y está en crisis.
Conquistar una nueva etapa.
Creer y confiar aún más en mis energías, fuerzas y compromiso.
Buscar una nueva Sede y que sea nuestra y sin pagar alquiler y que sea más grande.
Formar una gran familia donde haya cabida para todos.
¿Qué esperas de esta nueva etapa?
Aires nuevos, fuerzas nuevas y entusiasmos nuevos.
Compromiso, aumento de voluntarios y más personas comprometidas con este maravilloso proyecto.
Que lo que compartimos en los grupos lo practiquemos en profundidad sobre todo en la comunicación.
¿Qué necesita ahora el TE?
Personas motivadas y motivadoras.
Compartir experiencias, vivencias, ilusiones, y creciendo cada día más.
Que la comunicación sea sincera y asertiva.
Entusiasmo, que nos sintamos felices con lo que hacemos y que se note.
¿Qué vas a aportar tu al TE?
QUIERO aportar ilusión, compromiso, entusiasmo, alegría, motivación, escucha , entrega,  respeto  y mucho cariño.
jueves, 22 de junio de 2017

Madre

Caligrafía de emociones
Jose

El arte de la vida
se me antoja delicado.
Tanto, a veces,
que temo no acertar
a quererte,
como tu fragilidad anhela.
Madre mía.
miércoles, 21 de junio de 2017

Decálogo para convivir con un adolescente

El rincón del psiquiatra
Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra


Hoy, al reflexionar sobre la adolescencia se me antoja pensar que el “joven adulto” se encuentra entre Peter-Pan (el niño que no quería crecer) y Superman (reflejo del poder, la fuerza, la omnipotencia); entre la infancia que siente deseo de superar, pero también nostalgia, y su convicción de ser más que nadie, incluso que los padres. El adolescente, pues está en esta encrucijada: dejar de ser niño para convertirse en adulto. He aquí algunos consejos que pueden ayudar a los padres en esta ardua tarea.
1.- Reglas claras y concisas: Gráficamente podemos afirmar que la adolescencia es como un caudaloso río, que es preciso encauzar para que no se desborde. Toda la energía y potencialidad de esta etapa de la vida precisa de unos límites claros y precisos. Si algo le repugna es la mentira, la confusión, la oscuridad. Por esto, es preciso definir y expresar con nitidez las reglas de convivencia familiar, pero sin pretender la ley del embudo: al adulto todo le es permitido; al adolescente todo le es prohibido.
2.- Comunicación sin culpabilizar: Posibilitar la comunicación fluida entre padre e hijos, no imponiéndola por la fuerza sino con el ejemplo. No podemos desear que nuestro hijo adolescente nos diga donde ha estado una tarde del domingo, cuando nunca le comunicamos en que consiste nuestro trabajo  o cómo se encuentra la situación económica familiar. La comunicación no se impone, se mama desde pequeño o no se incorpora al código personal.
3.- Ambiente familiar acogedor: es necesario propiciar un clima familiar donde se pueda expresar tanto los sentimientos  positivos como los negativos. El adolescente necesita comprobar que su agresividad no destruye a sus seres queridos ni tampoco a él mismo. Por esto podemos permitir que exprese su ira, su rencor o su envidia o celos, para posibilitar una buena elaboración. Lo “malo” no es tener sentimientos negativos, sino el llevarlos a la práctica, a través de la agresión física o verbal. Pero también debemos favorecer la exteriorización de sentimientos positivos: el afecto, la valoración del esfuerzo realizado, etc. De esta manera favoreceremos la configuración de una personalidad equilibrada.
4.- Valoración: eso sí, el adolescente debe sentirse valorado y querido no solamente por lo que hace (obtener buenas notas, ser obediente, etc.) sino por lo que es: hijo, persona. Los padres no podemos poner en una balanza nuestro amor hacia los hijos para que se equilibre con los logros conseguidos (ser un buen estudiante o deportista) sino que se debe “sentir querido” aunque tenga malas notas y no cumpla las expectativas que teníamos sobre él.
5.- Identificar las señales de alarma: en la convivencia con el adolescente debemos mostrar una actitud respetuosa con su intimidad (no “machacar con preguntas invasivas: ¿con quien has estado? ¿qué has hecho esta tarde?, etc.) pero al mismo tiempo debemos conocer quienes son sus amigos y cuales son  sus aspiraciones. ¡Difícil equilibrio! Es necesario, pues una “vigilancia respetuosa”. Por esto, debemos estar atentos a  “señales” que pueden ser indicio de algún problema. Así: el aumento o disminución de peso significativo en poco tiempo, absentismo escolar sin justificación, bajo rendimiento escolar de forma repentina, indicios o sospechas que consume alcohol u otras drogas, algún problema con la ley, alteraciones del sueño, entre otras, si se mantienen al menos durante un  mes se debería pedir la ayuda de un profesional de la psicología.
6.- Aceptar las limitaciones del adolescente: si es cierto que todas las comparaciones son odiosas, mucho más cuando lo referimos a lo que hace un adolescente. Debemos aceptar a cada hijo con sus posibilidades y límites, tanto en el aspecto psicológicos, como rendimiento escolar o en el mismo deporte. Puede ser inteligente o no, con posibilidades para el deporte o no, pero siempre tendrá aspectos positivos que habría que potenciar: su solidaridad, su sentido de la justicia, su sentido del humor y un largo etcétera.
7.- Saber negociar: una forma frecuente del adolescente de autoafirmación es la rebeldía. Esto lo podemos ilustrar con la historia de Antonio: tiene 15 años. Sus padres le han forzado a consultar al psiquiatra, porque sistemáticamente transgrede el horario de volver a casa. Siempre llega tarde. Tras hablar con los padres nos entrevistamos con Antonio a solas. Nos dice: "Mire Vd.  esos veinte minutos que llego tarde a casa, son los más aburridos del día. Cuando todos mis amigos se marchan, yo doy unas cuantas vueltas al bloque de mi casa... hasta que se pasan esos minutos. Después ya puedo subir a cenar". Es una de las formas de autoafirmación del adolescente: se opone porque sí, aunque no consiga ningún bene­ficio a cambio. ¡Existen muchos Antonios entre los jóvenes!
8.- Castigar con cordura: es una de las “recetas magistrales” para la convivencia con un adolescente. Como primer ingrediente podemos señalar éste: no le amenaces con un castigo que no vayas a cumplir (“todo el año sin salir los domingos”, “te suspendo la paga semanal durante tres meses”, por ejemplo); segundo ingrediente: si castigas no puedes después echarte atrás (en este sentido existen padres que se les va la fuerza por la boca y solamente castigan buscando demostrar su poder. ¡Craso error!);  tercer ingrediente: el castigo debe ser proporcionar a la falta cometida. Si a algo es sensible el adolescente es a la  injusticia. Sé justo en el castigo y el propio adolescente reconocerá su error; y el cuarto ingrediente: que el castigo no sea producto de tu ira, rencor, frustración, sino que el adolescente reconozca que ha cometido una falta y tiene que repararla.
9.- Razonar las normas: el adolescente puede tener comportamientos díscolos y se puede dejar llevar por sus impulsos y su tendencia al desorden, al caos, pero puede entender que los padres prefieran el orden. No responden nunca: “porque sí” o “porque soy tu padre  o tu madre”, o “mientras estés en esta casa harás lo que yo te diga”.  Todas estas contestaciones lo que hacen son favorecer la rebeldía del adolescente. Más bien, habrá que procurar decir, sin voces y sin descalificaciones, que nos agrada que tenga el cuarto arreglado o cuando se va a retrasar nos gustaría que nos llamara por teléfono, por poner solamente algunos ejemplos.
10.- Somos padres, no amigos: oímos por doquier que debemos ser amigos de nuestros hijos pues de esta manera tendrán más confianza con nosotros y como una forma de allanar las diferencias. ¡Grave error! La confianza no se consigue porque nos comportemos como el otro (inmaduro, inseguro, desorientado) sino porque el hijo compruebe  que estamos atentos a sus problemas, que somos comprensivos y que tenemos capacidad para orientarles en sus conflictos. Y esto lo podremos hacer no desde la igualdad sino desde nuestra capacidad como padres para favorecer “el buen rollo” aunque estemos en planos diferentes: los padres son los máximos responsables de la familia y ellos son los que tienen que dictar las normas y enseñar los valores; los hijos deben obedecer y admitir las reglas, aunque siempre en un clima de compresión.
martes, 20 de junio de 2017

Medicina alternativa: ¿fraude o sabiduría? (I)

Enrique Martínez Lozano
Psicoterapeuta


De manera recurrente, el diario El País trae algún artículo –no siempre firmado por el mismo periodista- en el que arremete sin contemplaciones y sin ningún tipo de matización, contra lo que, genéricamente, denomina “medicina alternativa” o, de modo aún más simple, “terapias pseudocientíficas”.
El más reciente –publicado el día 15 de marzo de 2017- no es un artículo de opinión, pero refleja la que parece ser la línea habitual del periódico. Con el título “Críticas por un programa de promoción de pseudociencias en la radio pública”, alude a una protesta formal del partido político Ciudadanos, “por el estreno de un espacio en Radio 5 para la naturopatía, el reiki o la homeopatía”.
De nada sirve que, desde el propio programa –En cuerpo y alma, estrenado por RNE el pasado 1 de febrero-, se explique que “el cuerpo y el alma necesitan atención y se le puede dar de diversas formas. Yoga, naturopatía, shiatsu, reiki, meditación, quiromasaje, homeopatía, reflexología, pensamiento positivo… Complementos de la ciencia más actual y tradicional con todos sus avances que no pueden ser ignorados, pero que se pueden complementar”. De nada sirve la explicación. A renglón seguido, el periodista escribe que se trata de un programa “para la difusión de pseudociencias, tratamientos y terapias que no tienen aval científico para mejorar la salud de las personas”.
La recurrencia con la que en el citado diario se aborda toda esta cuestión referente a la llamada “medicina alternativa”, suscita en mí tres reacciones: valoración del espíritu crítico, pesar ante la ignorancia y sospecha de intereses ocultos.
En primer lugar, me parece irrenunciable la razón crítica frente a todo tipo de ofertas que, en cualquier campo, nos quieran vender. Somos bien conscientes, tanto de la credulidad de la gente, como de la “habilidad” de charlatanes para garantizar el “éxito” de productos engañosos o, cuando menos, inútiles, que se han puesto de moda en un momento determinado. La actitud crítica ofrece un mínimo de distancia lúcida, que hace posible un discernimiento adecuado. La clave está justamente en el discernimiento lúcido, no en el rechazo por sistema de todo lo nuevo. No es lo mismo que, desde la TV pública, una periodista de moda recomiende las ventajas del consumo de limones para curar el cáncer que, desde el rigor que aportan los más recientes descubrimientos científicos, se planteen posibilidades hasta ahora inéditas, que chocan incluso por el paradigma “oficialmente” reconocido. Y no parece intelectualmente riguroso rechazar algo por la sencilla razón de que no responde a los estándares oficialmente aceptados.
Cuando, por ese motivo, se rechazan apriorísticamente planteamientos novedosos o terapias alternativas, siento –y este es la segunda reacción- pesar por lo que percibo como cerrazón obstinada, por más que se presente apoyada por la ciencia…, sin caer en la cuenta de que esa “ciencia” a la que aluden ha quedado –o está quedando- obsoleta.
Porque, ¿desde dónde se dice que algo no es “científico”? Indudablemente, desde un determinado paradigma científico, pero nunca desde la ciencia en sí misma. La ciencia clásica descartaba, como absurdos, los nuevos descubrimientos que iban surgiendo desde el campo de la mecánica cuántica. El propio genio de Einstein fue esclavo de su identificación con un paradigma determinado cuando, en la polémica con Niels Bohr, llegó a afirmar que “Dios no juega a los dados” (en un intento de sostener el determinismo de la física clásica frente al principio de indeterminación o de incertidumbre), o incluso a abominar de “la espeluznante acción a distancia” (frente a la teoría de la no-localidad cuántica). El desarrollo de la ciencia acabaría dando la razón al danés y mostrando, de paso, que Einstein, queriendo ser fiel a la ciencia, lo que hacía en realidad era cerrarse a la misma. De una manera similar, ¿quién nos asegura que mucho de lo que actualmente es descartado como “pseudocientífico” no será reconocido en un futuro no lejano como científicamente probado?
...la próxima semana la segunda parte...
lunes, 19 de junio de 2017

El sentido de la vida




Hace unas semanas he finalizado el grupo de “El Sentido de la Vida” en el Teléfono de la Esperanza, de sus aplicaciones básicas, he elaborado este decálogo que quiero compartir con todos vosotros y voy a aplicar en mi vida.
1- Estamos aquí para amarnos los unos a los otros. Quien está privado de cariño padece y sufre. Aligera el peso de las personas que te rodean y hazles la vida más agradable.
2- La vida nos da un mensaje en cada hecho que ocurre. Pregúntate qué mensaje te quiere dar.     
3- Cuando yo cambio, la vida cambia.
4- Acepta lo que sea inevitable. De qué sirve rebelarse contra lo que no tiene sentido?
5- La vida tiene significado y sentido si ejercemos responsablemente nuestra libertad.
6- Cuando se analizan las causas del sufrimiento, la mayoría de las veces están basadas en suposiciones, no en hechos reales.
7- El dolor es algo que me acontece, algo que me ocurre. El sufrimiento es algo que yo elijo.
8- Si tienes esperanza, todas las adversidades que nos producen dolor y sufrimiento se pueden superar o mitigar.
9-La calidad de mis pensamientos determina la calidad de mi vida.
10- En una vida con valores positivos el primer beneficiado voy a ser yo.
domingo, 18 de junio de 2017

Artistas

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena
Artista es el que crea algún tipo de arte, sea éste literario, plástico, escultórico, fotográfico o cualquier otro. Es, en definitiva, el que pone su talento y su ingenio al servicio de la creación.
El artista posee sensibilidad para captar más allá de lo aparente, elegancia para transformar lo normal en especial, paciencia para conseguir la armonía de las formas y pasión para mantenerse fiel a su afán de creación.
Estas cuatro cualidades básicas van acompañadas, además, de intuición, disfrute en el hacer, ilusión, capacidad de soñar, concentración, generosidad… y la eterna pregunta: ¿el artista es o se hace?
Yo creo que el artista es, pero si no se hace, si no se descubre y crece, no se convierte en ello. Necesita darse la oportunidad de mostrar, a través de sus obras, aquello que es.
Y lo creo así porque todo eso que he nombrado y más es lo que nuestro compañero Javi Robles es.
Un hombre al que la vida le sorprendió con un revés en un momento dado y, en lugar de llorar y lamentarse, se puso a crear. Tal vez fuera ese revés la oportunidad que necesitaba para sacar a la luz toda su fuerza creadora (aunque a él le cueste aceptarlo).
Javi crea desde el barro y el color. Saca formas donde otros no vemos nada y emociona desde la simplicidad de detalles. Sus figuras son limpias, lisas, sin facciones ni sonrisas. Sin adornos ni florituras.
Pero, precisamente por ello, por su aparente sencillez, dicen mucho. Porque son originales. Porque son únicas. Porque son de Javi Robles.
Podéis verlas y disfrutarlas en la web venimosdelbarro.wordpress.com

    
sábado, 17 de junio de 2017

La sombra de Estados Unidos:
El verdadero secreto de Donald J. Tramp

Deepak CHOPRA, en Huffington Post

“Donald Trump es la expresión de la sombra colectiva que llevamos dentro”.

Existe una manera eficaz de explicar el auge de Donald Trump que muchos analistas políticos han pasado por alto. Lo normal es que se describa a Trump como una anomalía extraña: empezó como un candidato famoso que no tenía muchas posibilidades y ha desafiado todas las reglas convencionales de la política, algo que debería haber tenido consecuencias desastrosas. En su lugar, Trump ha barrido a todos los que estaban delante de él en la carrera del Partido Republicano estadounidense. Posee un don para ser siempre el protagonista y continúa dominando de una forma que ningún político ha conseguido lograr en la actualidad.
Pero, en realidad, Trump no es ni extraño ni anómalo. Representa algo universal, algo que tenemos delante de nosotros. Es un aspecto de la psique humana del que nos avergonzamos, eso hace que sea un secreto colectivo. Si retrocedemos un siglo en el tiempo y nos centramos en el ámbito de la psicología profunda, el lado secreto de la naturaleza humana adquirió un hombre: la sombra.
La sombra se compone de todos los impulsos oscuros -el odio, la agresión, el sadismo, el egoísmo, los celos, el resentimiento, la transgresión sexual…- que no vemos. El nombre se lo otorgó Carl Jung, pero tiene su origen en la concepción de Freud de que nuestras psiques son dualistas, se dividen entre lo consciente y lo inconsciente. El auge de la civilización es un homenaje a lo bien que obedecemos a nuestro lado consciente y lo bien que suprimimos a nuestro lado inconsciente. Pero lo que se esconde entre las sombras acabará saliendo.
Cuando eso ocurre, las sociedades aparentemente ordenadas, racionales, justas, cultas y refinadas empiezan a dar horribles muestras de comportamientos que no son propios de ellas: la violencia, los prejuicios, el caos y la irracionalidad imposible de tratar. De hecho, la trágica ironía reside en que las peores muestras de la sombra se dan en sociedades que, aparentemente, no tienen nada de lo que preocuparse. Esto explica por qué Europa, cuando vivía una época estable de comportamiento civilizado, se lanzó a las fauces de la Primera Guerra Mundial.
Si Trump es la última personificación de la sombra, entonces no es una anomalía extraña; lo sería si los únicos patrones de medida fueran los valores racionales y comunes. Démosle la vuelta a la tortilla y hagamos que lo inconsciente se convierta en el estándar de medida, Trump es algo normal. Cuando la sombra aparece, lo que está mal se convierte en lo que está bien. Ser transgresor es un alivio porque, de repente, la psique colectiva retoza en jardines prohibido. Cuando Trump se permite comportarse mal de manera generalizada y cuando le dice a su descontrolado público “es divertido, ¿verdad?”, lo que está haciendo es expresar en público un impulso del que nos avergonzamos: el de dejar de obedecer las reglas.
Pero la parte divertida de la Primera Guerra Mundial -a la que se envió, casi alegremente, a luchar a jóvenes- se convirtió en horror, y la sombra tendió una trampa traicionera. Una vez que sale a la luz, es difícil volver a enterrar a la sombra. El Partido Republicano la ha dejado cociendo a fuego lento desde que Nixon descubrió cómo sacar partido al racismo sureño, a las agresiones amparadas por la ley contra los grupos minoritarios y a la actitud de “nosotros contra ellos” que utilizó contra el movimiento que mostraba su desacuerdo con la guerra de Vietnam. Para no sentir vergüenza, las buenas personas de la derecha estadounidense buscaron a figuras que parecieran respetables después del mandato de Nixon. La ironía reside en que, en las sociedades civilizadas que no parecen dar rienda suelta a la sombra, cuanto más actuaban benévolamente Reagan o Bush, más fuerte se hacía la sombra detrás de esa máscara.
Trump se ha quitado la máscara, ebrio por la “diversión” que le provoca dar rienda suelta a sus demonios y descubrir que, para su sorpresa (al igual que le pasó a Nixon), millones de personas le aplauden. Aunque haya similitudes, Nixon consiguió mantener relativamente el control de las fuerzas que desató. Sin embargo, es posible que Trump cabalgue a lomos de un caballo desbocado; esa parte de la historia todavía no ha llegado a su fin.
Si la sombra se niega a retirarse, que es lo que ocurre siempre, ¿qué podemos esperar de los próximos seis meses? La situación actual nos deja atrapados entre la negación y el desastre. La negación tiene lugar cuando se ignora a la sombra; el desastre ocurre cuando uno se rinde. Sin llegar a ninguno de los extremos, los estadounidenses presentan el inquietante síntoma de estar fuera de control. Trump se jacta de estar fuera de control y hasta que no llegue a su final -y nadie puede predecir cuándo ocurrirá- seguirá siendo inmune a las limitaciones normales.
¿Qué se puede hacer mientras tanto?
1. Hay que ver el fenómeno Trump como lo que es: un enfrentamiento con la sombra.
2. En vez de demonizarla, hay que aceptar que la sombra está y siempre ha estado presente en todos nosotros.
3. Al mismo tiempo, hay que darse cuenta de que la sombra nunca acaba ganando.
4. Es necesario aprovechar cada oportunidad para reforzar el valor de volver a lo correcto y a la razón.
5. No se puede combatir a la sombra con más sombra. Es decir, no hay que rebajarse a su nivel ni seguir las reglas nihilistas de Trump; él siempre va a estar dispuesto a rebajarse aún más.
Estados Unidos ha tenido la suerte de desahogarse y de reconocer que su historia está llena de demonios. Durante la Gran Depresión los ladrones de bancos se convirtieron en héroes populares, pero nadie llegó a sugerir que Bonnie y Clyde dirigieran el país. Los límites racionales que permiten la evolución humana llevan miles de años funcionando con éxito: la zona superior del cerebro se volvió dominante en detrimento de la parte inferior del cerebro. Ese dominio sigue presente, independientemente de lo mucho que nos acerquemos a las áreas primitivas del cerebro. Trump representa algo auténtico de la naturaleza humana y en momentos difíciles es el chico malo que se convierte en un héroe popular. Todavía no ha acabado este combate contra nuestra propia sombra.
viernes, 16 de junio de 2017

Entrevista a
Ngugi wa Thiong’o

La Vanguardia

Ngugi wa Thiong’o, escritor africano, candidato al premio Nobel de Literatura

Tengo 79 años. Nací en Kenia y vivo exiliado en California. Casado, tengo 9 hijos y 6 nietos. Doctor honoris causa por una decena de universidades. ¿Mi política? El empoderamiento de todo ser humano. La vida humana aspira a la espiritualidad, pero las religiones con sus rituales se alejan de ella.

Sabio

Todas las personas sabias que he conocido tienen tres claras características comunes: buen humor, amabilidad y un discurso universal, sirve para todos. Thiong’o es un portento, nació entre campesinos paupérrimos y vivió bajo la dominación colonial británica. Hoy tiene doce doctorados y es profesor en la Universidad de California. Su obra ha sido traducida a 30 lenguas. Su activismo social y su discurso político nacen de la digestión de una vida difícil: fue encarcelado por el dictador africano Daniel Arap Moi por escribir en su propia lengua, y sufrió tres intentos de asesinato. Ha visitado a Barcelona invitado por el CCCB y el PEN català. Parte de su obra está publicada en castellano (Debolsillo) y catalán (Raig Verd).

Una vez intenté impresionar a una chica saltando la valla de la escuela y me lesioné. Estuve seis meses inmovilizado, todavía conservo una gran cicatriz en el pie, pero la chica ni se dio cuenta de mi hazaña.

Gran lección.

Sí, sé tú mismo. He intentado ser auténtico y fiel a lo que yo concibo como verdad.

Muy pronto tuvo una verdad distinta al mundo que le rodeaba.

A mí me interesaba la calidad de vida de la gente ordinaria porque mi espiritualidad me dice que todos estamos conectados: los humanos, los otros animales, las plantas. Es algo obvio: bebemos el mismo agua, respiramos el mismo aire.

Cierto y sencillo.

Provengo de una familia campesina conectada con la tierra que los colonos británicos y a veces los terratenientes africanos nos arrebataron.

Por eso lucharon junto a los Mau Mau.

Sí, éramos campesinos muy pobres enfrentados al poderoso ejército británico. Contra todo pronóstico conquistamos la independencia. El poder real emana de las personas.

Hubo mucha crueldad.

Yo crecí a la sombra de la Segunda Guerra Mundial y por primera vez vi a un blanco trabajando, eran prisioneros italianos construyendo carreteras. Aquello me abrió la mirada.

También hubo traición.

El carácter moral de cada persona se desvela en tiempos de peligro. Cuando mi hermano y otros jóvenes se fueron a las montañas para luchar contra los británicos jamás hubiera dicho que él emprendería esa gesta.

¿Por qué?

Era un tranquilo carpintero. Había otros jóvenes con más empuje y palabra que, cuando llegó el momento, se posicionaron con los británicos, pero mi hermano se convirtió en el ser humano más increíble que he conocido: se fue literalmente esquivando balas y cuando lo vimos desaparecer en la montaña, se hizo legendario.

Usted ha luchado con la palabra.

Soy afortunado, tuve cuatro madres y un solo padre. Por la noche nos reunían en la casa de la madre mayor y narraban historias y noticias. Era maravilloso, pero nos decían que las historias se iban de día y no volvían hasta la noche.

Y usted quería más...

Sí, y fue fantástico que mi madre me enviara al colegio. Era analfabeta, pero supervisó mis deberes, preguntando, averiguando... Siempre me preguntaba si había dado lo mejor de mí. Un día le dije: “He dado el cien por cien, madre” y entonces me contestó: “¿Y eso es lo máximo?”.

Qué estupenda.

Valoraba el esfuerzo, no los resultados, “hazlo lo mejor que sepas”, eso me infundió.

¿Era feliz siendo la tercera esposa?

Me explicó que se casó con mi padre precisamente porque tenía ya dos esposas. Ella quería un hogar, pero él le pegaba y lo abandonó. Así que tuve dos infancias, una en una gran casa llena de madres y hermanos; otra como miembro de un hogar monoparental.

¿Comprende a su padre?

Le he perdonado, porque el perdón es darte permiso a ti mismo de ser libre.

Tras la independencia fueron los propios africanos los que sometieron a los africanos.

Hay que descolonizar las mentes. Europa controla el 80% de los recursos del continente con el beneplácito de las clases ricas africanas.

A usted le encarceló un presidente africano por escribir en una lengua africana.

En aquella cárcel de alta seguridad entendí que a través de la imposición de la lengua mediante la humillación y la violencia demonizaron nuestra cultura. Desde entonces reproducimos los modos y maneras coloniales.

¿Qué cosas le hicieron desesperar?

“Nunca me voy a rendir, siempre me voy a esforzar”, escribí en un diario en mi época de estudiante que encontré años después. Cuando todo se va al garete, me repito eso.

Conoce el mal en propia carne.

Me han intentado asesinar tres veces. Cuando mi esposa y yo volvimos a Kenia después de 23 años de exilio nos atacaron, a mi mujer la violaron y a mí me apagaron cigarrillos en la cara y la cabeza. Escapamos de la muerte, tuve que elegir si centrarme en eso o en lo que me hicieron.

Optó por lo positivo.

La maldad está ahí, pero también la bondad. Al día siguiente en el mercado cientos de mujeres rodearon a mi esposa y le dijeron que ellas la iban a proteger. Fue una cascada de amor.

Parece que en esa guerra del bien contra el mal, el mal lleva ventaja.

Sólo en el corto plazo. Ganaría si la gente abandonara toda esperanza. En medio de la oscuridad siempre hay un destello de esperanza al que hay que darle oxígeno, y ese oxígeno es el amor humano, la interconexión de la vida: recordar que dependemos los unos de los otros.

¿Cuál es su historia en torno al fuego?

Yo quiero que acojamos esa pequeña llama, que seamos capaces de seguir nuestros sueños para conseguir un mundo más humano, QUIERO CONTAR LA HISTORIA DE NUESTRA CONEXIÓN, decir que no podemos aceptar un mundo en el que el esplendor de pocos se basa en la miseria de muchos.

¿Sus momentos más felices?

Me gusta pasear entre flores, contemplarlas, porque todas son diferentes y ninguna es más flor que otra, son esplendorosas en su multiplicidad de colores. De la misma manera ningún ser humano es más ser humano que otro.

jueves, 15 de junio de 2017

Porfirio

El rincón del optimista
Juan

Porfirio Cancelo Rojo fue una persona/personaje/caballero de mi pueblo que vivió desde 1929 al año 2000. De niño sufrió los efectos de la Poliomielitis, la ‘polio’ y quedó muy limitado en sus articulaciones para moverse y también para hablar, que no para pensar. Por el entorno se le conocía como Porfirio ‘el cojo’. Su madre murió cuando él era aún un niño. Su padre se volvió a casar, pero su madrastra le maltrataba. Fue a la escuela primaria del pueblo, trabajó en las viñas y en el campo, regentó unos años “un poco de bar”, fabricó y vendió cientos de cestos de mimbre con los que se ganó el sustento mal que bien. Ya, en su vejez, le tocó vivir solo, con muy pocos recursos, en una casa de adobe y tapial, lúgubre y fría, sin que su familia propia mirara apenas por él. Su vida fue muy dura, y sin embargo era tremendamente jovial, alegre y optimista, por eso todos los del pueblo le queríamos y le ayudábamos en lo que podíamos. Éramos su verdadera familia.

En las muchas visitas que hice a Porfirio a finales de los años 80 siempre me decía que tenía que escribirle sus memorias. Yo era de los pocos que le entendía, pues su lenguaje limitado le dificultaba las relaciones sociales. Hasta que un día le sugerí que se atreviera a escribir él mismo, con sus palabras, sus vivencias, sus recuerdos vitales, su vida en definitiva. Y así fue como durante más de 4 años se afanó el bueno de Porfirio en escribir en un cuaderno unos pequeños relatos con pasajes de la dura vida que le tocó vivir en la España profunda de la postguerra. Escribía en las largas noches de invierno a la luz y el calor de la lumbre; y también en los calurosos días de verano, pues tiempo es lo que le sobraba al amigo Porfirio. En 1993 recopilé aquellos escritos conservando su propio estilo, sólo corrigiendo las faltas de ortografía, edité y publiqué (con ayuda de mi hermano Raúl), ‘Vida y memorias de un paramés’, así lo tituló, un libro que le llenó de orgullo y con el que pudo dar a conocer la dura experiencia por la que había pasado y que, por desgracia, aún seguía pasando “aunque el pozo ahora no es tan profundo”.

Con la ayuda de una sobrina y de alguno de nosotros, a Porfirio le tocó la lotería cuando le anunciaron que le daban plaza en la Residencia San José, de las hermanitas de los Desamparados, en León. Eso ocurrió en diciembre de 1994. Las visitas las trasladé entonces a la segunda planta de aquella residencia donde Porfirio era el niño mimado, el ‘juguete’ de las monjitas. Cuando sugerí a mi paisano la posibilidad de que escribiera sus sensaciones y vivencias en la ‘resi’, le faltó tiempo para pedirme que le comprara dos cuadernos porque quería seguir dándole al bolígrafo. Para que os hagáis una idea, tardaba unos diez minutos en escribir un renglón de aquellos cuadernos. Una eternidad para nosotros; una insignificancia para él.

Cuando comenzaron a fallarle las fuerzas a Porfirio cuatro años después, cuando el peso del bolígrafo Bic ya le parecía insoportable, me entregó en una de aquellas visitas el cuaderno  a medio escribir sin decirme absolutamente nada. Con su mirada entendí perfectamente aquel nuevo deseo. Porfirio se fue de este mundo terrenal en agosto de 2000 con la conciencia tranquila y el deber cumplido. Fuimos muchos los que quedamos huérfanos de Porfirio, pero yo guardaba en un cajón sus ‘últimas voluntades’. Tuvieron que pasar otros siete años más hasta que mi situación laboral me permitió editar el segundo libro de Porfirio que él nuevamente tituló en la portada del cuaderno: ‘Rosas marchitas’. Por un exceso de optimismo edité 300 ejemplares de esa obra (los mismos que edité de la primera) donde Porfirio contaba sus conversaciones con las monjas, sus salidas de excursión al Bierzo o la peregrinación que realizó a Lourdes que realmente le marcó al ver cumplido un sueño nunca imaginado por él. Vendí apenas 100 ejemplares. Nuevamente ‘palmé’ dinero, algo habitual con el tema de la autoedición de otros libros.

Hace pocas noches se me apareció Porfirio en sueños y me dijo, con calma, con su modo de hablar dificultoso, que había casi 200 libros suyos, bastante ‘marchitos’, guardados en dos cajas y que a lo mejor podía ofrecérselo a las monjas de la residencia. Así lo hice al día siguiente. Ofrecí donar 180 ejemplares de ‘Rosas marchitas’. La madre superiora me contestó aceptándolo, pues aún se recordaba a Porfirio con mucho cariño, 17 años después, un paisano menudo que pasaba tardes enteras escribiendo en su habitación y aquella alegría que desprendía este ser humano de tremenda sensibilidad e inteligencia.

Porfirio, majo, creo haber cumplido tu voluntad. Se te saluda. Se te extraña bastante. No te diré aquello que te solía decir de “cuídate”; esta vez te digo: “cuídame”.

Asín sea.

PD: Felicidades Samuel, hijo mío querido, que no todos los días se cumplen 18 añazos.

miércoles, 14 de junio de 2017

Entrevista a
Beatriz Campóo Olalla

(III de III)

Tercer día.- EL PASO MÁS GRANDE DE MI VIDA QUIZÁ FUE EL APRENDER A PARAR
12ª.- ¿Qué pasos te hizo dar ese despertar, esa humilde iluminación?
A partir de ese momento, nunca más he dejado de querer conocerme más y más. No he dejado de querer estar en contacto conmigo y con lo que soy. No he dejado de querer estar en silencio y observar. No he dejado de querer aprender herramientas para mi bienestar y el de los que me rodean.
El paso más grande quizá fue el aprender a parar. El aprender a ser. Solo a ser. Sin nada que hacer o alcanzar.
Siempre buscando fuera, siempre creyendo que mi felicidad estaba lejos de lo que era en ese momento, hasta que paras y respiras. Y ahí, te das cuenta, de que ya eres feliz y de que está todo.
Empecé a compartir de una manera “muy casera” todo lo que iba aprendiendo y a mí me servía… y poco a poco lo estoy “profesionalizando”. Hasta el día de hoy.


Tengo mi página web en la que comparto lo que voy descubriendo y que a mí me sirve, estoy emprendiendo mi negocio de terapia transpersonal y coaching online, organizo cursos y talleres de vez en cuando… Y quiero seguir creciendo en este sentido.
Siento que es lo que he venido a hacer aquí. Hay mucho “sufrimiento” en el mundo, muchas personas que cada día viven auténticos calvarios y poder aportar “mi granito” de arena y acompañarles en su camino es un privilegio y algo que me apasiona.

13ª.- ¿Hacia dónde apuntas ahora? ¿Tu estrella?
“PERMITIRME SER LO QUE SOY” Y AMAR
Mi estrella, mi camino es VIVIR. Es VIVIR con mayúsculas y acompañar a otras personas a hacer lo mismo.
Con VIVIR con mayúsculas no me refiero a exprimir la vida como tiendo a hacerlo a veces, y querer aprovechar hasta el último segundo…, sino a VIVIR de verdad, dejando de pensar, actuando, siendo y entregándome a la vida. Me refiero a sentir, a disfrutar de todo lo que me rodea, a apreciar los regalos que cada día se me dan, a oler, tocar, a compartir, a amar, a reír, a llorar, a SER al fin y al cabo. A permitirme ser.
Trabajo continuamente para que no haya desfase entre mi mundo interno y externo.
Desfase que ha existido en mí durante mucho tiempo por querer ser como los demás o como el “ideal” que yo, otros o la sociedad tenían de mí.


“Permitirme ser lo que soy” y AMAR, esa es una gran estrella hacia la que apunto. Ir creciendo y progresando cada día, a la vez que comparto con otros en una práctica continua de amor incondicional y disfrute de la vida.
Sí, esta puede ser la frase que resuma hacia dónde apunto ahora: “Permitirme ser lo que soy, AMAR con mayúsculas y compartir y contribuir en una práctica continua de amor incondicional y disfrute de la vida”.
Y vivir en paz, con aceptación, sabiduría y comprensión de aquello que va aconteciendo.

14ª.- ¿Cómo estás en este momento? ¿Cómo te sientes?
ESTOY VIVA, ESTOY AQUÍ
Me siento muy bien.  Siento que estoy en PAZ. PAZ, esa sería la palabra que define mi sentir actual.
Me siento llena de vida, de CONFIANZA, llena de amor y GRATITUD.
Enamorada de lo que ES. Tratando de aceptar y acoger todo lo que llega a mi vida como una bendición, aunque no me guste. Trabajando de mirar amorosamente la vida y a los que en ella habitan.
Pero no creas, si me despisto, por otro lado, siento “vacío”, me siento separada, sola, pequeña, con un montón de miedos y resistencias…   Pero ya no me importa, esto también es parte de la vida, eso quiere decir que estoy viva, que estoy aquí, que todavía vivo esta experiencia humana, que me queda mucho camino por aprender y recorrer y me gusta ese reto.
15ª.- Terapeuta transpersonal, coach, experta en biodanza… ¿Cómo das a luz todas éstas tus capacidades?
TODO LO QUE NECESITAMOS ESTÁ DENTRO DE NOSOTROS MISMOS
En cierto modo han sido herramientas que yo he buscado para calmar mi sed, para encontrar respuestas a todas las preguntas que me hacía, a todos los vacíos que yo sentía, para mantenerme entretenida también, para tratar de comprender lo que acontecía a mi alrededor, para progresar y mejorar mi persona…
Y a la vez, han sido herramientas que he ido acumulando en mi botiquín, eso botiquín que desde bien jovencita he llevado conmigo y he utilizado para ayudar a otros. Ese anhelo de salvar a los demás es algo que me ha acompañado siempre, desde que tengo uso de razón y el hecho de tener más herramientas y poder contribuir más y mejor me satisface.
En realidad, todo lo que necesitamos está dentro de nosotros mismos, ese gran maestro del corazón que todos tenemos dentro de nosotros es la mejor terapia. Pero en ocasiones, son necesarias herramientas que nos lleven hasta allí (o al menos en mí caso así ha sido). Creo que el progreso, el crecimiento es algo que nos tiene que acompañar de por vida, porque como dice la conocida frase “cuando crees que tienes todas las respuestas, viene la vida y te cambia todas las preguntas”.
16ª.- ¿Cómo conociste el Teléfono de la esperanza? ¿Cómo te encuentras en esa casa?
SENTÍ QUE ESO TAMBIÉN ERA PARA MÍ


Conocí el Teléfono a través de mi querida Merce. Mercedes Fernández. Nos presentó Bea (amiga mía y compañera de trabajo de Merce). Bea, que ve más allá, nos dijo a ambas algo así como “Os tenéis que conocer, a las dos os gustan cosas parecidas de esas que leéis vosotras y practicáis”… Y así fue. Nos presentó un día por casualidad. Después quedamos para tomar un café. Y desde este momento nos reconocimos e hicimos grandes amigas. Dos almas que se han encontrado, dos compañeras de viaje que pueden compartir desde el amor.
Así que Merce fue la que me habló del teléfono en uno de nuestros encuentros. Me habló de gran labor que realizáis y desde ese momento, sentí que eso también era para mí, y que quería colaborar y aportar un granito de arena a mejorar la vida de otras personas.  La estoy inmensamente agradecida.
17ª.- ¿Qué te hace reír o llorar hoy?
SOY DE RISA Y DE LÁGRIMA FÁCIL
Es muy fácil hacerme reír y llorar. Porque siento que soy una persona muy sensible.
REÍR:
El amanecer cuando me levanto, el sentimiento cada mañana de que estoy viva y tengo un día más aquí, cualquier conversación con un poco de “juego”, caminar por la naturaleza, una llamada de alguien que quieres y con quien hace tiempo que no hablas, algún programa como “tu cara me suena o no me suena” (muero de risa con él), bailar, soñar, viajar, comer, ir de compras, pasar tiempo con mi familia y hacernos bromas unos a otros, risas, conversaciones, tiempo con amigos, pasar tiempo con mi pareja, leer un buen libro, coger a mi sobrina de un año en brazos y achucharla, jugar con mi sobrino de 8 años, aportar mi granito de arena en la transformación de las vidas de otras personas, el cine, dos abuelos que se demuestran amor en público…,  y la lista puede hacerse interminable… hay tanto por lo que uno puede reír, sonreír y maravillarse cada día. Que si estamos un poco atentos, no dejaríamos de reír y sonreír.


LLORAR:
Muchas de las cosas que te he puesto arriba, además de reír me hacen llorar. Llorar de emoción, porque me maravillo por lo que tengo delante de mí, también a la vez por el darme cuenta de que es efímero y que va a dejar de existir algún día.
También lloro cuando veo a otras personas hacerlo. Siento mucho el dolor de los demás. Lloro por todas las desgracias que pasan en este mundo, por las catástrofes, el terrorismo, la enfermedad, por todas las cosas duras, violentas, terribles que existen en él. Pero con la certeza que si ES, si existe, si hay un universo confabulando para que las cosas sean así, es que así tiene que ser, aunque nuestra mente limitada no lo comprenda.
Lloro de tristeza cuando pasan cosas que mi ego interpreta como “malas”, lloro cuando me toca desapegarme de algo a lo que estoy apegada…, lloro cuando veo una película o leo un libro que emociona…, incluso con algún anuncio.
Soy de risa y de lágrima fácil. Con decirte que alguien que me conoce muy bien me puso el apodo “lagrimón campoó” (campoó es mi apellido)…
18ª.- “Todo está aquí, dispuesto ante mis ojos, nada hay que hacer, nada que buscar, tan solo ver, reconocer, sentir, amar, vivir, ser”. Continúa tú misma la reflexión…
AMÉN
AMÉN. Lo único que puedo añadir a esa reflexión es AMÉN. No veo palabra o grupo de palabras que vaya mejor con esa reflexión.
Lo que has dicho encierra una filosofía de vida en toda regla. “Todo está aquí, dispuesto ante mis ojos, nada hay que hacer, nada que buscar, tan sólo ver, reconocer, sentir, amar, vivir, ser”. 
Me entusiasma.
19º.- Ha sido una alegría conocerte y sentirte. ¿Qué te queda por hacer, por vivir?
OLER, SENTIR, AMAR, ESCUCHAR, BAILAR, REÍR, LLORAR, DISFRUTAR, COMER
Igualmente Valentín. El placer ha sido mío. Gracias por permitirme este espacio para ser J.
¿Qué que me queda por hacer, por vivir? Espero que mucho… je,je… La vida está llena de experiencias, de milagros, nuestra sociedad crece a un ritmo frenético y no quiero perderme todas las maravillas que tenemos a nuestro alrededor y las que seguro están por llegar. Hay millones de personas, libros, experiencias, destinos, espectáculos, música…, que me apetece vivir y experimentar.
Oler, sentir, amar, escuchar, bailar, reír, llorar, disfrutar, comer (mmm…me encanta comer y disfruto muchísimo probando cosas nuevas)…, fíjate si me quedan cosas…
También formar mi propia familia. Me voy a casar en junio de este año. Es una decisión importante y preciosa, la de unirme en matrimonio a Ángel, mi compañero de vida. Eso primero y después… la vida sabe si llegarán nuevos miembrosJ.
Además me gustaría seguir acompañando a las personas en sus procesos de crecimiento y en sus viajes hacia el interior. Es un privilegio poder hacerlo y algo que me apasiona.
También quiero seguir creciendo, comprendiendo, expandiendo mi conciencia para poder ver más y mejor. También vivir con aceptación y sabiduría la vida y lo que en ella vaya aconteciendo.



Quiero ganar cada día en autenticidad, espontaneidad y coherencia.
Quiero cultivar una mente serena y un corazón compasivo, que como dice el Dalai Lama, esos son los secretos de la felicidad.
20ª.- ¿Alguna primicia para todos nuestros internautas?
¡Me caso en junio!
La mayor primicia es la boda J. ¡Me caso en junio!
Pero añado otra, que también me emociona bastante, porque es un sueño ya casi cumplido. Algo  que ha supuesto trabajo, disciplina, esfuerzo,  romper creencias y patrones limitantes y a la vez mucho disfrute.  Es el lanzamiento de mi primer libro que espero hacerlo dentro de poquito.
Es un libro vivo, un diario, un libro de prácticas. No solo mío, sino también tuyo. Vamos a ser coautores. Te comparto reflexiones sobre mis experiencias con la práctica de la meditación. No solo es un manual para aprender a meditar y practicarlo, sino que incluye toda una “filosofía de vida”, todo eso que yo he ido encontrando, que yo practico y que a mí me sirve para vivir más y mejor. Lo podréis ver dentro de muy poquito.




MUCHAS, MUCHAS, MUCHAS GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS por este regalo Valentín,  por permitirme este espacio en el blog del teléfono con esta entrevista.
Gracias por ser y por existir. ¿Me preguntabas por maestros? Tú también has sido y eres el mío, GRACIAS.
martes, 13 de junio de 2017

Entrevista a
Beatriz Campóo Olalla

(II de III)

2º día.- ABRAZO LO QUE LLEGA A MI VIDA
6ª.- Háblanos de los celos, de la envidia, de la timidez, de tus sombras.
Para que exista luz tiene que haber oscuridad, para que haya alegría, tiene que haber tristeza, para que haya día tiene que haber noche…  Vivimos en un mundo dual, y dentro de nosotros aparece también esa dualidad. Luz y sombra.
¿Mis sombras? Muchas: orgullo, inseguridad, timidez, envidia, perfección, vanidad, exceso de optimismo, juicio, compras, ira, vacío, dispersión, miedo...
Te quiero compartir una frase que no es mía y no recuerdo de quién es, pero procuro tenerla presente: Es más sano vivir pensando que me sentiré bien (que todo pasa) aunque a veces me sienta mal, que vivir con la obligación de sentirnos bien en todo momento para poder ser felices.
Sé que puedo ser “feliz”, estar bien teniendo emociones de las que llamamos “negativas”. 
Abrazar lo que llega a mi vida, acoger cada emoción que aparece en mí, sin tratar de racionalizar, justificar, compensar o mirar hacia otro lado si no me gusta es algo que trato de entrenar diariamente. 


7ª.- Háblanos del amor y de tus amores.
EL AMOR PARA MÍ ES ESO QUE TODO LO ABARCA
¡Qué difícil me parece hablar del amor!  Porque en cuanto lo hago, estoy definiendo lo que “ES” según mi interpretación mental del mismo, y esa definición es muy limitada.
El amor para mí es eso que todo lo abarca. Es eso que HAY cuando estoy en esa posición de testigo, de presencia que acoge todo lo que ES, sin juzgar ni etiquetar nada. Es eso que hay y que sucede cuando “dejo” lo mental a un lado.
No es algo que haya experimentado de una manera “brutal” o a través de una “experiencia” cumbre como lo han podido hacer otras personas, pero que sí tengo la certeza en mi corazón de que ES así. Y lo siento en mí cuando más me entrego al silencio y a vivir en atención plena. Es ese abrazo hacia todo lo que hay (independientemente de que mi mente lo juzgue como bueno o malo), esa manera de “ver” la realidad de otro modo del que lo hace mi cabeza y mi ordenador de interpretar la realidad.
También llamo amor a eso que siento por la vida, por las personas (mi pareja, mi familia, mis amigos/as, compañeros, conocidos, no conocidos), por situaciones, por los animales, por la naturaleza, por los objetos… Y no sólo ante “algo”, sino lo que hay cuando me enfoco en mi corazón, respiro y siento la vida. Sí, es eso que es, que hay, cuando siento la vida.
Amor es maravillarme por una puesta de sol, amor es caminar rumbo al trabajo y oler a hierba recién cortada, amor es ver a dos abuelos cogidos de la mano, amor es ver cómo una mujer amamanta a su bebé, amor es un baile, amor es un momento de much a risa, amor es escuchar música, amor es esa sonrisa que se me pone cuando sucede algo “mágico”, amor es cuando veo solidaridad y bondad por parte de las personas, amor es hacer sonreír al otro, amor es mirar un cuadro y maravillarme por cómo alguien humano puede hacer algo así, amor es ver una película que te hace sentir, amor es llorar cuando estoy triste, amor es patalear cuando las cosas no salen como quiero, amor es “abrazar” al de enfrente aunque a mi mente no le guste como es, amor es cultivar compasión en mi corazón, amor es abrazar lo duro de la vida, amor es sentir la vida, saberme vida y poder sentir, sí, poder sentir y emocionarme. Eso es AMOR, eso es VIDA para mí.
8ª.-Háblanos de las personas relevantes de tu vida.
NO SOY ALGUIEN QUE HAYA BUSCADO O BUSQUE UN “MAESTRO” AL QUE “ADORAR”.
Cada una de las personas que están en mi vida son relevantes.
No soy alguien que haya buscado o busque un “maestro” al que “adorar”, “seguir” o “mitificar”, sino que me “empapo” del máximo número de personas que puedo. A veces, tal vez demasiadas, tengo tendencia a querer abarcar mucho. (Y ya sabes lo que dice el refrán… quien mucho abarca…)
Pero bueno, sí hay personas a las que admiro y sobre todo son las que me han ayudado a comprender lo que pasaba en mi interior.
Son personas con un don para poner palabras lo que yo siempre he sentido que ES, pero que no entendía, lo cual ha sido una gran liberación.


Por ejemplo:
- Vincent Guillen. Su libro “Las Leyes Espirituales del Éxito” fue el primer libro que contestó a muchas de mis preguntas.
- Wayne Dyer con cualquiera de sus libros.
- Antonio Blay. Cuando leí el siguiente texto de Antonio Blay me sentí tan identificada…. Yo no hubiera podido encontrar palabras tan acertadas para expresar mi “sentir” en la vida.    
Me aislaba de todo y vivía, vivo, una gran paz y bienestar, pero exteriormente, cuando comenzaba a actuar, a hablar con la gente, a hacer cosas cotidianas, entonces, todo yo funcionaba con los problemas de siempre. Mis problemas eran, esencialmente, un gran miedo y un tremendo sentimiento de inferioridad.  
El resultado de esto es que yo procuraba hacer lo menos posible. Procuraba vivir refugiado en esa zona de bienestar. Este problema de miedo, de malestar, de angustia interior permanente, y de un sentido de inferioridad en relación con todos, es algo que padecía desde toda mi vida, aún no habiendo ningún dado específico concreto”.
Es más, todos los hechos específicos concretos de la vida me ponían enfrente lo contrario.


- Eckhart Tolle.
- Jose María Doria, director de la escuela transpersonal.
- Enrique Martínez Lozano
- Pablo D’ors
- Y tantos otros…
- También mi familia, esos sí son grandes maestros. Estos son los verdaderos maestros que “te ponen a prueba” y te hacen exámenes continuamente.
- Mi ex pareja Pablo fue un gran maestro para mí en muchos sentidos.
- Mi pareja actual Ángel por supuesto. Es un regalo diario y un aprendizaje continuo.
-  Mis amigas y amigos más íntimos y no tan íntimos, que no quiero citar a nadie en concreto porque hay muchos.
- Y como digo, todas las personas que me acompañan en mi día a día y con las que me cruzo. Cada vez que alguien o algo genera en mí una emoción “que me remueve” ese, esa o eso se convierte en un GRAN maestro para mí también.
- Siento que la vida está llena de maestros. Están por todas partes.
9ª.- ¿En qué momentos haces crack y te sientes hundida, desilusionada? ¿Qué te enseñaron tus crisis?


CUANDO APARECIÓ LA AMIGA ANSIEDAD A DARME LA LATA
Me he sentido así en algún que otro momento en mi vida. Los primeros, en las primeras relaciones con chicos en mi época adolescente. Recuerdo el “drama” que suponía que te dejara el chico que tu creías que iba a ser tu príncipe azul. Unas lloreras… Pero esto duraba días y enseguida me volvía enamorar de nuevo… buscando otro príncipe azul al que conquistar y que me salvara e hiciera su reina… ja,ja,ja…, inocente adolescencia. ¿Quién no ha vivido este tipo de dramas?
Ahora hablando en serio, aparte de esto anecdótico, mi mayor crisis llegó estando en Burgos. Llevaba unos tres años trabajando en la administración, como auxiliar administrativo, era un trabajo en el que para nada me sentía realizada, alienante y aburrido. A esto se unió que mi pareja, la cual tenía mucho poder sobre mi felicidad en esa época, se marchó de Burgos a trabajar a otro lugar. En casa el ambiente era muy “conflictivo” por la situación por la que estaba pasando mi hermana en la cual no voy a entrar porque es algo suyo.  Empecé a… de puertas para dentro, a encerrarme más en mí, y lo poco que hablaba e interactuaba era para juzgar y criticar la situación que yo estaba viendo y que quería cambiar.
De puertas para fuera, era un no parar. Solo quería calmar toda esa frustración, todo ese malestar, toda esa ira y enfados con placeres inmediatos. Viajes, compras, restaurantes, fiestas, amigos/as, todo tipo de actividades… He exprimido la vida al máximo y no “me he perdido una”.
Hasta que de repente apareció la amiga ansiedad a darme la lata. A indicarme que algo no andaba bien, a indicarme que no podía seguir así. Fue el piloto automático que se encendió para entrar en boxes.
Fui al médico en varias ocasiones porque yo tenía todo tipo de malestares físicos. En mi cuerpo los sentía de una manera “grave”, pero no encontraban nada. Solo me decían que era ansiedad o quizá depresión y que me tomara pastillas. Jamás se me pasó por la mente hacerlo. Había algo en mi interior a lo que doy gracias que me impedía hacerlo. Así que emprendí una búsqueda más atenta, ¿por qué me estaba sucediendo eso?, ¿qué mensaje tenía para mí esa ansiedad?, ¿cómo podía hacer para sanarme?
Y así, unido a todo lo anterior de lo que te he hablado, empezó mi transformación, mi retorno a casa, mi retorno a lo que ya era.
10ª.- ¿Qué te sugiere esa señora o señor terca/o llamada ansiedad? ¿Cómo se manifestaba en tu cuerpo? ¿Cómo te hizo sentir? ¿A dónde te llevó?
A RECONCILIARME CONMIGO, CON MI VERDADERA ESENCIA.
De primeras me hizo sentir muy mal, porque me molestaba, y como te he contado he sido una buscadora de placer, de diversión, de disfrute, de alegría. Y eso me hacía tener que estar quieta y mirar adentro.
Probé con el reiki, con la acupuntura, aromaterapia, me empapé en un montón de libros, talleres, cursos, yoga, relajación, después me formé como terapeuta transpersonal, como coach, como facilitadora de biodanza…
Todo me llevó paulatinamente a sanar mis heridas, a crecer, a reconciliarme conmigo, con mi verdadera esencia, con lo que soy en el fondo.
11ª.- ¿En qué momento te paras, respiras, y empieza el despertar de Beatriz?
No fue en un momento puntual. Como te comentaba anteriormente, fue algo paulatino. Ya te ha hablado de mi “tendencia natural”, mis demandas interiores, mis anhelos hacia allí desde bien jovencita. Pero sí es cierto, que tras esa época de despiste y de vivir más hacia fuera, llegó la ansiedad para reconciliarme con lo que soy y para llevarme de vuelta a casa.
Necesita experimentar, buscar fuera, probar y una vez sentido que nada de eso me calmaba, tocaba emprender gracias a la ansiedad ese viaje de vuelta a casa. Si no hubiera llegado, no sé dónde estaría yo ahora. Así que bendigo que fuera así.


...mañana la tercera y última parte... 
lunes, 12 de junio de 2017

Entrevista a
Beatriz Campóo Olalla

(I de III)

TRES DIAS CON BEATRIZ.  COORDINADORA DE TALLERES DE BIODANZA EN EL TELEFONO DE LA ESPERANZA
Si te contara amigo/a internauta que esta entrevista se gestó hace un año te extrañará, pero las cosas grandes se van amasando poco a poco, a fuego lento, como la canción de Rosana. Amo la lluvia fina, el orvallo. Si te dijera que ha sido una experiencia hermosa y gratificante también te sorprenderá.
El entrevistador se lleva algo de su alma y la entrevistada  se queda con algo de tu corazón. Los dos ganan. Cada pregunta es una mano extendida a una respuesta que presientes que está ahí y cada respuesta un lugar de encuentro, de comunión, de sosiego y desnudez.
Detrás de esta entrevista hay unas cuantas horas de intimidad, de confesiones inconfesadas, de alegrías manifiestas y de lágrimas vivas, porque dar a luz la perla escondida de cada ser humano precisa tiempo, constancia y mucho, mucho afecto. Llegar ahí, donde todos somos, exige determinada determinación, como decía aquella mujer admirable de Ávila.
Todo ello está aquí en cada palabra y detrás de ella, en cada rincón del lenguaje, en cada verbo y en cada coma.
Te invito, internauta anónimo, a que degustes este manjar sin prisa, sin agobios, mansamente y lo compartas con aquellos/as que pudieran comprenderlo. (Valentín  Turrado). 


Primer día.- SOY UNA ENAMORADA DE LA VIDA
¡Buenos días, Beatriz! ¡Buenos días, Princesa!

1ª.- Te importa presentarte para todos los internautas del BLOG del Teléfono de la esperanza:
Mi nombre es Beatriz Campoó. Tengo 36 años. Soy colaboradora de esta asociación con talleres de Biodanza.
Trabajo en la administración pública, pero a la vez, estoy emprendiendo por mi cuenta. Me he formado como terapeuta transpersonal y coach estratégica. Acompaño a las personas a arribar a la orilla de su corazón. “Enseño” (entre comillas porque más bien es compartir lo que a mí me sirve) a vivir en plenitud. Mi página web es www.viveconpasion.com
Desde hace años me apasiona todo lo que tiene que ver con el crecimiento, con el desarrollo personal, soy una buscadora incansable de respuestas a las preguntas existenciales, me gusta comprender cómo funciona nuestra mente, los porqués del sufrimiento, cómo y qué podemos hacer para vivir más livianos, qué hacer con los vacíos a los que todos nos enfrentamos, cómo y qué podemos hacer cada día para vivir con mayúsculas, para vivir con aceptación y sabiduría todo aquello que pasa y nos sucede.
Soy una persona “normal” con una vida “normal” tratando de vivir este viaje en el que nos toca estar inmersos durante algún tiempo de la mejor manera posible. Voy encontrando herramientas que a mí me sirven y ahora siento la necesidad de compartirlas con otros.
Soy una enamorada de la vida, a pesar de lo dura que puede resultar a veces, pero no dejo de maravillarme cada día de este milagro que se nos regala.


2ª.- ¿En qué contexto familiar naciste? ¿Qué mensajes parentales recibiste que te dejaran huella?
TODA MI VIDA LA HE PASADO TRATANDO DE BUSCAR LA PERFECCIÓN.
Nací en Burgos, en una familia numerosa. Soy la mayor de 4 hermanos (somos tres chicas y un chico).  Mi padre trabajaba (ya está jubilado) en el departamento de compras de una multinacional y mi madre es ama de casa y siempre se dedicó a cuidarnos.
He vivido hasta hace seis años allí, en Gamonal (que tan de moda se ha puesto ahora), es un barrio “obrero” (San Mamés en León sería algo similar). Y actualmente resido en León.
El ser la mayor de cuatro hermanos me llevó a ser “la responsable”, me llevó a ser “el ejemplo” para mis hermanas/o, me llevó a “querer ser perfecta”. Toda mi vida la he pasado tratando de buscar esa perfección: ese querer ser la más buena, la más estudiosa, la que mejor notas sacaba…. siempre exigiéndome mucho a mí misma, no sintiéndome lo suficientemente buena y merecedora, pensando que lejos de aquí, lejos de mí, en algún otro lugar y a través de algo está mi felicidad.
Desde bien pequeña tenía sentimientos de estar “aislada” del mundo, sentimientos de ser ajena a este mundo, de no comprender nada, de pensar que tenía que haber algo más que lo que vemos y que los personajes que representamos, todo me parecía una locura, he tenido la sensación de “ser diferente”, de “no encajar”, me he sentido siempre “tímida” en el fondo, aún teniendo cientos de amigos y personas a mi alrededor y aun interactuando con muchas personas.
He vivido “fuera”, porque no he dejado de buscar y vivir todo tipo de experiencias que pudieran calmar mi “hambre” de vivir y disfrutar, pero siempre con algún “vacío” interior, con alguna frustración, con ese sentimiento de que siempre me faltaba algo para ser plenamente feliz. 
De ahí mi necesidad de mirar hacia dentro una vez probado mucho “de afuera” y ver que todo eso no me satisfacía.  He aprendido que nada del exterior puede hacerme sentir plena de verdad.
Respecto a los mensajes parentales que me dejaron huella:
Mis padres siempre nos han dado muchísima libertad, sin imponernos nada ni ser autoritarios. Lo cual por una lado, me llevó a buscar mis propios caminos, a poder decidir por mí misma, a ser muy independiente y autosuficiente, a hacer lo que siempre he querido, a ser libre, a no tener que dar cuentas de nada a nadie.
Pero por otro lado, se abrieron ciertas heridas en mí, sentimiento de “desvalía”, de no ser nadie importante, de no merecer, sentimiento de invisibilidad, falta de disciplina, falta de compromiso...
Mis padres fueron muy “amorosos” a su manera (aunque nunca coincida con la que a nosotros nos hubiera gustado… je,je…). Sé que trataron de hacerlo lo mejor que pudieron y supieron. Pude vivir una “buena” vida desde la infancia hasta mi juventud desde el punto de vista social (estudios universitarios, clases, actividades extraescolares, vacaciones, viajes…).
A ellos les debo mi amor por la naturaleza, el campo, el senderismo, la montaña..., era yo un bebé y ya me sacaban por ahí.
Siento una inmensa gratitud porque estén en mi vida, por cómo son, por lo que me han aportado y por lo que no, por lo que me han cuidado y actualmente mi relación tanto con ellos como con mis hermanos y el resto de mi familia es una bendición (of course con nuestras discusiones y conflictos como humanos que somos).
Estoy aprendiendo y disfrutando de ser hija y de ocupar el lugar que me corresponde en el sistema, cosa que hasta no hace mucho, no permitía que sucediera. Era yo la que quería controlar, la que “creía” que sabía cómo debían funcionar las cosas y juzgaba todo “lo mal” que lo hacían.
Creemos que nuestra manera de “pensar” y actuar es la buena y pensamos que tenemos la razón siempre.  Cuando, en realidad, es una mera percepción, sesgada y muy limitada.


3ª.- ¿Qué te enseñó la escuela, el colegio, la universidad? ¿Algún maestro o profesor singular?
BENDIGO TODO ESO QUE ME HA IDO SUCEDIENDO.
Mucho, todas esas vivencias, experiencias, me han llevado a ser quien soy hoy. También bendigo todo eso que me ha ido sucediendo.
Muchas de esas cosas que aprendí y de las que me “empapé” ahora trato de “desaprenderlas”, pero a veces es necesario llenarse, saturarse, para después poderse vaciar.
La vida nos va poniendo lo que necesitamos.
Recuerdo con cariño a cuatro maestros: Sonsoles, Don Ángel, Don Jesús y Coti. Fui afortunada con los cuatro, porque todos me enseñaron algo más que “material didáctico”, me enseñaron filosofía de vida.
La universidad fue una época que recuerdo con mucho “cariño”. Nos juntamos un grupo divertidísimo y disfruté un montón.
Aquí salí muchísimo, viví una vida muy “hacia fuera”, tratando de buscar ser feliz y divertirme siempre.
Pero aun con todo esto, seguía habiendo anhelos en mi interior, demandas de algo más…  Empecé a leer sobre psicología, me empapé de revistas en esa época (“mente sana”, “psicología práctica”, “psicología para todos”…).
Y aquí empecé mi crecimiento. La vida tenía que ser algo más que lo que yo veía diariamente, algo más que lo que nos habían contado que era: crecer, desarrollarte, reproducirte y morir.

4ª.- ¿Qué amigas y amigos te atraían? ¿En qué te fijabas para acercarte a alguien?
LA BONDAD HA SIDO LO QUE MÁS ME HA ATRAÍDO DE LAS PERSONAS
Bondad. La bondad ha sido lo que más me ha atraído siempre de las personas. Gente “de corazón”, pureza, gente buena.
Esa es la gente que he tratado de tener a mi alrededor.
Aunque he tenido y tengo amigos de los más “variopintos”.
Me encanta relacionarme con gente diferente y empaparme de todos ello.
Me gusta relacionarme con gente optimista con la que reírme y pasar muy buenos ratos.
Me gusta rodearme de gente que aporte, de gente mucho mejor que yo, de gente que merezca la pena y de la que puedo aprender.
Me gusta la gente vital, que enfrenta la vida con valentía y con actitud guerrera.
Siento que tengo diferentes maneras de relacionarme, no lo hago de una manera lineal ni siempre me atraen el mismo tipo de personas. Para ello, utilizo varios “roles” o “personajes”:
- Salvadora: siempre me ha llamado ayudar a los demás, ayudar a los que están en peores circunstancias de vida que yo. Papel de “salvadora”.  “Dependencias”.
- Graciosa: me gusta pasarlo bien, reírme, rodearme de personas alegres, y creo que la risa es una fuente de salud tremenda.
-  Optimisma-vital: soy una enamorada de la vida y suelo ver el vaso más lleno que vacío.
-  Mediadora: suelo poner “orden” en las discusiones, porque creo que cada persona tiene su razón.
-  Niña: me gusta jugar, dejar sacar a pasear a la inocente, a la que se divierte y alegra por cualquier cosa.
- Manipuladora: sí, lo reconozco, utilizo mi poder para salirme con la mía cuando quiero conseguir algo.
- Tímida: como ya he comentado cuando estoy en grupos grandes no me siento cómoda, aun es el día que me cuesta ser yo misma y exponerme.
Mi ideal y mi trabajo actual (y de por vida) es observar todo este juego y ser lo más auténtica que sea capaz de ser en cada momentoJ, ardua tarea.


5ª.- ¿Cómo fue tu adolescencia? ¿Cómo se expresaba tu rebeldía y tu insatisfacción?
EN LO PROFUNDO DE MÍ, SENTÍA QUE HABÍA PAZ, QUE TODO ESTABA BIEN ASÍ.
Tengo un doble recuerdo de mi adolescencia.
Por un lado, recuerdo mucha insatisfacción, incomprensión, sentimiento de no ser de este mundo, de no entender nada, de entregarme a las vivencias que la vida me iba poniendo delante, pero con el sentimiento de que “eso” no podía ser todo lo que había en la vida. Siento que vivía en una jaula, no permitiéndome ser yo misma, sino que tenía que ser perfecta, alguien agradable, simpática, inteligente, guapa, humilde y que no destacara mucho. “Aprendí” y me creí que si destacas o sobresales te tienen envidia y que era mejor no hacerlo.  Así había paz, nadie te juzgaba ni decía nada.
Vivía un montón de experiencias “fuera”, tenía un montón de amigos, en “la calle” disfrutaba y me entregaba a lo que tocaba vivir en cada momento. Pero era como si no lo viviera intensamente. Me costaba hablar de lo que sucedía, juzgar y etiquetar la realidad, contar lo que me pasaba…  Yo veía cómo todo el mundo vivía todo muy intensamente, veía “los dramas” y las “historias” de los demás…, y me “empeñaba” en querer actuar igual.
Pensaba que era rara, tímida, que tenía algún problema, que tenía una baja autoestima…, pero ahora sé que además de algo de eso, veía, comprendía, simplemente vivía, y mi ser no necesitaba hablar y juzgarlo todo para vivir, aunque mi ego, mi mente sí y quería ser como yo veía a los demás.
Pero por otro lado, recuerdo vivirla con paz, en lo profundo de mí, sentía que había paz, que todo estaba bien así. Que todo era un juego de mi “persona”, pero que yo era más que eso.
Esta época de la adolescencia sentí rabia e ira hacia mis padres y una de mis hermanas. Quería que fueran como yo consideraba que se “debía ser”, yo me he exigido mucho a mí misma y quería esa “perfección” también para los demás y esto me trajo muchos dolores de cabeza.
Fue una época de mucho retraimiento e interiorización. Cuando estaba en casa me “encerraba” en mi habitación, en mí.
Y cuando salía fuera, no paraba de hacer planes, actividades, era un no parar para no sentir, para no permitirme sentir toda esa rabia, frustración, tristeza…
Empecé a buscar y encontré en la espiritualidad el camino para canalizar, comprender, estudiar, analizar… todo eso que yo sentía. 
Seguía comprando revistas de salud y bienestar, de psicología…, libros… necesitaba encontrar por fin algo que calmara mi sed. Y poco a poco, así fue.
Por fin encontré algo de sentido a mi vida. Por fin, empecé a encontrar respuestas a todas mis preguntas, por fin encontré en los libros a personas que estaban pasando o habían pasado por cosas similares y salían fortalecidas de todo ello. ¡Qué paz!
Empecé, además de todos estos libros y lecturas inspiradoras, a hacer cursos y talleres y a experimentar de primera mano todas esas enseñanzas.
Y allí por fin sintonicé con personas que tenían una visión de vida similar a la mía.
A veces, he utilizado la espiritualidad para no sufrir, para no enfrentar aspectos dolorosos en mi vida, para no responsabilizarme, para no hacer frente a mis sombras personales, como solución fácil a mis problemas…
Pero ahora sé como dice C. Jung, que uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino haciendo consciente la oscuridad.
Y permitiendo que todo sea, abrazando todo y amando todo lo que hay en mí.


(mañana, segunda parte...)